13 mar 2016

La canción del pirata / The Pirate Song

(Find English version below)

Leer cómics: ¿en papel o en digital? He aquí la cuestión.

Desde que me he pasado a leer cómics digitales en mi tableta, me preguntan con cierta frecuencia si no resulta una experiencia más fría que la de leer cómics en papel de toda la vida. Ya me lo preguntaban antes cuando me pasé a leer libros casi exclusivamente en mi Kindle. Pero se ha convertido en una pregunta mucho más relevante desde que hace varias semanas me deshice de casi toda mi ingente colección de cómics impresos, acumulada durante 25 años, hasta que decidí vender, regalar o donar el 90% de ese material, y quedarme con apenas una pequeña selección de ejemplares en grapa.


Los restos del naufragio

La reacción mayoritaria a mi decisión (además de la satisfacción de los agraciados a quienes tocó una parte del botín) fue de una cierta confusión: sobre todo ahora que estoy más comprometido que nunca con mi carrera de dibujante, ¿no debería tener especial interés en conservar mis viejos cómics, con los que se forjó mi pasión por el medio? Y mi sencilla respuesta causa normalmente más confusión: “es que los conservo, solo que en soporte electrónico”. Lo cual lleva a la objeción definitiva y sin posibilidad aparente de rebatir. “Ya, pero no es lo mismo”.

Y por eso me veo obligado a responder. Es cierto, no es lo mismo leer libros y cómics en digital que en papel. En mi caso, es mucho mejor.

Para empezar está el tema del espacio. Mi capacidad de almacenamiento es muy limitada desde que vivo en Barcelona, y después de 7 años manteniendo mis viejos cómics en depósito en casa de mi hermano en Mallorca, la posibilidad de traérmelos parecía remota.

Luego está el tema de la accesibilidad. El volumen de cómics y libros que puedo cargar en mi tablet o en mi kindle resulta impensable de llevar a cuestas si se tratara de volúmenes físicos. Y aunque solo se tratara de llevar encima mi lectura actual, la descarga de contenidos desde internet, en cualquier lugar donde disponga de conexión (que hoy en día es casi cualquier parte) lo hace un medio incluso más conveniente.

En definitiva, se trata de un medio tan práctico para leer cómics, que gracias a él he leído más cómics en los últimos seis meses que en los seis años anteriores. Y gracias al acceso a una mayor cantidad de contenidos del que habría tenido acceso en papel (sobre todo porque lo leo casi todo en inglés) he podido leer y descubrir cómics que de otra forma nunca habrían conocido.

Es cierto que a veces la pantalla resulta pequeña para apreciar ciertas páginas en su totalidad, que no es lo mismo deslizarse por una página que verla de golpe, que el tacto del papel tiene una magia especial para los lectores de mi generación, que un cómic digital es un regalo muy impersonal, o que mi librero favorito Jaume Albertí tendría que cerrar su negocio si todos sus clientes fuera como yo. Pero puedo vivir con esos inconvenientes a cambio de todas las ventajas (y por suerte para Jaume, la mayoría de aficionados siguen leyendo y comprando cómics impresos).

Y luego está, claro, el tema del precio. Poneos el parche y preparaos para izar la Jolly Roger, porque entramos en aguas de piratas.


No tengo ningún problema en reconocer que no he pagado por muchos de los cómics digitales que he leído últimamente. Igual que no tengo problema en reconocer que no he pagado por las series de televisión que estoy siguiendo. Y lo reconozco sin ningún remordimiento porque el servicio del que estoy disfrutando de forma (técnicamente) ilegal no está disponible de ninguna otra forma.

Todos los miércoles, día en el que se ponen a la venta los nuevos cómics, en particular de las tres grandes editoriales americanas (DC, Marvel, Image), puedo acceder desde una página única a la descarga de estos nuevos números apenas unas horas desde que se encuentran disponibles. Se trata de versiones digitales en alta calidad, libres de protección electrónica, de todas las editoriales americanas o que publican en inglés, y que puedo leer en mi dispositivo de lectura preferido (PC, web, tablet) con la aplicación que yo quiera y sin limitaciones. Y la cuenta de Twitter de la página en cuestión me mantiene informado de todos los nuevos contenidos, tanto novedades como recopilaciones de cómics más antiguos.

Y por supuesto, al imbatible precio de cero euros.

El debate sobre la piratería de contenidos digitales ya es viejo, y en otras industrias ya empieza a estar incluso superado. Las descargas piratas de cine, series, música o videojuegos supone todo un canal de distribución alternativo que supera con mucho al oficial. Por supuesto que todo el mundo prefiere tener el contenido gratis que pagar por él, y ¿por qué vas a pagar por algo que puedes tener gratis? No es como si lo estuvieras robando, después de todo. Al contrario que los soportes físicos, los soportes digitales pueden replicarse y transmitirse infinitamente, sin pérdida de calidad, y sin perjuicio para el original. Eso es copiar, y copiar no es robar, ¿verdad?

¿Y qué pasa con los autores? ¿Es que ellos no tienen derecho a que pague por leer el resultado de su trabajo? ¿Es que a mí me gustaría que me lo hicieran? Pregunta fácil para mí, por supuesto, ya que yo como autor tengo todo mi material disponible en versión digital de forma gratuita, y mi problema no es que la gente se descargue mis contenidos sin pagar por ellos, sino que no se los lean en absoluto.

Pero claro, yo no me dedico a esto profesionalmente. Si lo hiciera, tendría que hacer como el resto de autores y vender originales, dibujar encargos y trabajar en publicidad, diseño, formación u otras chapuzas con las que generar unos ingresos decentes al mes – a excepción de los Robert Kirkman que han tenido la fortuna de publicar una obra cuyos derechos han generado productos audiovisuales de enorme éxito, y con ello millones de dólares en royalties; y yo que me alegro por ellos, y espero algún emularlos, pero esto, claro está, no es la norma.

La realidad es que el mercado de contenidos digitales está en constante evolución, y muchas industrias han aceptado la pirateria como parte del sistema, y han buscado fórmulas para seguir financiándose: véase todo el product placement en las series de televisión que nos descargamos sin publicidad, el mercado de videojuegos “freemium” a los que podemos jugar gratis y que se financian con compras de recursos virtuales dentro del juego, servicios de suscripción como Spotify o Kindle Unlimited donde por una suscripción menusal puedes acceder a contenidos ilimitados.

En el caso de los cómics, existen plataformas y servicios de suscripción como Marvel Unlimited, Comixology o Scribd. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. Ninguno tiene todas las novedades a la vez que en papel, dependiendo del criterio de cada editorial (que aún tiene en las ventas directas su prioridad), o usan formatos propietarios, restringidos a su propia aplicación de lectura. Y en la mayoría de casos, el precio del cómic digital no es mucho más barato (¡o es exactamente el mismo!) que el de la edición impresa, algo que personalmente no me entra en la cabeza.

Supongo que las editoriales cuidan a sus clientes y distribuidores, y apostar por el mercado digital significaría apostar contra sí mismos. Supongo que mientras las cuentas cuadren, y las posibles pérdidas derivadas de la piratería se puedan cubrir con los beneficios del merchandising, películas y series de televisión, las cosas no van a cambiar mucho. La verdad, no conozco bien cómo funciona el mercado editorial, ni el resto de aficionados, pero sí que puedo dar aquí cuenta de mi experiencia.

