5 jul 2014

El (largo) camino del infierno


Hola, soy M.A. Garcías, dibujante de comics, y hace un año publiqué mi primera novela gráfica, Una piscina de mierda en el infierno. Este enorme proyecto me llevó más de 20 años, y se trata de la culminación de un inmenso proceso de crecimiento personal y artístico, que se extendió a lo largo de toda mi vida adulta, hasta el momento de su publicación. Se trata de mi obra más extensa y ambiciosa hasta la fecha, y con toda probabilidad lo seguirá siendo durante mucho tiempo.

Por eso creo que la historia del proyecto puede resultar tan interesante como su relato, además de aportar claves para entender este último. Ahora que ya ha pasado el suficiente tiempo como para mirar el proyecto con cierto distancia, les debía a mis lectores una historia de esta Piscina de mierda, desde de dónde surgen sus personajes, hasta sus escenas más escabrosas, pasando por su peculiar y malsonante título. Esta historia es también la de mi vida, así que aprovecho para que mis lectores me conozcan un poco mejor.

Orígenes

Como tantos otros dibujantes aficionados, llevo dibujando comics desde que era pequeño, con mayor o menor fortuna, pero todas mis obras de juventud, sin excepción están caracterizadas por su ingenuidad y carencia de rigor narrativo. Y el mejor ejemplo de esto son los Matones de la Ley (sic).

Este peculiar grupo de superhéroes, cuyo nombre revela la clase de pecado de juventud del que estamos hablando, terminó siendo mi obra clave de aquella época. Era la historia arquetípica de un grupo de personajes, con o sin poderes, que se unían para combatir el crimen, según la fórmula más tópica del género.

La historia de este comic no pasaría de la anécdota de no ser por dos elementos importantes: uno, que se convertiría a mi pesar en una obra retroalimentada, de la que llegué a realizar nada menos que cuatro versiones de su primer número: dos íntegras (una original en blanco y negro, y una revisión de la misma en color) y varios proyectos de versionar la misma, y que no llegaron a terminarse [1]; y dos: sus personajes, por demás bastante anodinos, y que respondían a los nombres de Harris, Luke, Kallow, y un tal Henry, que a falta de personalidad tenía un enorme flequillo que le caía sobre la cara. Y en alguna de esas versiones que tantas veces repetí, se incluía un quinto personaje, una chica llamada Jennifer, a quien solo llegué a dibujar en unas pocas apariciones dispersas.

[1] hay que aclarar que estas obras jamás se publicaron, de ellas solo existe un original en papel del que jamás se ha realizado copia alguna.

1993-1999

Los Matones de la Ley no habrían sido más que una curiosidad, un recuerdo perdido dentro de alguna carpeta, de no ser porque en 1993, cuando cumplí los 18 años, tuve la idea de celebrar mi mayoría de edad empezando lo que según yo iba a ser mi primer proyecto adulto, una obra ambiciosa y compleja, llena de intriga, acción y emoción.

Y paradójicamente, para aquella primera obra de madurez se me ocurrió recuperar mis personajes de la adolescencia. Mi intención era hacer una nueva versión, una más, de aquellos personajes, esta vez definitiva. Poco podía imaginar que esta vez lo sería, que aquellos personajes verían finalmente la luz, y muchos menos que esto sucedería 20 más tarde.

Para comprender hasta qué punto ha evolucionado el proyecto, en aquella etapa embrionaria esta era una historia de superhéroes. Había un superhéroe y un supervillano que se pasaban el tiempo atizándose por la ciudad, y destruyéndolo todo a su paso.

El personaje de Jennifer, promocionada de eterno descarte a protagonista, en esta versión era una reportera intrépida que descubría la conspiración de un poderoso empresario llamado Gordon para destruir toda la ciudad con una bomba. En un momento de la historia, a Jennifer la atacaba el supervillano, y entonces la rescataba Kallow, una suerte de detective luchador. A todo esto, la historia tenía lugar en una ciudad cualquiera, que por no tener no tenía ni nombre.

