11 sept. 2016

DC v Marvel: La otra Civil War

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Es oficial. El Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) va ganando. El consenso de la crítica, la aprobación del público y seguramente lo más importante, los resultados de taquilla declararon Captain America: Civil War ganadora del primero de los duelos entre los dos clásicos universos de los cómics de superhéroes, que tuvo lugar la pasada primavera en los cines de todo el mundo.

Y aún así, se detectó una cierta decepción entre los seguidores de las películas de Marvel. Al parecer los más de 180 millones de dólares que la película recaudó en su primer fin de semana en los EE.UU. (el quinto mejor estreno de la historia!) les supieron a poco. Y de la misma forma infantil en la que los fans de DC culparon a Disney de haber comprado a la crítica para poner a caldo a Batman v Superman (!) los fans de Marvel aludieron a la fría acogida de BvS para justificar que una parte del público decidiera no ver Civil War en masa en su primer fin de semana (!?).

Sería divertido si no resultara tan familiar. Esta es una historia que conocemos perfectamente los que hemos seguido el mundo de los cómics de superhéroes desde hace muchos años. La guerra abierta entre generaciones de fans de Marvel y DC, entre los que juran por Batman y los que adoran a Spider-Man. Una rivalidad mucho más visceral que la que enfrenta a Batman y Superman, o al Capitán América y Iron Man en las mencionadas películas.



Esta competición entre los fans de los personajes de las dos grandes editoriales americanas es comparable a la que en otros entornos enfrenta a los seguidores de equipos de fútbol rivales (Real Madrid contra F.C. Barcelona), de consolas de videojuegos (Sony contra Microsoft) o de otros universos de ficción (Star Wars contra Star Trek). Y tiene muchos parecidos con esa pregunta tan infantil sobre quien ganaría en una pelea, Hulk o Superman.

Yo fui de los que crecí leyendo cómics DC en los 80 (leí los Nuevos Titanes una y otra vez), y disfruté mucho de los de Marvel (en especial los mutantes). Al cabo de los años, fui viendo como los mismos autores que trabajaban para una editorial se iban a la otra a poner su mejor arte al servicio de los personajes rivales. Así, George Pérez saltaba de DC (donde ilustraba Nuevos Titanes, Wonder Woman o Crisis en Tierras Infinitas) a Marvel (para encargarse de una memorable etapa de los Vengadores) o John Byrne, autor clave en la historia de Marvel (X-Men, 4 Fantásticos) saltaba a DC para encargarse de su título estrella (Superman), y luego volver a Marvel triunfalmente (Namor, She Hulk), y así sucesivamente. Incluso en los gloriosos años 60, la separación de la pareja de hecho formada por Stan Lee y Jack Kirby (creadores de los principales iconos de la “casa de las ideas”) debido a la marcha del segundo a DC (donde creó entre otros los Nuevos Dioses) fue motivo de numerosos comentarios, al nivel de la disputa entre Lennon y McCartney.



Cuando hace más de un año decidí ponerme al día de lo que se estaba cociendo en el mundo del cómic americano, los cómics de autor de Image fueron los primeros que llamaron mi atención, y los que siguen liderando mis preferencias. Por desgracia, la realidad del mercado del cómic es que más del 75% de la cuota de mercado americano sigue estando en manos de las dos grandes editoriales. Y ahora que la guerra entre ambas por ese mercado se ha trasladado al terreno de las grandes producciones cinematográficas, auspiciadas por las dos corporaciones que se encuentran tras ambas marcas (Warner y Disney) es probable que ese predominancia de los cómics de superhéroes siga constituyendo el statu quo.

Así que después de un largo período en el que mis cómics de referencia tenían ya más de 15 años (The Sandman, Preacher, 100 Bullets, The Invisibles, Strangers in Paradise). era hora de ponerme al día de lo que estaba haciendo las Dos Grandes.

Y si tuviera que definir en una palabra mi reencuentro con los cómics de Marvel y DC esta sería: desconcierto.

Para aquellos que no hubieran leído un cómic de Marvel o DC en varios años, o solo estuvieran familiarizados con ellos a través de sus versiones cinematográficas o televisivas, si empezaran a leerlos en el verano del 2015 se encontrarían con un panorama muy poco familiar.

Marvel ya no edita cómics de los Cuatro Fantásticos. En los cómic de X-Men, el Profesor Xavier está muerto y Magneto ya no es un villano. Lobezno es un señor mayor. El Capitán Marvel es una chica, igual que Lobezno y Thor. El Capitán América es negro, igual que Nick Fury. Hulk es asiático. Peter Parker es un hombre de negocios y Spider-Man es un adolescente negro. Y Ms. Marvel es una adolescente musulmana de origen pakistaní.