Y mi experiencia es que desde que he descubierto la facilidad de leer cómics digitales descargados gratuitamente, gasto mucho más en cómics impresos de lo que había gastado en años. Las descargas ilegales me han permitido descubrir obras y autores de los que no habría sabido nada de otra manera, y poder leer una obra completa antes de pagar ciegamente por ella es la mejor forma de garantizar la mejor inversión de tu dinero. La mayoría de los cómics que leo, sinceramente, no volveré a leerlos nunca, y después de mi experiencia reciente de deshacerme sin remordimientos de cómics que compre y leí una sola vez en 25 años, la idea de volver a hacerlo resulta poco atractiva.

Si DC, Marvel, Image, Dark Horse, IDW, Boom, Dynamite, y otras editoriales de las que he leído material pirateado, y por el que no habría pagado de otra forma, pusieran sus contenidos en servicios de suscripción donde por un precio razonable (unos 15-25 dólares al mes) pudiera leer cualquier título de su catálogo, descargarlo en un formato abierto, leerlo en mi aplicación preferida, y tenerlo disponible el mismo día que la edición impresa, pagaría por él sin pensarlo dos veces. Igual que lo haría por un servicio que me permitiera ver todas las series de televisión que me descargo al día siguiente de su emisión americana (sin cargo de conciencia alguno ya que en casa pagamos por un servicio de televisión digital donde se emiten muchas de esas mismas series). Y cuando descubriera títulos que realmente deseara releer y conservar, pagaría de muy buen grado por tenerlos en edición impresa. No tienes que creerme, ya lo he hecho antes.

Recientemente pagué 25 dolares por un Humble Bundle de cómics Image, la mayor parte de cuyos beneficios se destinaban a una causa benéfica. Me parece un precio más que razonable por la excelente selección que incluía, y lo pagué de buen grado a pesar de ya disponer por otros canales muchos de esos títulos (algunos en papel). Por culpa de esa compra, tres series que de otra forma no habría conocido tienen un lugar reservado en mi estantería (hablaré de ellas más adelante).

Igual que se ha hecho en otras industrias, dejemos las cosas claras: la piratería no genera pérdidas. Los piratas no pagan por ningún contenido, y si no estuviera disponible ilegalmente, no lo consumirían. Los piratas no somos los que disfrutamos de nuestro arte favorito (y vale para los cómics como para la música, el cine, la televisión o cualquier otro contenido) tanto que queremos disfrutar de él todo lo que podamos – incluso descargándolo gratuitamente, a falta de otra fórmula. Al contrario que el pirata, el aficionado valora el contenido que descarga, igual que el usuario de una biblioteca valora los libros a los que accede gratuitamente. Y es solo una cuestión de tiempo que se convierta en un cliente de pago.

Si no me crees, visita panelsyndicate.com donde puedes descargar y la extraordinaria serie The Private Eye de Brian K. Vaughan, Marcos Martín y Muntsa Vicente por el precio que tú quieras, incluso 0 euros, que va íntegramente a los autores. Un modelo de negocio que algunos han calificado de caridad, pero que ha demostrado ser perfectamente viable.

Pero quién va a pagar por algo que puede tener gratis?

Pues yo mismo. Después de leer los 10 números de la serie, volví a la web y pagué 20 dólares por el mismo contenido que ya había descargado gratuitamente.

¿Por qué lo hice?

Porque es así de bueno, por eso.

Y así, con material de calidad y accesible, es como se combate la piratería.


Reading comics: print or digital? That's the question.

Since I've been reading digital comics on my tablet, quite often I get asked whether it does feel colder than the lifelong experience of reading comics on paper. They already asked me about it before, when I went to read books almost exclusively on my Kindle. But it has become a much more relevant question since a few weeks ago, when I got rid of most of my vast collection of print comics, accumulated over 25 years, until I decided to sell, give away or donate 90% of the material and keep just a small selection of comic books.


The remains of the disaster

The majority reaction to my decision (in addition to the satisfaction of the winners who got a part of the loot) was of confusion: especially now that I am more committed than ever to my career as a cartoonist, shouldn't I have special interest in keeping my old comics, which forget my passion for the medium in the first place? And my simple answer is usually cause of more confusion, "I actually keep them, only in digital form." Which leads to the final objection with no apparent chance of challenge. "Yeah, but it's not the same."

And so I am compelled to respond. It's true, is not the same reading books and comics in digital form than on paper. In my case, it's much better.

For starters there is the issue of space. My storage capacity is very limited since I live in Barcelona, and after 7 years keeping my old comics on deposit at my brother's house in Mallorca, the chances of bringing them over seemed pretty unlikely.

Then there is the issue of accessibility. The volume of comics and books that I can carry on my tablet or my kindle is unthinkable to carry around if it were physical volumes. And even if I were only to carry my current reading, downloading content from the internet, wherever connection is available (which today is almost anywhere) makes it an even more convenient way.

In short, it is a very practical way to read comics, thanks to which I've read more comics in the last six months than in the six years before. And since I have access to more content than I would have had on print (especially since I read almost everything in English) I have found and read comics that I would otherwise never have known.

It is true that sometimes the screen is too small to appreciate certain pages in full, that it's not the same to slide down a page as to see it all at once, that the feel of paper has a special magic to the readers of my generation, that digital comics make a very impersonal gift, or that my favorite bookseller Jaume Albertí would have to shut down his business if all customers were like me. But I can live with these problems in exchange for all the advantages (and luckily for Jaume, most fans still buy and read print comics).

And then there is, of course, the price tag. Put on the patch and get ready to hoist the Jolly Roger, because we're setting sail for pirate seas.


I have no problem to admit that I have not paid for many of the digital comics I've read lately. As I have no problem to admit that I have not paid for the TV shows I'm following. And I admit without any remorse because the service I'm enjoying so (technically) illegally is not available in any other way.

Every Wednesday, when new comics are put on sale, particularly from the major American publishers (DC, Marvel, Image), I can access a single page to download these new issues just a few hours after they are made available. These are digital versions with high quality, free of any electronic protection, from all American publishers, or who publish in English, and I can read them in my favorite reading device (PC, web, tablet) with whatever application I want without limitations. And the Twitter account of the page in question keeps me informed of all new content, both new issues and compilations of older comics.

And of course, at the unbeatable price of zero euros.

The debate on piracy of digital content is old, and in other industries is beginning to be even surpassed. Pirated downloads of movies, series, music or video games is a whole alternative distribution channel that reaches far beyond the official. Of course everyone would rather have the free content than pay for it, and why would you pay for something you can get for free? It's not like you were stealing, after all. Unlike physical, digital media can be replicated and transmitted infinitely without loss of quality, and without prejudice to the original. That's copying, and copying is not theft, right?

And what about the authors? Arent't they entitled to get paid for my reading the result of their work? Would I like it if they did it to me? Easy for me to answer, of course, since as an author I have all my material available in digital version for free, and my problem is not that people download my content without paying for them, but that they don't read it at all.

But of course, I'm not working on this professionally. If I did, I would have to do like the rest of authors, and sell originals, draw commissions and work in advertising, graphic design, teaching or other jobs to generate a decent monthly income - with the exception of the Robert Kirkmans who have had the fortune of publishing a book whose rights have generated hugely successful audiovisual products, and thus millions of dollars in royalties; And I'm happy for them, and I hope to emulate them some time, but this, of course, is not the norm.