Decir que mi historia original era descabellada sería un eufemismo: era un completo desvarío. A pesar de haber creado mis propios comics desde niño, no tenía criterio como guionista, y apenas sabía construir una historia. Tan solo tenía una sucesión de escenas que me apetecía dibujar, y que culminaban en la completa destrucción de la ciudad, y con ella todos mis viejos personajes, lo cual era una metáfora de lo que buscaba con aquel comic: cerrar de una vez por todas el ciclo de mis personajes originales. Este propósito, curiosamente, ha sobrevivido hasta el final.

Esta historia original cambió poco a lo largo de aquellos años, hasta que el proyecto se quedó aparcado. Mientras tanto, publiqué La canción de la lluvia (1995), con guión de Jaume Albertí, mi primer proyecto serio, y que encabeza mi currículum oficial como dibujante.

1999-2000

Para entender el cambio radical (y definitivo) que sufrió el proyecto a partir del verano de 1999, tenéis que conocer algo de mis vida en aquella época. Sucedió entre agosto y septiembre de 1999, en Madrid. Allí compartí casa y cierta amistad con un grupo de siniestros, pintorescos personajes de la movida gótica madrileña. Y en Madrid también trabajé brevemente para una corporación financiera. Aunque sin ninguna relación entre ellas, en ambas experiencias me sentí como un personaje de Kafka.

Mi historia con los siniestros me llevó a visitar sus clubes nocturnos, a conocer de primera mano su forma de pensar, y su estilo de vida; en algunos casos mucho más de la que habría deseado. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere a sus hábitos liberales, como su costumbre ir desnudos por la casa, o su escaso sentido de la vergüenza social, o (sobre todo) su intensa y variada actividad sexual. Entre mis anécdotas más coloridas se encuentran el hallazgo de hortalizas eróticas, el ser invitado a grabarles en vídeo en plena actividad (que decliné amablemente), o la narración en primera persona de una de sus (habituales) orgías.

Mi estancia en Madrid duró sólo 23 días, aunque la recuerde más larga. Y como cualquiera que haya leído mi cómic puede apreciar, dejó una huella imborrable. Tras volver de Madrid decidí revisar aquel guión que llevaba años paralizado y darle la vuelta por completo. Tal vez como catarsis, o (quién sabe) para compensar las posibilidades perdidas de haber participado de aquella vida disoluta, mis 23 días entre góticos inspiraron los 23 días de la vida de Jennifer, y en particular del flashback que nos cuenta su pasado. Mis siniestros favoritos se convirtieron en la ficción en Ally, Jack y Madeleine, y los locales góticos, los desnudos, y la desenfrenada actividad sexual (orgía incluida) terminaron haciéndose un hueco en mis páginas. Y el tono oscuro que inspiraron aquellas tres semanas, junto con la atmósfera opresiva de mis días en una oficina corporativa, terminaron por contaminar el resto del cómic, con el resultado de todos conocido.

Por supuesto, muchos elementos de la historia no se deben ni a ninguna experiencia personal, ni proceden de obras anteriores. He consumido cine, televisión, literatura y cómic, fantástico y de otro tipo, durante muchos años. Y como buen friki me siento influido por todo lo que he visto y leído, desde Raymond Chandler hasta Grant Morrison, desde Fritz Lang a David Lynch y los hermanos Coen (Barton Fink), desde La Dimensión Desconocida a Expediente-X.

Y por supuesto, los guionistas (y sin embargo amigos) con las que he trabajado como dibujante, y que en ausencia de amigos escritores famosos (2), necesariamente han tenido una influencia en mi guión: de Jaume Albertí (en La canción de la lluvia) hasta Enric Pujadas (guionista de mi otro gran proyecto de comic, Huérfanos). Y luego claro, está José Ángel. Quien tiene el honor de haberme contado ya hace tantos años un chiste de escasa gracia y peor gusto sobre un condenado que llega al infierno, y una piscina de mierda. Un chiste que terminaría convertido en la clave de la historia, y por añadidura le daría título.