Y mientras tanto en DC, todos sus personajes eran mucho más jóvenes. Superman y Wonder Woman tienen un romance. Bruce Wayne es un señor con barba que no recuerda que mataron a sus padres, el comisario Gordon es Batman con la armadura de Robocop, mientras el hijo de 10 años de Wayne hace de Robin. El Joker está muerto. Dick Grayson fingió su propia muerte y hace de super espía. Oliver Queen nunca conoció a Dinah Lance, que canta en un grupo de rock en Gotham, mientras Batgirl se hace selfies con los ciudadanos a los que rescata.

Un año después, ya he entendido que el 2015 fue un mal momento para volver a engancharse a los cómics de superhéroes. Marvel estaba inmerso en el enésimo reboot de su universo, el evento Secret Wars (no confundir con la saga del mismo nombre de 1984, ni con la otra de 2004) y DC estaba tratando de insuflar vida a su último reboot de 2011, The New 52. La consecuencia de ambas operaciones es que los universos superheroicos de ambas editoriales era apenas reconocibles.

La mayor sorpresa que me llevé como lector fue que ni el éxito de las películas de Marvel en cine, ni de las series de DC en televisión (el universo cinematográfico de DC aún no estaba en marcha) estuviera tuviendo un reflejo en sus respectivas series. Uno habría esperado encontrarse en cómic los rostros familiares de Hulk, Thor y el Capitán América, o los de las exitosas series de Arrow y Flash, pero los respectivos cómics de estos personajes eran totalmente distintos (a excepción de Iron Man, que al menos de momento, sigue siendo el mismo) o totalmente olvidables.

Pero lo peor era descubrir que la calidad de las series icónicas de ambas casas era, siendo amables, tirando a pobre.

Porque seamos sinceros, cuando las listas de los cómics de superhéroes mejor valorados por la crítica incluyen Hawkeye, Ms Marvel, Vision, Batgirl, Midnighter o Harley Quinn, sabes que hay algo que huele muy mal. Cuando yo era joven, los mejores autores de la época estaban al cargo de las series estrella de cada casa, qué demonios estaba pasando?

Pues resulta que DC y Marvel andan metidas en procesos de profunda renovación de su imagen, diversificando su público, introduciendo cambios profundos en sus títulos, y en general experimentando con sus principales personajes.

En el caso de Marvel, la apuesta por la diversidad llegó al extremo de que todos sus personajes parecen haber sido pasados por el filtro de lo políticamente correcto para introducir una diversidad de géneros, razas y culturas de la que sinceramente los cómics de superhéroes no andaban sobrados. El caso de DC es un poco más grave, ya que el reinicio completo que le dieron a su universo tras la saga Flashpoint en el 2011, y de la que surgió un nuevo universo DC sin ninguno de los lastres de su anterior continuidad, acabó por resultar un fiasco, lo que explica el limitado éxito de sus principales series (excepto quizás el Batman de Scott Snyder).

En los últimos meses, DC y Marvel han entrado (intencionalmente o no) en una nueva competición por el mercado de los superhéroes, de la que todavía nos falta ver sus consecuencias. A partir de aquí, voy a entrar en territorio de spoilers, así que estáis avisados.

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Marvel Now

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Marvel se encuentra en estos momentos sumida en dos grandes procesos de cambio. El primero, la saga Civil War II – que intenta sacar partido descarada, y un poco desesperadamente, a la popularidad de la reciente película – cuyas consecuencias solo empiezan a entreverse. De momento ya han matado a James Rhodes / War Machine y Bruce Banner / Hulk, y parecen a punto de jubilar a Tony Stark como Iron Man, y siguiendo los pasos del Capitán América y Thor, dejando paso a una adolescente negra como la nueva portadora de la armadura. Los X-Men y los Inhumanos están a punto de enzarzarse en una guerra que, a juzgar por el título de la saga (Death of X) apunta a dejar a los X-Men en el mismo estatus que los Cuatro Fantásticos hasta que sus derechos cinematográficos reviertan de Fox a Marvel (algo que de momento parece improbable dado el enorme éxito de Deadpool y los planes de la Fox para futuras películas y series de X-Men y los Nuevos Mutantes).