The reality is that the digital content market is constantly evolving, and many industries have accepted piracy as part of the system, and have sought ways to continue financing themselves: check all the product placement in TV shows we download without advertising, the video game "freemium" marketplace where you can play for free and optionally purchase virtual resources within the game, or subscription services such as Spotify or Kindle unlimited where a monthly subscription fee grants you access to (almost) unlimited content.

In the case of comic books, there are platforms and subscription services such as Marvel Unlimited, Comixology or Scribd. Each has its advantages and disadvantages. None has all new issues available the same day as on print, depending on the criteria of each publisher (which still have direct sales as their priority), or they use proprietary formats, or they are restricted to their own reading application. And in most cases, the price tag of digital comics is not much cheaper (or it's exactly the same!) than the print edition, something I personally can not my head around.

I guess publishers care for their customers and distributors, and betting on the digital market would mean betting against themselves. I suppose that as long as the numbers add up, and possible losses from piracy can be covered with the benefits of merchandising, films and TV shows, things will not change much. I really don't know well how the publishing market works, or what other fans think, but I can give an account of my experience here.

And my experience is, since I have discovered how easy it is reading digital comics downloaded for free, I've spent much more in print comics in months than I had spent in years. Illegal downloads have allowed me to discover works and authors that I wouldn't have heard of otherwise, and reading a complete book before paying for it blindly is the best way to ensure the best investment of your money. Most comics that I read, honestly, I will never read again, and after my recent experience of getting rid without remorse of comics I bought and read once in 25 years, the idea of doing it again is not appealing.

If DC, Marvel, Image, Dark Horse, IDW, Boom, Dynamite, and other publishers whose material I've read illegally, for which I wouldn't have paid otherwise, put their content on subscription services where for a reasonable monthly price ($15-25 per month) I could read any title in their catalog, download it in an open format, read it in my preferred application, and have it available the same day as the print edition, I'd pay for it without thinking it twice. Just as you would for a service that would allow me to see all the TV shows I download the day after its American release (without any remorse since I pay at home for a digital TV service where I could watch many of the same shows). And when I found titles that I really wanted to re-read and keep, I would very willingly pay for them in print. You do not have to believe me, I've done it before.

I recently paid 25 dollars for an Image Comics Humble Bundle, most of whose benefits were destined to a charitable cause. It seems a more than reasonable price for the excellent selection included, and I willingly paid it even though I already had available through other channels many of these titles (some on print). Because of that purchase, three series that otherwise I would not have known have a reserved place on my bookshelf (I'll talk about them on a later post)

As it has been done in other industries, let's make things clear: piracy does not generate losses. Pirates do not pay for any content, and if it weren't available illegally, they would't consume it. Pirates are not those of us who enjoy our favorite art (be it comics, music, film, television or any other content) so we want to enjoy as much of it as we we can - even downloading it for free, the lack of a better way. Unlike the pirate, the fan appreciates that downloaded content, just like a library user appreciates the books that accesses for free. And it's just a matter of time before it becomes a paying customer.

If you do not believe me, check panelsyndicate.com where you can download the extraordinary series The Private Eye by Brian K. Vaughan, Marcos Martin and Muntsa Vicente for any price you want, even 0 euros, which goes entirely to the authors. A business model that some have compared charity, but which has proven to be perfectly feasible.

But who will pay for something you can get for free?

Well I did. After reading the 10 issues of the series, I went to the website and paid $ 20 for the same content that had already downloaded for free.

Why did I do it?

Because it's that good, that's why.

And that, with high-quality, accessible material, is how you fight piracy.

20 feb 2016

Inspiración, traspiración / Inspiration, perspiration

 

Sigo regularmente varios canales de artistas de cómic en redes sociales y podcasts, y si hay un tema que surge con cierta frecuencia, tanto en estos medios como en conversaciones con colegas, es el de la inspiración y la motivación. Inspiración para saber lo que quieres hacer con tu arte y para hacerlo lo major posible, y motivación para dedicarle el tiempo y esfuerzo que necesita – un recurso escaso sobre todo para autores con proyectos personales, sin ninguna garantía de éxito, y sin ningún beneficio en el proceso.

La verdad es que en la actualidad me suena raro que la falta de inspiración o de motivación resulten un problema – suelo disponer de amplias reservas de ambas. Pero no quiero ser arrogante, yo también he sido joven, también he pasado por largos períodos de sequía creativa, durante los cuales no fluían ni las ideas ni las ganas. Como ejemplo, los casi 7 años que transcurrieron entre los números 3 y 4 de Huérfanos, en los que me concentré tanto en mi carrera profesional "oficial" que dejé mi pasión de toda la vida por los cómics relegada a un segundísimo plano.

Y como es habitual, todo lo que hacía durante aquellos periodos era esperar a que la inspiración y las ganas aparecieran por arte de magia. Un plan que como es de suponer, no dio buenos resultados.
Por eso, porque he estado en los dos lados de esa aparente barrera entre la creatividad y el bloqueo, puedo atreverme a afirmar sin despeinarme que cualquier artista (o que aspire a serlo) que se queje de falta de ideas o de motivación, lo que es un PUTO VAGO.

Vamos a llamar a las cosas por su nombre: si llevo dibujando desde que tenía 8 años, tengo 41, y el grueso de mi obra artística apenas llena tres carpetas, no hay excusas que valgan para justificar lo evidente, y es que he sido un puto vago durante mucho tiempo. Si solo una fracción de todas las ideas que tenía las hubiera plasmado, aunque fuera en proyectos o bocetos, mi portafolio creativo habría tenido un volumen considerable a los 20 años.

La realidad es que a esa edad mi única obra digna era La canción de la lluvia. Aquellas 64 páginas de historia (de las que por lo demás me siento muy orgulloso) me llevaron nada menos que 3 años. Y casi la mitad de ellas las dibujé en el verano de 1995 porque me lo propuse por una cuestión de orgullo.

Cuando los autores a los que sigo hablan de este tema, suelen recurrir al elemental consejo de que el artista tiene que dibujar todos los días, por poco tiempo que pueda dedicarle, o por malo que sea el resultado. Que si uno persiste todos los días, cada vez encuentra menos resistencia, le sale mejor, y se encuentra más motivado. Que la diferencia entre triunfar y fracasar es seguir intentándolo o rendirse. Que ninguna idea caída del cielo sustituye al trabajo duro. Que como dijo Edison: el genio es 1% inspiración y 99% transpiración. O Picasso: que la inspiración te encuentre trabajando. Etcétera.

Yo voy a ser mucho menos condescendiente y bienintencionado que todos estos autores. Todos esos consejos están muy bien – pero son un montón de chorradas.

El artista no necesita consejos. El artista que quiere serlo se pone a dibujar todos los días sin pensar en ello. No necesita discursos motivadores ni técnicas de productividad. Es un artista desde que se levanta hasta que se acuesta. Y muchos seguramente siguen soñando con su trabajo mientras duermen.