Pero para eso, aún faltaban muchos años. Para cuando todas estas experiencias y referentes terminaron de encajar en mi historia, mi guión superaba ampliamente las 100 páginas. Y una vez terminé mi guión, el proyecto volvió a dormir el sueño de los justos durante casi diez años.

(2) cuando Neil Gaiman tuvo que enfrentarse a su primer guión de cómic, decidió consultar a la única persona que conocía con experiencia, un tal Alan.

2009-2013

La parte final de esta historia no tiene nada que ver con los comics, sino con la vida. Mi novela gráfica nació en Mallorca, maduró en Madrid, y llegó a su mayoría de edad en Barcelona. Había dejado el proyecto aparcado, y mientras tanto me concentré en otros proyectos, en particular Huérfanos, que comencé en 2001 y que aún ahora continúa.

En mayo de 2009, ya viviendo en Barcelona y cansado de mi trabajo tóxico como ingeniero, decidí tomar la decisión drástica de dejar mi trabajo para dedicarme exclusivamente a los comics, con intención de tomarme en serio mi carrera en este medio, aunque fuera en paralelo con mi otro trabajo. Y para empezar, decidí retomar, y esta vez terminar, mi viejo proyecto de novela gráfica.

A lo largo de todo aquel año sabático (año y medio para ser exactos), en el que mi vida dio un giro radical, terminé el lápiz de las (finalmente) 186 páginas del cómic. Y en otro año y medio, ya de vuelta a la vida laboral, terminé la tinta. Para ello tuve que hacer hueco en mi tiempo libre a mis dibujos. Sacrifiqué deliberadamente tiempo de mi vida social, de pareja y de ocio, a cambio de la realización de mi sueño de adolescente, pero el esfuerzo, dedicación y compromiso de tantos años finalmente llegaría a buen puerto.
El 22 de mayo de 2013, el primer ejemplar impreso de mi novela gráfica llegó en un paquete a mi oficina. Y fue uno de los días más felices de mi vida, porque sabía lo que había costado llegar hasta allí.

La obra recibió una acogida calurosa y entusiasta entre mis amigos y conocidos: compañeros de trabajo, Toastmasters, familia, y todos los amigos que me arroparon en mi presentación oficial en sociedad, el 5 de julio del 2013 en Gotham Comics de Palma de Mallorca, donde conté como anfitrión con la persona a quien debo mi interés original por hacer comics, mi amigo, guionista y mentor Jaume Albertí.


Presentación en Gotham Comics, 5 de mayo 2013

El resultado editorial, aunque nunca fuera mi primera motivación, ni tampoco la última, ha sido bastante más limitado. Aunque he buscado (sin mucho entusiasmo, la verdad) editores a quienes pudiera interesar el proyecto, consciente de mis escasas posibilidades comerciales, finalmente decidí seguir el camino de la autoedición, a través de un servicio online de impresión por demanda, Lulu.com, con una magnífica calidad de edición a un precio muy asequible.

Además publiqué (muy pocas semanas después) una versión en inglés, abriendo un mercado mucho más amplio del que podría haber aspirado en español. Tengo pendiente mover el producto en tiendas especializadas, pero por el momento la difusión online es mi prioridad, y sobre todo hacer llegar la novela a cuantos más lectores posible, y así alimentar mi reputación de cara a futuros proyectos.

Cuando decidí retomar ese proyecto como punto de partida de una carrera en paralelo como autor de cómics, sabía que no lo tenía nada fácil. Cuando tu pasión no coincide con tu profesión, llevar adelante proyectos personales, sobre todo tan ambiciosos como éste, no tiene tanto que ver con el talento como con la disciplina, el compromiso, la tenacidad y por qué no, con una cierta obsesión. Como decía el profesor Tripp (3): “No podía parar”.

Y aunque el camino no siempre fue fácil, volvería a recorrerlo sin ninguna duda. Porque el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, pero en definitiva es el camino que te conduce a hacer realidad tus sueños.

(3) el personaje de Michael Douglas en Jóvenes Prodigiosos


El camino del infierno, presentación en Barcelona Toastmasters, Septiembre 2013

Vaciando la piscina de mierda (ojo, spoilers!)