Pero el otro gran cambio tiene que ver con sus equipos creativos. Los omnipresentes Brian Michael Bendis, Charles Soule, Mark Waid y Jason Aaron resultan las únicas grandes bazas creativas de la editorial, tras las sucesivas marchas de Rick Remender, Matt Fraction, Kelly Sue DeConnick y Kieron Gillen. El resto de guionistas (incluyendo los talentosos, al menos en otros trabajos, Cullen Bunn o Jim Zub) están haciendo trabajos muy mediocres en sus series, y en el caso de los artistas, Mike Deodato, Chris Samnee y Alex Maleev destacan sobre el nivel medio de la editorial. La calidad general de Civil War II y sus múltiples tie-ins, por cierto, a excepción de su razonablemente correcta serie central, es atroz.

Por suerte, Marvel aún cuenta con varios elementos de interés a las que está sacando un gran rendimiento al margen de sus grandes proyectos editoriales: International Iron Man de Bendis y Maleev y Black Widow de Waid y Samnee; las series humorísticas: Howard The Duck de Chip Zdarsky, Patsy Walker Hellcat de Kate Leth y sobre todo Unbeatable Squirrel Girl de Ryan North y Erica Henderson (mi serie favorita de Marvel ahora mismo); All New Wolverine, con Laura Kinney / X-23 elevada al rango del personaje titular, con un gran arranque que no hizo echar de menos a Logan. Y aunque aún me tengo que poner al día, Ms Marvel y Vision parecen contar con el favor de la crítica por el trabajo de sus respectivos guionistas, G. Willow Wilson y Tom King. Y aunque yo personalmente sigo con interés varias otras series como X-Men, Doctor Strange o Thor, antes recomendaria leerse las etapas clásicas de estos personajes, que perder el tiempo con estas.



Pero si esta es la actualidad de Marvel, el futuro pinta muy poco prometedor. Octubre marca el relanzamiento oficial de muchas de sus lineas de cómic bajo el título, también reciclado, de Marvel Now, con un montón de nuevos números 1. Esta lista parece orientada a potenciar los personajes de sus próximas películas y series de televisión, a jubilar a los mutantes y a relanzar las versiones jóvenes / femeninas / de otra raza de sus personajes. Yo al menos seguiré hojeándome todas las que me caigan en las manos, ni que sea por poderlas criticar con criterio.

DC Rebirth

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DC ha emprendido por su parte una nueva dirección, marcada sin duda por el propósito de la Warner de potenciar su universo cinematográfico en ciernes (y lastrada sin duda por el relativo fracaso de Batman v Superman y Suicide Squad, al menos con respecto a sus expectativas). Y mientras Marvel ha optado por una renovación profunda hasta llegar a lo irreconocible, DC ha apostado, y de momento con notable éxito, por la opción contraria, una vuelta radical a sus orígenes, con una iniciativa llamada Rebirth, lanzada el pasado mes de mayo por el mismo artícifice de Flashpoint y The New 52, Geoff Johns (recién nombrado presidente de DC Entertainment, con la indismulada intención de poner orden en su incipiente, y caótico, universo cinematográfico).

La operación emprendida por DC resulta evidente. Que Marvel se quede con sus personajes alternativos y juegue con la diversidad y la multiculturalidad, que ellos van a hacer cómics como los que solían hacer, para el público de siempre, mayoritariamente adulto, masculino y blanco. Sus grandes crossovers fueron demolidos por la crítica (Convergence). Sus series alternativas del último año (Midnighter, Omega Men, We Are Robin) fueron alabadas pero no vendían tanto. Había que devolver a sus héroes a su antigua grandeza, recuperando sus personajes clásicos, aunque para ello tuvieran que matar a los nuevos, y apostar sobre valores seguros al precio imbatible de 2,99$ por ejemplar (el precio normal es de 3,99$ para los de Marvel, 3,50$ los de Image) con el pequeño detalle de que sus principales series serían quincenales.



La lista de títulos DC de este mes tiene un aspecto mucho más uniforme y reconocible. Sus dos personajes principales cuentan con dos series quincenales (o sea, que todas las semanas tenemos un nuevo cómic de Batman y Superman en el mercado) y ni uno solo de sus personajes ha cambiado de género, raza u orientación sexual. Incluso Amanda Waller vuelve a estar gorda.

Al contrario que en el caso de Marvel, donde me cuesta un poco seguir tantas colecciones, desde que Rebirth empezó en mayo, cada semana sigo todas las colecciones de DC. Y esto es un logro notable porque apenas me leía tres o cuatro de sus series anteriores, a pesar de poder hacerlo gratuitamente y de forma clandestina, tal era el escaso interés que me despertaban. Seguramente el hecho de ser hombre adulto y blanco, y de haber crecido con los comics de DC hace que me sienta de nuevo el público al que estos cómics van dirigidos. Son cómics nuevos que parecen viejos. Pero los equipos creativos a los que DC ha conseguido reunir para relanzar su marca se merecen mi atención.