Uno de mis artículos favoritos sobre este tema lo leí en Cracked y explicaba que el verbo "querer" realmente puede significar dos ideas completamente diferentes. En la primera, representaría el deseo general de que algo suceda, mientras que la segunda es la intención específica que ese deseo se cumpla – apoyado en acciones concretas. Por ejemplo, una persona que diga "quiero estar en forma" mientras se come unos nachos en su sofá, o un corredor que diga lo mismo cuando sale a correr 10 km cada día, seguramente están transmitiendo cosas muy distintas.

Me acordé de aquel artículo en Cracked cuando, el primer día de clase en la Escuela Joso, el profesor preguntó cuántos de nosotros queríamos ser profesionales del cómic – y prácticamente todos levantamos la mano. Pero cuando pregunto cada sábado a mis compañeros si han dibujado mucho durante la semana, en muchos casos su respuesta es alguna variación de "no he tenido tiempo" o "no estaba inspirado". Nuevamente, "querer" (cuando nos preguntaron si "queríamos" ser artistas profesionalmente) significa cosas diferentes para cada persona.

Pero no quiero ser cruel con mis compañeros. Ni con el resto de amigos y conocidos con los que me he cruzado a lo largo de estos años, que envidiaban mi dedicación a los cómics pero que se reconocían incapaces de dedicar el mismo esfuerzo a sus proyectos. Ninguno de ellos estaba mintiendo cuando decía que "quería" hacer tal o cual cosa. Yo tampoco miento cuando digo que "quiero" ser millonario – es solo que no estoy haciendo muchos esfuerzos en ese sentido.

Yo he sido uno de ellos durante mucho tiempo. Tenía el deseo general de dibujar cómics, pero nunca era mi prioridad. Como el resto de gente, prefería tirarme a ver series, leer cómics, quedar con mis amigos, jugar a videojuegos, dormir, o lo que sea que la gente prefiere hacer antes que pasarse horas dibujando, sin saber qué vas a sacar de ello.

Hasta que decidí que ya no iba a seguir relegando permanentemente mi sueño. "Quería" dibujar cómics. Así que eso es lo que hice: me puse a dibujar. Y no he parado de hacerlo desde entonces. El resto es historia.

Tengo una vida como la de mucha gente. Estoy casado, tengo un trabajo a jornada completa, hago ejercicio regularmente, veo la televisión, leo libros y cómics, voy al cine, quedo con mis amigos y pertenezco a una asociación. Tengo todas las razones del mundo para no tener tiempo o ganas de ponerme a dibujar, y una sola para hacerlo.

Quiero dibujar cómics.

El abismo que separa una idea atractiva de su ejecución (el 1% del 99%) es tal que la mayoría nunca llega a superarlo. Seguramente el porcentaje de los que superan el 99% de transpiración necesario para llegar al éxito sea del 1%, o menos.

Y esto, por desgracia, es como tiene que ser. Solo una pequeña parte de los que aspiran al éxito pueden llegar a conseguirlo. No hay suficientes plazas para todos los que lo "quieren" (en el sentido "correr 10 km todos los días") ni mucho menos para los que lo "quieren" (en el sentido "nachos en el sofá"). Estos últimos van a quedar fuera en la primera ronda.

Los otros, simplemente nunca vamos a dejar de intentarlo.

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I regularly follow several channels of comic artist in social networks and podcasts, and if there is a topic that comes up quite often, either on these media or in conversations with colleagues, is the issue of inspiration and motivation. Inspiration to know what you want to do with your art and to do it as good as possible, motivation to put in the time and effort required – a scarce resource, especially for artists with personal projects, with no guarantee of success, and no benefits along the way.

The truth is, now I find weird that the lack of either inspiration or motivation are a problem – since I have ample supplies of both. But I don't want to be arrogant. I was young once, I've had long periods of creative drought, during which I had no flow of ideas or felt like drawing. As an example, the nearly 7 years that happened between issues 3 and 4 issues of Orphans, where I focused so much on my "official" career that I left my lifelong passion for comics on the far background.

And, as it usually happens, all I did during those long periods, was wait for the inspiration and  the desire to magically appear. A plan that, as expected, didn't work out so well.

So, since I've been in both sides of that apparent barrier between creativity and block, I may dare to state without muss that any artist (or aspiring so) who complains about a lack of ideas or motivation – is plain fucking lazy.

Let's call a spade a spade: if I've been drawing since I was 8, I'm 41, and the bulk of my artwork can fit in just three folders, no excuses can justify the obvious, which is that I have been fucking lazy for a long time. If only a fraction of all the ideas that I had would've been captured, either in sketches or actual projects, my creative portfolio would have a considerable volume at age 20.

The reality is that at that age my only decent work was The Rain Song. That 64-page story (which otherwise makes me very proud) took me three years no less to complete. And I drew almost half of them in the summer of 1995 because I made a point to finish it as a matter of pride.

When the authors I follow talk about this subject, they often resort to an elementary piece of advice:  that the artist has to draw every day, no matter how short a time she can do it, or how bad the result. That if you persist every day, you increasingly meet less resistance, the result comes out better, and you feel more motivated. That the difference between success and failure is whether you keep trying or give up. That no idea coming from above replaces hard work. That as Edison said, genius is 1% inspiration and 99% perspiration. Or Picasso: may inspiration find you working. Etc.

I will be much less patronizing, well-meaning that all these authors. All these tips are fine - but they are a lot of crap.

The artist doesn't need any advice. The artist who wants to be so draws every day without thinking about it. There is no need of motivational speeches and productivity techniques. He or she is an artist from sunrise until bedtime. Many probably still dreaming of their work while they sleep.

One of my favorite stories on this topic I read in Cracked and explained that the word "want" can actually mean two completely different ideas. In the first, it represents the general desire for something to happen, while the second is the specific intent that wish come true – supported through action. For example, a person who says "I want to be fit" while eating nachos on his couch, or a runner who say the same while jogging 10 km each day, are probably sending different messages.

I remembered that article from Cracked on my first day of class in the Joso Comic School, when the teacher asked how many of us wanted to be professional comic artists - and almost everyone raised their hands. But every Saturday when I ask my colleagues if they have been drawning during the week, in most cases the answer is some variation of "I did not have time" or "I was not inspired." Again, their "want" (when we asked if "wanted" to be artists professionally) means different things to different people.

But I do not want to be cruel to my classmates. Or to any other friends and colleagues I've encountered over the years, who envied my dedication to comics but they considered themselves unable to put in as much effort to their own projects. None of them was lying when they said they "wanted" to do this or that. I don't lie either when I say I "want" to be a millionaire - I'm just not making any efforts in this regard.

I have been there for a long time. I had the general desire to draw comics, but it was never my priority. Like everyone else, I'd rather watch TV shows, read comics, hang out with friends, play games, sleep, or whatever people would rather do do than spend hours on end drawing, not knowing what will you get out of it.

Until I decided I was not going to keep relegating my dream anymore. I "wanted" to draw comics. So that's what I did: I started drawing. And I have not stopped doing since. The rest is history.

I have a life just like many other people's. I'm married, I have a full time job, I exercise regularly, I watch TV, read books and comics, go to the movies, I meet my friends and I belong to an association. I have every reason not to have the time or desire to draw, and only one to do so.

I want to draw comics.

The gap between an attractive idea and its implementation (the 1% and the 99%) is such that most people never get over it. Surely the percentage of those getting over the 99% perspiration required for success is 1% – or less.