He tenido que explicar muchas veces la historia de cómo hice este cómic, de su larga gestación, de su tono oscuro y sus imágenes escabrosas. Pero hasta ahora me había resistido a explicar los elementos más herméticos de la historia que cuenta. Personalmente, prefiero no saberlo todo sobre las historias con secreto, sobre todo cuando son deliberadamente parcas en explicaciones (soy fan de películas como 2001: Una odisea del espacio, o Carretera Perdida), para mantener el misterio.

Pero por petición popular, al menos sí que puedo explicar los elementos más ignotos de la historia, incluyendo su final surrealista. Recuerda, solo para aquellos que hayan leido el cómic, los demás no entenderán nada.
  • La trama de los asesinatos de prostitutas es parte un ritual llevado a cabo por una secta de adoradores de criaturas extraterrestres (camuflados bajo las apariencias de Gordon y la Muñeca, como se revela al final) con el que devolverles su poder, y así destruir el mundo y regresar a su planeta. Esta historia, que así contada puede parecer descabellada, está inspirada en los Mitos de Cthulhu, el ciclo de relatos de terror de H.P. Lovecraft, uno de mis autores favoritos. Los alienígenas en cuestión son los Hongos de Yuggoth (también llamados Mi-Go) de los relatos de Lovecraft.
  • El asesino es Kallow, y los crímenes que ayudaba a resolver, incluyendo los brutales asesinatos que aparecen en esta historia, los cometió él. Respecto a si tenía realmente poderes para revivir muertes, o era solo su subconsciente el que los reconstruía, lo dejo al lector. Según yo, sería lo segundo. Pero como me señaló Enric Pujadas en calidad de “lector de prueba”, entonces no habría podido ver morir a nadie en el metro. Así que supongo que sí, que realmente debería tener poderes. Para ser sincero, a mí esos detalles me daban un poco igual.
  • Porque en realidad, todo lo que sucede en este cómic, es parte de una fantasía de Jennifer, una realidad construida por ella a partir de sus miedos, obsesiones y traumas. En varias ocasiones, Jennifer edita un documento en su ordenador, dónde originalmente iba a aparecer el guión de lo siguiente que sucedía en el cómic: por ejemplo, la primera aparición de Kallow y Marcia en el bar. Luego me di cuenta de que esto era demasiado obvio, y además Grant Morrison ya lo hizo en otro cómic, así que finalmente dejé el documento en blanco.
  • La ciudad en la que transcurre la acción es, como anuncia el primer texto del comic, el infierno. O al menos es el infierno de los personajes de cómic. Y tal y como explica el chiste de la piscina de mierda como metáfora, esta historia es un descanso para el personaje de Jennifer, que fue torturada y asesinada a manos de los Hijos de la Oscuridad, y ahora vuelve a vivir por unas semanas, según el guión que ella misma escribe.
  • De hecho, el principio y el final de la historia transcurren en el Limbo, al menos el Limbo de los personajes de ficción, ese espacio entre sus historias, y que quise representar como las “calles” entre viñetas, pero que finalmente se quedó en los pasillos que recorre Jennifer en el último capítulo, hasta que abre la puerta que le lleva a encontrarse con los cuatro misteriosos personajes que se sentaban alrededor de la mesa al principio.
  • Los personajes de Kallow, Harris, Luke y Henry (el tipo misterioso del flequillo) son las versiones remasterizadas de mis antiguos superhéroes, los Matones de la Ley. Pero los cuatro individuos que aparecen en el prólogo, y con los que que Jennifer se encontrará al final, son los originales (“estas no son las personas que tú recuerdas”) en su última aparición antes de dejar de existir para siempre, y que serían los guionistas, junto con Jennifer (en su documento en blanco) de esta última aventura: una metáfora de cómo mis personajes han llegado a tener vida propia, y a decidir su propio destino. El cuaderno que aparece sobre la mesa en el plano cenital de la página 3, es en realidad donde yo empecé a escribir esta historia hace más de 20 años.
  • En este espacio entre la ficción y la no-existencia, los personajes no “existen” excepto para el Autor, el Dios o Demiurgo de su creación. Que soy yo. Y hago mi aparición estelar en el clímax del relato, tanto en forma de ectoplasma (como me representó Jaume Albertí en un comic de nuestra época más casposa, “Ludus Interfector”) como en mi aspecto actual. La idea del personaje que se encuentra con su creador se la robé vilmente a Grant Morrison (en su genial historia “Deus Ex Machina”, epílogo a su etapa en Animal Man).