No todas las series han conseguido el mismo éxito (Batgirl me gustaba más pre-Rebirth, Justice League es más bien floja, y Titans y Suicide Squad son tan malas que hace que sus mediocres series anteriores parezcan geniales). Pero conseguir que vuelva a leer con interés Green Lantern, Green Arrow y hasta Aquaman (!) es un logro notable. Nightwing y Deathstroke son mis grandes sorpresas. Y Detective Comics, Batman y sobre toda la Wonder Woman de Rucka, Scott y Sharp son espectaculares. Y en el terreno de lo alternativo, las geniales Gotham Academy y Prez aún continúan como si no hubiera pasado nada.

Pero este relanzamiento ha sido construido sobre dos trampas potencialmente letales. Una, básicamente se trata una disculpa de DC a los fans por el desaguisado de The New 52, urdida por el mismo responsable de la misma – pero no un reboot: en Rebirth, la continuidad establecida en The New 52 se mantiene, solo que devolviendo a muchos personajes a su estatus anterior, lo cual supone una pirueta difícil de mantener a largo plazo. Después de que Grant Morrison se atreviera a cartografiar el complejo tejido del universo DC en Multiversity, esta operación puede perjudicar todavía más la ya delicada continuidad de la marca.

La segunda trampa, de la que aún no hemos tenido detalles en estos primeros meses, ha sido el anuncio de que Watchmen va a integrarse, de alguna manera, con el universo DC. Y aquí es donde reside la mayor parte de mis dudas sobre lo que podemos esperar de este, por otro lado agradable, regreso a los orígenes de la editorial.

Y es que si algo tienen en común Marvel y DC, a lo que siguen demostrando una vez y otra que no logran superar, es su alarmante falta de ideas.

¿Casas de las ideas?

En los últimos años, Marvel ha estado vendiendo el doble que DC, sin duda ayudada por el impulso de sus franquicias cinematográficas, pero también por la decepcionante calidad de su competidor. Ha sido en Marvel donde hemos visto una mayor apuesta por la innovación y la diversidad, con la contrapartida de terminar haciendo sus productos irreconocibles para el gran público.

Pero echando un vistazo a las listas de títulos de ambas editoriales, lo que llama más la atención es que los principales personajes en los que se apoyan son propiedades ya antiguas. Los más recientes de Marvel son los Thunderbolts y el Escuadrón Supremo. Incluso Guardianes de la Galaxia y Squirrel Girl son versiones modernas de personajes poco conocidos de los 70, y los personajes más recientes de DC son Nightwing y Deathstroke, surgidos ambos en las páginas de los Nuevos Titanes. La pareja Simon Baz / Jessica Cruz de Green Lanterns constituye el único rastro de nuevos personajes en lo que por demás constituye una explotación constante de viejas ideas. Solo Gotham Academy parece nueva, y todos sabemos que es un calco de la fórmula Harry Potter.

Marvel sigue buscando modernizar su imagen a base de hacer versiones jóvenes (Hawkeye, Nova), y más diversas en lo racial (Captain America: Sam Wilson, Hulk), género (Thor, Wolverine) y lo cultural (Ms Marvel). Ambas editorial siguen intentando, y fracasando, en crear personajes  nuevos que gocen del favor del gran público como los viejos. Es difícil librarse del lastre de personajes tan icónicos como Spider-Man o Wonder Woman, pero de eso a no ser capaz de crear nuevas series que no se limiten a explotar fórmulas viejas media un abismo, sobre todo cuando son las ventas y los intereses de una gran corporación las que dictan las directrices creativas.

La controvertida incorporación de Watchmen al universo DC supone el reconocimiento implícito de un fracaso por crear una imagen propia y moderna, al margen de su inmenso legado. Lo mismo se puede decir del incesante reciclaje de viejas sagas a las que Marvel vuelve una y otra vez cada vez que necesita dar un nuevo impulso a sus series. O al constante reinicio de su continuidad a los que ambas editoriales ya nos tienen acostumbrados.

Marvel y DC cuentan con el gran aliciente de ser el perfecto punto de entrada al mundo del cómic para nuevos lectores, y el éxito de sus adaptaciones al cine y la televisión solo apuntala esa posición. Pero si uno se pregunta para qué seguir leyendo cómics de superhéroes después de tantos años contando las mismas historias, la respuesta es difícil.