And this, unfortunately, is as it should be. Only a small part of those who aspire to success can actually achieve it. There are not enough places for all those who "want" it (meaning "run 10 km every day"), much less for those who "want" it (meaning "nachos on the couch"). The latter will be out in the first round.

The rest of us simply won't stop trying.

1 nov 2015

Un inktober para recordar / An Inktober to Remember

(Find English version below)

Saludos, mis fieles y escasos lectores! Este pasado mes de octubre ha sido uno de los más fructíferos de mi carrera criminal como autor de cómics, y eso que no he dibujado ni una sola viñeta. Pero por primera vez me he apuntado al Inktober, el reto viral para artistas de todo el mundo a realizar un dibujo a tinta cada día del mes (tinta de la real, digital no vale).

El propósito exacto de este reto lo desconozco, pero a mí me ha vuelto a poner en contacto con mis pinceles y rotuladores, me ha permitido revivir mi libreta de esbozos, largamente abandonada, ha dado rienda suelta a mi imaginación, permitiéndome el placer de dibujar tantas tonterías como me vinieran a la cabeza (porque el tema de cada ilustración era libre),.. y sobre todo, y esta es una buena noticia para los ávidos lectores de Huérfanos, me ha vuelto a poner en el estado mental necesario para afrontar las siguientes 22 páginas de mi portafolio, que en su día serán conocidas (y, espero, disfrutadas) como Huérfanos número 6.



(Es cierto que empecé tarde el reto, y que solo me lo empecé a tomar en serio a partir del día 10, lo cual me obligó a ponerme al dia a razón de dos o tres dibujos diarios, lo cual desvirtúa un poco el propósito de la práctica, pero al menos llegué al día 30 con 30 dibujos, y después de lo que he visto por ahí, os aseguro que no es el peor Inktober que corre por las redes… ni el mejor tampoco, pero el año que viene estaremos más preparados)

Pero este octubre ha sido también el inicio de mi estudios de cómic en la Escola Joso de Barcelona, donde, aunque en forma de talleres intensivos de sábado, he empezado a entrever todo lo que he estado haciendo mal todos estos años, y afortunadamente también he podido comprobar todo lo que he estado haciendo bien, que más de 25 años dibujando por mi cuenta al final tenían que notarse. Volver a los principios básicos de la perspectiva, la anatomía y las proporciones me ha permitido redescubrir la pasión por el dibujo con el mismo entusiasmo y curiosidad con el que empecé a dibujar con 8 años, así que aunque teóricamente sea el mayor de los alumnos de mi clase (nada sorprendente a mis 40 años) no puedo evitar sentirme muchos años más joven, redescubriendo el gusto de dibujar por el mero placer de hacerlo, y de hacerlo bien. Y este mes es solo el principio de tres cursos de 9 meses cada uno. Si logro que esa pasión redescubierta se vea reflejada en mi trabajo, y ya no digamos si la calidad de mis cómics es capaz de convencer algún día a un editor de que estoy en esto para quedarme, habrá sido la mejor inversión de mi vida. Pero solo por este primer mes, el tiempo, la inversión y los madrugones de los sábados ya han valido la pena.

Es todo por este Día de Difuntos, no se me ocurre mejor fecha para empezar a ponerle cara y ojos a la historia que Enric Pujadas pergeñó con tanto entusiasmo este verano, mientras yo me dedicaba a leer cómics. Volver a dibujar a Yago, Edu, Marv y el resto de la pandilla es como reencontrarse con viejos amigos, o como revisar antiguos episodios de Scooby Doo. Así que vamos allá, no?

PD. Cuando anuncié que tardaría “unos seis meses” en publicar un nuevo Huérfanos el pasado junio, me refería “a partir de que lo empezara”, o sea hoy. Lo siento por los que teníais la esperanza de verlo terminado para navidad, pero me temo que será como mínimo para mayo… o para cuando yo decida, que ya que no tenemos quien nos publique, encima no vais a esperar que trabaje con fechas de entrega, verdad? verdad?

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Greetings, my few and faithful readers! 

This past October was one of the most fruitful of my criminal career as a cartoonist, and I haven’t drawn a single panel! But it's been my first try at Inktober, the viral challenge for artists around the world to make an ink drawing each day of the month (actual ink, digital doesn't count).

The exact purpose of this challenge I don't know, but for me, it's meant putting me back in touch with my brushes and markers, it’s allowed me to revive my long abandoned sketchbook, it’s given free rein to my imagination, allowing me the pleasure of drawing whatever nonsense came to my mind (because the subject of each picture was open) ... and especially, and this is good news for our avid Orphans readers, it has put me back in the mental state necessary to deal with the next 22 pages of my artist portfolio, which will eventually be known (and I hope enjoyed) as Orphans #6.



(It's true that I started the challenge a bit late, and only started taking it seriously after day 10, which forced me to catch up at two or three drawings a day, which kind of detracts from the purpose of the practice, but at least I reached day 30 with 30 drawings, and after what I've seen out there, I assure you mine is not the worst Inktober on the internet... not the best either, but next year I be will be better prepared)

But this October was also the beginning of my comic course (as a student) at the Joso Comic School in Barcelona ​​where, in the form of intensive Saturday workshops, I have begun to glimpse everything I've been doing wrong all these years, but fortunately also what I've been doing right -- more than 25 years drawing on my own had to be worth it in the end. Going back to the basic principles of perspective, anatomy and proportions allowed me to rediscover the passion for drawing with the same enthusiasm and curiosity with which I started drawing when I was 8, so even though I am the oldest of the students at my class (nothing surprising since I'm 40) I can't help but feel many years younger, rediscovering the joy of drawing for the sheer pleasure of doing it, and doing it well. And this month is only the beginning of a three-year course, of nine months each. If I can get that rediscovered passion reflected in my work, let alone if the improved quality of my comics is able to convince someday a publisher I'm in this for real, it will have been the best investment of my life. But only for this first month, the investment in time, cost and waking up early on Saturday mornings would’ve been worth it.

That's it for this Day of the Dead, I can't think of a better date to start putting in pictures the story that Enric Pujadas so enthusiastically concocted this summer, while I was reading comics. Going back to drawing Yago, Edu, Marv and the rest of the gang is like being reunited with some old friends, or reviewing old episodes of Scooby Doo. Let’s do this, shall we?

PS. When last June I announced that it would take me "about six months" to publish a new Orphans, I meant "since I start it," which means today. Sorry all those who hoped for a Christmas release, but I'm afraid it will be at least May... or whenever I decide, after all since we don't have a publisher you won't expect me to work with deadlines, right? Right?

27 sept 2015

Verano de cómics / Summer of Comics

Si algo se puede decir de mi actividad como dibujante de cómics es que no soy especialmente prolífico. Puede que sea persistente, pero desde luego, el volumen de mi producción anual (en dos años, 26 páginas de Huérfanos más algunas ilustraciones) no es precisamente masivo.

Pero si en algo voy aún más rezagado que en dibujar cómics es en leerlos. Y esto resulta preocupante, porque si hay algo para lo que uno debe buscar tiempo en toda actividad, es en conocer el mercado, y los trabajos y autores más relevantes. Para tener criterio como artista, es imprescindible tenerlo primero como lector, y para ello, por mucho que me guste lo que hago, es necesario buscar tiempo para leer, aunque a veces me tenga que obligar a ello.