Y así es como, finalmente, se cierran más de 30 años de historia de mis primeros personajes, que sólo han existido durante mucho tiempo en mi cabeza, y que al final pueden descansar en paz, y yo con ellos. He tenido esta historia en mi cabeza durante toda mi vida adulta, y ha llegado la hora de despedirse. “Es hora de volver abajo”, digo al final. Adiós, Kallow. Adiós, Harris, Luke y como-te-llames. Y hasta siempre, querida Jennifer. Ahora por fin, sois inmortales.
M.A. Garcías
Barcelona, Mayo 2014

3 nov 2013

Into the Void

Today I have a special treat for you. As part of an online course on comics and graphic novels I've been following on Coursera, I had to create a minicomic, embodying the concepts about graphic narrative and page composition covered in the course. The actual pictures were'nt that important, and I didn't have much time, so I chose the cartoon style I've been using in my personal blog for years. And here's the 6-page story (and a cover) for you to read and (hopefully) enjoy. It's my first script directly in English so excuse any misspellings.

Traducción al español: esta vez no, amigo. Usa Google. O aprende inglés, que ya va tocando.











27 oct 2013

Viejo antes de tiempo / Old before my time

(see English translation below)

Para todos aquellos que hayan tenido la oportunidad de disfrutar (o padecer, que de todo habrá) mi novela gráfica, tal vez se habrán percatado de un cierto número de anacronismos que pueblan sus páginas: ordenadores con enormes pantallas; máquinas de escribir; televisores de tubo con pantalla estrecha; teléfonos con cables; cabinas telefónicas; fotografias en papel; señores con sombrero. Vale, con esta última excepción (que era tan anacrónica cuando empecé el cómic como lo es ahora) mi comic, publicado este año 2013, parece transcurrir en un mundo sin Internet ni teléfonos móviles ni cámaras digitales ni pantallas de plasma.

Estos días estoy trabajando en la preproducción del número 5 de Huérfanos y he vuelto a tener esa misma sensación de obsolescencia: en la primera página del comic, un personaje se comunica con otro a través de Internet (en eso hemos avanzado)... usando el MSN Messenger! Como todos mis lectores sabrán, la aventura de Huérfanos (el comic) empezó en el año 2001, y la historia de los Huérfanos (los personajes) transcurre alrededor de ese año. El problema es los cuatro primeros números de la serie tardaron 10 largos años en publicarse, y para entonces el mundo había vuelto a dar un salto adelante, mientras nuestros personajes, y el mundo en el que viven, se quedaba atrás en el tiempo. Y así, la historia (exterior) de mi novela gráfica se repite, y para mantener la consistencia de la historia, Huérfanos ha acabado por convertirse en un comic de ambientación retro, en apenas 12 años.

Siempre he pensado que los comics, como cualquier otro arte, tienen una historia dentro y otra fuera, y que estas dos historias están relacionadas de algún modo, no siempre evidente. Ya es de todos conocido que varios elementos de mi novela gráfica proceden de experiencias personales [1], y lo mismo puede decirse de Huérfanos [2]. No debe resultar extraño por tanto que un comic concebido a lo largo de tantos años termine arrastrando en su realización varios elementos que hoy estarían completamente obsoletos.

Pero esto, que puede resultar anecdótico, tiene tan solo un inconveniente: cuesta mucho más documentarse sobre el terreno cuando se trata de lugares y elementos gráficos del pasado; sin ir más lejos, una escena tenía que transcurrir en una tienda que en el 2001 ni siquiera existía. Pero a cambio tiene una enorme ventaja: la de capturar ese tiempo pasado, de forma que a través de su lectura vuelva a ser real para el lector. Aunque los elementos superficiales puedan haber envejecido, la historia y los personajes han de mantener el interés, y así el relato se vuelve intemporal. No importa qué versión de messenger usen nuestros personajes, sino lo que escriben en él.