Yo personalmente lo hago para estar al día y descubrir autores. Y la verdad es que los esfuerzos desesperados de ambas editoriales por modernizar a sus personajes acaba por resultar divertida, así que uno prueba a ver qué tiene que aportar una Thor femenina o un comisario Gordon haciendo de Batman a las mitologías de ambos personajes, e incluso si fracasan uno siempre puede volver a leer las grandes historias de esos personajes. Y cuando se demuestre que mezclar Watchmen con el universo DC fue una monumental metedura de pata, la grandeza de la serie original es la que volverá a dejar en evidencia las actuales carencias de la industria.

Si, para acabar, me preguntan si en mi opinión son mejores los cómics de Marvel o DC, la respuesta es que me están gustando más los de DC gracias a sus equipos creativos y al factor nostálgico: los comics de DC se parecen más a los que yo leía de pequeño, mientras que los de Marvel no se parecen en casi nada. Sin embargo, creo que los de Marvel tienen más números para seguirme sorprendiendo y para seguirse reinventando, mientras que en DC siguen atascados en un círculo vicioso de seguir volviendo una y otra vez a exactamente los mismos temas e historias.

Algo positivo de estos últimos meses de competencia entre las dos grandes es que ambas han vuelto a encontrar su propia voz. DC siempre ha presumido de épica, y Marvel de personajes más cercanos. Por eso DC busca ahora mantenerse fiel a sus orígenes más heroicos – y seguramente más rancios – pero entiendo que Marvel busque apelar a una audiencia más amplia y diversa.

La operación de momento ha resultado más rentable para DC que para Marvel, al menos en lo que a cómics se refiere: si hace un año Marvel vendía casi el doble que DC (al menos según cifras oficiales de la distribuidora Diamond) la operación Rebirth ha vuelto a poner a DC en cabeza durante estos últimos tres meses. Si estos resultados van a mantenerse, solo el tiempo lo dirá.

Pero aún queda otra batalla que librar, la que traslada la tradicional rivalidad entre Marvel y DC a una mucho más virulenta entre las superproducciones de Disney y Warner, y que como dije al principio Marvel va ganando por goleada, no solo porque fueron los que hicieron la apuesta en primer lugar con Iron Man en 2008, sino porque han ido construyendo y solidificando un proyecto con identidad propia, mientras que Warner lo tiene muy difícil para ponerse al día, y la reacción del público a sus dos primeras salvas ha dejado claro que esta es una batalla en la que tienen todas las de perder, a menos que consigar remontar notablemente con Wonder Woman y Justice League.

A pesar de esto, y siendo un seguidor acérrimo de las películas de Marvel, creo que la reacción de la crítica con respecto a Batman v Superman y Civil War de la pasada primavera ha sido más que injusta, no tanto porque Batman v Superman sea mucho mejor de lo que se  dice (que a mí personalmente me lo parece, en contra de la opinión generalizada) sino porque todo el mundo parece haberle perdonado a Civil War algunos de los mismos flagrantes errores de guión por los que crucificaron a la película de Zack Snyder (coincido en que el momento Martha de BvS es una estupidez, pero el momento “mató a mi mamá” de Civil War me produjo similar vergüenza ajena, al igual que las precarias excusas que se buscan ambas cintas para enfrentar a sus respectivos héroes). Que yo no creo en conspiraciones, pero un poco de Snyderphobia igual sí que se nota en el ambiente...

Dicho esto, es un gran tiempo para estar vivo para todos aquellos que crecimos leyendo cómics de superhéroes y que hemos cargado con humillantes etiquetas de “friki” o “inmaduro”, viendo ahora las colas que se forman para ver a los Vengadores en pantalla grande. Yo solo espero que esta nueva escala de rivalidad lleve a DC y Marvel a centrarse en crear grandes historias con las que atraer un público cada vez más diverso a los cómics con los que hemos crecido estos “frikis inmaduros” que ahora dominamos el mundo, y con un poco de suerte que eso eleve de una vez por todas el cómic comercial, y no solo la mal llamada “novela gráfica” a la categoría de arte.

Y cuando toda esta burbuja de los superhéroes pase de moda, seguramente reemplazada por algún otro revival (como por ejemplo, comedias de ricos de los años 30) al menos podremos decir que nosotros ya leíamos estas historias en cómic cuando no eran cool, y que seguiremos haciéndolo cuando dejen de serlo.