La gravedad de la situación a principios de este verano la atestigua la larga lista de cómics que tenía en mi lista de pendientes (algunos incluso de empezar), incluyendo series completas The Invisibles (Grant Morrison et al, 1994-2000), Stray Bullets (David Lapham, 1995-), 100 Bullets (Azzarello, Risso, 1999-2009), Lucifer (Mike Carey et al, 2000-2006), Y the Last Man (Brian K Vaughan et al, 2002-2008) Fables (Willingham, Buckingham et al 2002-), Box Office Poison (2001)...

Solo por las fechas ya se ve que mi cultura comiquera lleva muchos años de retraso, y aún en el improbable caso de que pudiera paralizar toda mi producción para ponerme al día de todas estas lecturas, para cuando hubiera acabado aún me quedaría como mínimo una década entera de otros cómics que tendría ganas de leer (dejando de lado el criterio de qué cómics merecen leerse y cuáles olvidarse), incluyendo recomendaciones recurrentes como Saga, Chew, Criminal, Invincible, Locke & Key, The Walking Dead, y muchos otros. Y suerte que no leo superhéroes ni álbum europeo ni manga, o de lo contrario mi lista sería infinita.

(A modo de inciso, el hecho de que lea casi todos mis cómics en formato digital hace más fácil acumular lecturas pendientes; el hecho de que unos cuantos de ellos los consiga por medios no exactamente legales, y básicamente gratuitos, lo hace ridículamente sencillo - aunque siempre acabe comprando los cómics que leo digitalmente y me gustan lo suficiente, incluyendo los que comento aquí)

Por ello, y ante la tesitura de vivir en un mundo en el que no puedo hablar de cómics con nadie que siga series recientes, este verano he decidido tomar un pequeño atajo. He aparcado todas estas lecturas clásicas para cuando tenga vacaciones, me rompa una pierna, o me jubile, y me he puesto al día de una pequeña selección de títulos de estos últimos años, o que se estén publicando actualmente (en su edición original).

El objetivo es doble: poder seguir las noticias y podcasts de cómics sin sentirme completamente desfasado, y por una vez estar al día de lo que se publica; pero también desarrollar mi criterio como lector, buscando las temáticas, estilos y autores que más me interesan entre la variada oferta del sector, y con ello poder tener mejor criterio como creador. Ahora que estoy a punto de involucionar de autor a estudiante, es aún más importante saber qué se está publicando, al menos dentro de los géneros y estilos con los que tengo alguna afinidad.

Sin ánimo de ser exhaustivo, ni de recomendar a nadie ninguno de estos títulos, estas son algunas de mis últimas lecturas.

Lazarus #1-19, Greg Rucka, Michael Lark (Image, Jun 2013-Sep 2015)
Conocí el extraordinario trabajo de Michael Lark como dibujante gracias a Terminal City (1996) y Scene of the Crime (1999) y desde entonces le había perdido la pista. De Rucka no había leído nada aunque lo relacionaba con Batman. Lazarus me he redescubierto al primero como uno de mis dibujantes favoritos, y al segundo como un guionista a seguir. Esta serie futurista engancha por su premisa, por su arte y por el desarrollo que Rucka hace de su mundo y sus personajes. Por culpa de Lazarus, di una oportunidad a otra obra de Rucka, Stumptown (2009), de género negro, también muy recomendable, y ha puesto su Gotham Central (¡con Brubaker y Lark!) en el top 5 de mis otros pendientes.
 

The Fade Out #1-8, Ed Brubaker, Sean Phillips (Image, Aug 2014-Aug 2015)
El dúo Brubaker & Phillips se convirtió en unos de mis referentes de género negro hace ya muchos años con su Sleeper, dentro del universo Wildstorm. Sus siguientes obras como equipo (Criminal, Incognito, Fatale) han estado forever en mi recámara, así que he saltado directamente a su más reciente trabajo, otra obra de temática criminal, ambientación en el Hollywood de los 50, narración compleja y un arte que requiere de varias lecturas para apreciarlo en su totalidad. Clásico instantáneo que me obliga a ponerme al día de las anteriores obras de este extraordinario equipo.

 

The Private Eye, Brian K. Vaughan, Marcos Martín (The Panel Syndicate, Mar 2013-Mar 2015)
Tanto Y the Last Man como Saga suelen figurar entre las obras imprescindibles de los 2000, y tras ambas se encuentra el mismo escritor. Para evitar tener que leerme los 60 números de una, más los 30 de la otra, he optado por poner a prueba al guionista a través de una obra reciente, más personal y arriesgada, tanto por su planteamiento como por su formato de publicación, digital, y según el innovador modelo “paga lo que quieras, incluyendo nada” que me ha permitido disfrutar legalmente y gratis de su lectura, y luego pagar por ella un precio justo, íntegramente para sus autores. La otra mitad del equipo, los españoles Marcos Martín (dibujante) y Muntsa Vicente (colorista), trabajando desde Barcelona, son ya una de mis referencias a estudiar en cuanto a narrativa e inventiva visual. Tanto el éxito cosechado por la obra a través de su difusión digital, como el extraordinario trabajo, autoeditado de sus creadores, la mitad de ellos desde la misma ciudad donde yo busco hacerme mi hueco de mercado, resulta inspiradora en muchos sentidos.





She-Hulk v3, Charles Soule, Javier Pulido (Marvel, Apr 2014 - Mar 2015)
Y hablando de dibujantes españoles que triunfan en América, qué decir de Javier Pulido, a quien llevaba perdida la pista desde que se graduó con éxito junto a Peter Milligan en Human Target, y al que he redescubierto en estos 10 números de la última serie americana de Hulka (en este caso ya cancelada), personaje al que también había perdido la pista desde la ya lejana etapa de John Byrne (1989-1994). Aunque la historia de estos últimos números resulta atractiva por su tono distendido y por recuperar la actividad legal del personaje como hilo conductor, es el trabajo de Pulido (cuyo estilo por cierto cada vez se parece más a Mike Allred) el que me hizo disfrutar y tomar buena nota de una narración original y un estilo gráfico depuradísimo.

 

Sunstone v1-3, Stjepan Šejić (Image, Dec 2014-Sep 2015)
Aquí una de esas obras con las que uno se topa de la forma más accidental en internet. El dibujante serbio Stjepan Šejić, quien también ilustra Rat Queens y Death Vigil (ambas en Image), creó una serie con guión propio que publicó gratuitamente en su DeviantArt (1), y cuya repercusión le llevó a publicarla en tomo con la misma editorial. Una serie que, muy alejada de sus otros trabajos de fantasía, cuenta una historia de amor, amistad y relaciones personales (lo que suelen llamar “slice of life”) con la sutil variación que sus protagonistas son dos chicas que practican el BDSM (2). Aunque la premisa podría apuntar a un cómic erótico o un romance subido de tono “a lo 50 sombras de Grey”, se trata de una historia divertida, cotidiana y con personajes entrañables, que por momentos me ha recordado a obras como Box Office Poison (Malas Ventas) o Strangers in Paradise. Y su autor, un poco harto de hacer cómic de fantasía, reconoció haber redescubierto su pasión por el medio con este trabajo tan personal, donde seguramente puso de sí mismo algo más que su arte...

(1) debido al contenido adulto, tendrás que registrarte para poder verlo.
(2) si no sabes lo que es el BDSM, te reto a que lo busques en Google Images, como le pasa a un personaje en el cómic - pero procura no hacerlo en el trabajo.