Huérfanos nació con vocación de convertirse en una (pequeña) obra de culto, y como tal contamos con su capacidad para resistir el paso del tiempo. Como mi novela gráfica, Huérfanos contiene muchas historias, dentro y fuera de cada comic, y este capítulo 5 será buena prueba de ello. Y como todo buen libro, pedirá la colaboración de sus lectores en recrear la época en la que suceden los hechos, pero sus historias seguirán alimentando la imaginación de las futuras generaciones, desde sus mundos anacrónicos.

Pero eso sí: a nuestros lectores, presentes y futuros, les suponemos la inteligencia, pero sobre todo la cultura. Una cosa es que haya que explicarles a los futuros lectores de comics del pasado quiénes eran Epi y Blas [3], o cómo se vivía sin teléfonos móbiles, y otra cosa es que llegue a haber lectores a quienes los nazis de Maus les resulten tan ficticios como Darth Vader y el Imperio Galáctico. Aunque el mundo vaya en esa dirección, nosotros nos mantendremos firmes: mis comics, nuestros comics nunca serán aptos para idiotas.

[1] como contaré en un futuro artículo en este blog.
[2] consultar la sección “Sabías que...?” en la web oficial de Huérfanos.
[3] o Eddie y Bart, como les llamé en mi comic para evitar problemas legales.

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For those who had the chance to enjoy (or suffer, whatever the case) my graphic novel, you may have notices a few anachronisms across its pages: computers with huge screens; typewriters; tube TVs with a narrow screen; telephones with wires; paper photographs; men with hats.
Ok, maybe with the latter exception (which was as anachronistic when I started the comic as it is now) my comic, published in this year 2013, looks like it happens in a world with no Internet, no mobile phones, no digital cameras or plasma TVs.

These days I've been working in the pre-production of the 5th issue of Orphans, and I've had that same feeling of obsolescence: in the first page of the comic, a character talks to another through the Internet (we've improved in that) -- using MSN Messenger! As my readers surely know, the adventure of Orphans (the comic) began in 2001, and the story of the Orphans (the characters) happens around that year. The problem is, the first four issues of the series took 10 years to complete, and by then the world had already taken a leap forward, while out characters, and the world they live in, stayed behind in time. Thus, the (outside) story of my graphic novel repeats itself, and to keep the story consistent, Orphans ended up as a comic in a retro settings, in just 12 years.

I've always thought that comics, like every other art, have a story inside, and another one outside, and that these are both connected in some way, not always an obvious one. It's a known fact that several elements in my graphic novel come from personal experiences [1], and the same can be said of Orphans [2]. It can't be strange that a comic that took so many years to complete happens to carry in its making several elements that today would be totally outdated.

But this, that can be anecdotal, has but one inconvenience: it's much harder to get references on the field when places and graphic elements come from the past. So for example, a scene was set in a store that in 2001 didn't even exist. But it has, in return, a big advantage: capturing the time past, so that it can be become real again for the reader. Even though superficial elements may become old, the story and the characters remain interesting, and so the tale becomes timeless. No matter what version of messenger the characters use, what counts is what they write on it.

Orphans was born with the purpose of becoming a (small) cult piece, and so we rely on its ability to stand the test of time. Like my graphic novel, Orphans contains many stories, inside and outside each comic, and this 5th chapter is proof of this. And like any good story, it will ask the cooperation of readers to recreate the time in which the events take place. But the stories will keep feeding the imagination of future generations, from its anachronistic world.

But one thing is true: we expect our readers, current and future, to have intelligence, but mostly to have culture. One thing is explaining who were Ernie and Bert [3] o how was life without a mobile phones, another one would be having readers who find the nazis in Maus as fictional as Darth Vader and the Galactic Empire. Even though the world may follow that path, we'll stand firm: my comics, our comics, will never be suitable for idiots.