 

 

Infinite Loop #1-5, Pierrick Colinet, Elsa Charretier (IDW, Apr 2015-Aug 2015)
Otro descubrimiento reciente e inesperado fue este proyecto financiado con éxito por Kickstarter que ha terminado viendo la luz en edición impresa, y donde los franceses Colinet y Charretier, proponen una mezcla de ciencia ficción, paradojas temporales y romance lésbico, todo con un estilo limpio, lleno de creatividad y de soluciones visuales imaginativas.

  

Deadly Class #1-16, Rick Remender, Wes Craig (Image, Jan 2014-Sep 2015)
En la categoría de descubrimientos incómodos está esta propuesta, a la que guionista le reconoce elementos autobiográficos, donde un joven huérfano encuentra su lugar en el mundo nada menos que en una escuela de asesinos, llena de personajes a cuál menos recomendable. Un relato poco edificante, pero a la vez lleno de autenticidad en el retrato de los personajes, basculando entre el comentario social, la intriga criminal y la pura acción, y cuyo dibujante ha sido otro descubrimiento por su habilidad para la narrativa y la composición.

  

Sex Criminals #1-12, Matt Fraction, Chip Zdarsky (Image, Sep 2013-Sep 2015)
El premio a la lectura más marciana del verano se lo lleva esta propuesta descabellada del guionista Matt Fraction, que después de trabajos más convencionales para Marvel, se lanza al vacío con la historia de Suze y Jon, una pareja con el poder de detener el tiempo con sus orgasmos. No, no es broma, esa es exactamente la trama de este cómic. Y es de lo más divertido que he leído en mucho tiempo, además de probar que ninguna temática debería ser un tabú para contar una buena historia, por pasada de rosca que pueda parecer sobre el papel.

  

Afterlife with Archie #1-8, Roberto Aguirre-Sacasa, Francesco Francavilla (Archie Horror, October 2013- Jul 2015)
Para acabar, he descubierto una obra inesperada y genial que por razones personales se ha ganado un puesto de honor en mi lista. Reconozco que nunca fui un lector de Archie, habría despreciado la idea de leer uno de sus cómics por snob, y de haberlo hecho me daría igual que se quedara con Betty o con Veronica, Pero todo esto ha cambiado tras leer esta inesperada revisión del universo Archie en el que Riverdale se convierte en el epicentro de un apocalipsis zombie iniciado por Sabrina - sí, la bruja adolescente que recordamos de la televisión, también un personaje de la editorial. Sorprende que los personajes de Archie (tan entrañables e ingenuos) funcionen tan bien en un entorno de un cómic de horror nada complaciente. El guionista Aguirre-Sacasa usa sin contemplaciones toda la artillería del género de horror (incluyendo un genial episodio donde Sabrina será entregada al Gran Cthulhu por el mismísimo Lovecraft). Pero sobre todo, este Archie me ha descubierto al dibujante italiano Francesco Francavilla, cuyo estilo he empezado a diseccionar con la intención de usarlo como referencia para revisar mi estilo de dibujo en Huérfanos, al que creo que se ajusta como anillo al dedo. Juzgad vosotros mismos (siempre que sea capaz de llegar a este nivel, que en eso estamos).

 
 

Tan impresionado quedé por el trabajo de ambos autores, que también he empezado a seguir The Chilling Adventures of Sabrina (Archie Horror, Oct 2014-) en la que el mismo guionista propone una revisión no menos oscura del universo de la bruja adolescente, así como The Black Beetle (Dark Horse, Dec 2012- 2013), genial obra como autor  de Francavilla con un personaje en la más pura tradición pulp.

Para acabar, no puedo dejar de mencionar mis más recientes lecturas, por lo que tienen de personal: la antología conmemorativa del 17º aniversario de Gotham Comics Pequeños cadáveres envueltos en plástico, de la que hablé en mi post anterior, y de la que ya he podido comprobar personalmente el cariño que ha puesto Jaume y todos sus colaboradores, yo incluído (con mis historias breves "El Bon Doctor" y "Buenos Tiempos, Viejos Tiempos"). Y el primer número de la revista Deriva de Edicions del Despropósit, donde he tenido el honor de ver publicada mi historia corta "Into the Void", que publiqué en este blog ya hace un tiempo, y que ha visto la luz (traducida al catalán) en esta arriesgada y muy independiente publicación de la editorial mallorquina, junto a una selección de historias cortas de lo más variado y estimulante. En ambos casos, un privilegio ver mis historias editadas en tan buena compañía.

 

Y así es como he pasado los tres últimos meses, leyendo cómics de lo más variado y preparando mi mente y mis gustos para la experiencia de volver a ser alumno, esta vez para variar aprendiendo algo que me guste de verdad. ¿Y vosotros? ¿Qué cómics recientes habéis estado siguiendo - de cualquier género, estilo y procedencia - que os gustaría comentar o recomendar? Dejad vuestras propuestas en los comentarios, os prometo que les daré a todas una oportunidad… cuando mi trabajo, mis estudios y el nuevo Huérfanos me dejen tiempo para ello.

19 sept 2015

17 años de Gotham Comics (o La Palabra del Profeta)

Todos los que habéis estado siguiendo mi trabajo estos últimos años, sabréis que cuando se ha tratado de salir de mi cueva y sacar a la luz mi obra, hay un lugar que ha sido cita ineludible para los que me siguen (desde hace años o más recientemente) en mi tierra natal: Gotham Comics Mallorca, la tienda de cómics regentada por mi buen amigo, y sin embargo… no, solo buen amigo… Jaume Albertí.

Y resulta que este año 2015, se cumplen los primeros 17 años de Gotham Comics en Palma, un aniversario como cualquier otro que por razones totalmente incomprensibles para mí, nuestro amigable tendero y vecino ha decidido celebrar con tanta pompa como la que otros celebran una estrella Michelin: con toda clase de actos, celebraciones, productos conmemorativos, y muy especialmente, con la edición de una antología de historias breves en cómic, realizadas por autores locales cercanos al susodicho comerciante. Entre ellos, yo mismo.


Ayer día 18 de septiembre era el día elegido para la puesta de largo de esta anticipada obra, tras varios meses de retraso, y aunque por unos pocos días me perdí la oportunidad de participar de la presentación, y correspondiente firma de ejemplares, no quería dejar pasar la oportunidad de aportar mi granito de arena a un evento tan especial, no porque yo sea más especial que el resto de autores participantes en la mencionada antología, sino porque conozco a Jaume Albertí desde hace más años que todos ellos, y creo que puedo contar de él cosas que mucha gente no sabe.

Cuando, el pasado diciembre, Jaume nos propuso, a mí y al resto de su círculo artístico de confianza, realizar una historia para la antología de Gotham, me pilló desprevenido. Yo andaba metido en el entintado del número 5 de Huérfanos (la serie cuyo recopilatorio presentamos, precisamente en Gotham, el pasado mes de junio, con Jaume como anfitrión y presentador de excepción). Por entonces llevaba bastante tiempo sin escribir, y no andaba sobrado de ideas. Y como saben los que han leído mi novela gráfica, no soy precisamente de historias cortas.

Pero entonces recordé los meses en los que ilustré mi blog en forma de cómic en un estilo suelto y humorístico, más de tira cómica, muy alejado de mis (no siempre logrados) dibujos de estilo realista para mis cómics (véase el mencionado Huérfanos). En aquellas breves historias, personales, autoconclusivas, siempre contaba alguna anécdota personal, que invariablemente terminaba con alguna reflexión de estilo “mírate al espejo y cree en ti mismo” inspirado tanto por los cambios en mi vida, como por mis numerosas lecturas de crecimiento personal de aquella época.

Usando aquel estilo como referente, me vino a la cabeza la idea de recordar, en cómic, mi historia como dibujante de cómics, desde mis tiernos inicios usando hojas de cuaderno, hasta mis trabajos más recientes. Y esta era una historia en la que el propio Jaume era un personaje destacado. Tanto, de hecho, que yo diría que sin él, es posible que mi historia como autor de cómics habría sido muy diferente o, quién sabe, simplemente no habría sido.


Fragmento de mi historia corta "Buenos tiempos, viejos tiempos" (págs 2-3)
publicado en la antología "Pequeños cadáveres envueltos en plástico"

Para entender a qué me refiero, conozco a Jaume Albertí (el Profeta, como le llamo en mi historia) desde hace 35 años, y aclarando que tengo 40, esto significa que no tengo recuerdos de mi vida en los que no conociera a Jaume. Y tampoco tengo recuerdos de Jaume en los que él no leyera cómics. No solo los leía: los devoraba, los atesoraba, y en muchos casos llegaba a memorizar datos de sus personajes y autores con la fruición con la que otros recuerdan datos de los famosos de las revistas del corazón. Jaume nos contagió (a mí y a mi hermano Carlos) su entusiasmo por los cómics, no solo como medio de entretenimiento, sino como forma de expresión: desde muy jóvenes descubrimos que con muy pocos recursos y solo con nuestra imaginación, podíamos crear nuestras propias historias, lo cual hicimos desde muy jóvenes, inspirados por nuestros autores favoritos (y no mentiré, a veces simplemente copiándolos). La pasión por los cómics cimentó nuestra amistad, luego nos empujó a otras actividades del universo friki como los juegos de rol, a los de cartas y tablero y a los fanzines, y los cuales a su vez nos llevaron a iniciar amistades que duran hasta ahora. Y eso fue lo que en definitiva llevó a Jaume a tener su propia tienda de cómics, primero tras el mostrador junto a los dueños originales, luego como empresario, hasta su papel actual como referente del mundillo del cómic en Mallorca.

Si me preguntan, creo que era inevitable que Jaume terminara siendo quien es. No solo por sus conocimientos del medio (seguro que hay frikis con más conocimientos) sino por su actitud, su audacia al transformar la pequeña tienda que heredó en un punto de encuentro de una pequeña comunidad, su forma de promocionar sus productos y organizar actividades, y su peculiar personalidad (por decirlo de alguna manera) capaz de atraer y fidelizar a una pequeña legión de fieles seguidores de sus andanzas. No le concedí el título de Profeta por nada, después de todo.


El éxito de la convocatoria de esta antología de cómics (con el inquietante y llamativo título de "Pequeños cadáveres envueltos en plástico"... que nadie vuelva a decir que el título de mi novela gráfica era un poco grotesco) es un producto del éxito del propio Jaume como empresario, pero sobre todo como movilizador de la comunidad comiquera de Mallorca (sin faltar al respeto al resto de establecimientos de la isla que participan del mismo mercado… pero es que con ellos yo no jugaba a rol en el comedor de mi casa con 13 años).

No tengo ninguna duda de que para los amigos que han participado con sus historias en esta antología, la figura de Jaume Albertí es un referente en lo que se refiere a su labor como especialista en cómics, divulgador en medios de comunicación, y a su tienda como punto de encuentro para novedades, presentaciones, y actividades diversas. Además Jaume es un tipo con un carisma especial, una inusual falta de sentido de ridículo (ver sus impagables fotos vestido de Spiderman en la última celebración del día del cómic gratis… además de otras anécdotas que no contaré porque sucedieron en privado y cuanto menos se hable de ellas, mucho mejor).

Pero mi historia personal con Jaume Albertí trasciende con mucho sus andanzas en el mundo de la venta y difusión de cómics desde su templo… quiero decir tienda especializada. En mi caso, una parte no pequeña de mi identidad como artista le debe a Jaume más de lo que nunca podré agradecerle.

Aunque Jaume y yo empezamos a crear nuestros cómics cuando teníamos, no sé, unos 8 años, yo nunca dejé de dibujar con cualquier excusa que surgiera, por el mero placer de hacerlo y sin saber hasta dónde podría llegar. Pero fue un guión suyo, La canción de la lluvia, el que se convirtió en mi primera obra, digamos, de madurez, cuando la publicamos, en rigurosa edición fotocopiada, en el verano de 1995, hace ya 20 años. Toda mi carrera posterior haciendo cómics tiene su origen en aquella historia de aventuras que me costó años convencer a Jaume de que escribiera (porque Jaume, en contra de lo que pueda aparentar, es bastante vago), y otros tantos dibujarla. Aún hoy, y con todas sus imperfecciones, me sigue haciendo sentir orgulloso.

Ha pasado mucho tiempo desde que firmamos aquella obra juntos (aunque invito a todo el mundo a leerla aquí si no lo ha hecho aún) y mi estilo, gustos y proyectos han evolucionado considerablemente, y Jaume y yo no siempre compartimos criterio creativo. Tanto mis escarceos como autor completo como mi colaboración con Enric Pujadas en Huérfanos me han terminado de convencer de seguir tomándome en serio mi carrera como autor de cómics, aunque no sea mi medio de vida, y no dejar de practicar, mejorar, experimentar e incluso estudiar (como ya conté en mi último post, empezaré en octubre mi primer curso de cómic… solo he tardado 25 años en decidirme).

Cuántos de estos hechos, obras y anécdotas no habrían sucedido de no haber conocido a Jaume Albertí hace ya tantos años, quizá nunca lo sepamos. Pero si Gotham Comics celebra este año sus primeros 17 de actividad, es sin duda gracias a su empeño y capacidad. Sigue siendo un aniversario raro de celebrar (sobre todo porque si hubiera esperado tan solo unos meses habría podido celebrar el 18, que sí que tiene más sentido). Pero después de contar la historia que me une con Jaume Albertí, incluso ahora desde la distancia que nos separa, estaréis de acuerdo en que cualquier excusa es buena para celebrar la existencia de Gotham Comics y la figura de Jaume como comerciante, empresario, divulgador y figura pública.

Pero para mí, Jaume siempre será el Profeta que me descubrió y enseñó a apreciar el cómic como medio, y a descubrir todo su potencial para contar todas las historias que yo llevaba dentro esperando ser contadas. Y por mucha vergüenza que le dé que publique esta especie de panegirico, quiero dar públicamente las gracias a Jaume por su inspiración, y espero que siga inspirando a otros autores a dar lo mejor de sí mismos y contar sus mejores historias. Porque aunque aún no he podido disfrutar completamente de estos "Pequeños cadáveres envueltos en plástico", estoy seguro de que mientras tengan a Jaume Albertí cerca, lo mejor de la obra de sus autores aún está por llegar.

Creedme. He estado ahí.

M.A. Garcías
Barcelona, 19 septiembre 2015