[1] as I will explain in a future post in this blog.
[2] read the section “Did you know--?” in the official Orphans website.
[3] or Eddie & Bart, as I called them in my comic to avoid legal problems.

15 ago 2013

Bienvenidos al infierno - Welcome to Hell

(find english version below)

Bienvenidos al infierno - Una piscina de mierda en el idem

Una piscina de mierda en el infierno es mi primera obra como autor completo de guión y dibujo. Es por eso que tengo la ocasión de presentarla con una mezcla de orgullo y remilgo. Orgullo porque se trata de un proyecto acariciado durante años y que supone la culminación de un proceso de crecimiento como artista, así como mi carta de presentación ante lectores que me descubren como autor por primera vez. Pero también me hace sentir un cierto pudor ante la reacción que esta obra puede despertar, porque no se trata de una lectura especialmente edificante, más bien al contrario.

En enero de 1993, cuando acababa de cumplir 18 años, decidí que quería hacer “algo” con mi incipiente carrera de dibujante de cómics aficionado. Algo grande, pensé, más grande que el resto de cómics que había dibujado hasta entonces. Y también algo adulto, porque para eso ya era mayor de edad y quería que se notara. Pero sobre todo, quería hacer algo que nadie hubiera hecho antes. Y como cualquier aficionado sabe, hacer algo que nadie haya hecho antes, en cualquier medio, es siempre una tarea complicada. Primero, porque han sido muchos los que han arado antes ese campo, y lo más importante, porque la capacidad de innovar genuinamente, en cualquier género, es un privilegio reservado a unos pocos, a quienes normalmente llamamos genios.

Contaba con dos factores cruciales para conseguir cumplir con mis tres propósitos. Uno, la de dibujante no era mi carrera profesional, así que no dependía de las leyes o exigencias de ningún mercado ni editor (mi núcleo de lectores habituales se reducía más o menos a dos) así que tenía toda la libertad que pudiera desear. Y en segundo lugar, aquel era mi proyecto, así que tenía todo el tiempo que necesitara para hacerlo.

Por supuesto, no esperaba que me llevara 20 años llevar a cabo aquella idea, ni que mis circunstancias serían tan distintas a aquellas en las que lo empecé. Y desde luego, no pensé que en la fecha de publicación, mayo de 2013, mi público se hubiera ampliado y diversificado tanto. Es por ello que ahora me siento en la obligación de explicar a los lectores que jamás esperé tener, de qué se trata este cómic, y por qué es un éxito tan importante para mí haberlo terminado.

“Una piscina...” es, en la superficie  una historia de crimen y misterio, ambientada en una ciudad sin nombre, en la que se cruzan las historias de dos personajes muy diferentes: Jennifer Lennox, una joven oficinista con amnesia; y Stephen Kallow, un rudo detective a la caza de un sádico asesino en serie. Si sólo se tratara de esto, posiblemente esta obra no pasaría a la historia por su originalidad, y mi objetivo de hacer algo único y original no se habría cumplido. Pero mi propósito con este cómic no tiene tanto que ver con la historia que cuenta como por mi propia búsqueda de una identidad como autor de cómics.

Esta novela gráfica (término que yo desconocía en 1993 pero que ha terminado por ser el que mejor la describe) es mi primer trabajo como autor completo de guión y dibujo. Viniendo de alguien que nunca se ha propuesto ser guionista, y que jamás ha asistido a clases formales de narrativa o ilustración, se trata de un reto considerable. Más aún cuando la obra se extiende a lo largo de 188 páginas, en la que se despliegan varias lineas argumentales (incluyendo un linea temporal separada) y cuyo relato transcurre, por decisión propia, a lo largo de 23 días consecutivos, con las limitaciones que ello impone en la secuencia de acontecimientos. Y todo ello, sin usar un solo texto de apoyo, ni bocadillo de pensamiento, ni lineas cinéticas, y apenas dos textos onomatopéyicos en todo el cómic  Tan solo un sucinto título al inicio de cada episodio señala el comienzo de un nuevo día.
Este comic, por tanto, no tiene nada que ver con “La Canción de la Lluvia”, en la que, con guión de Jaume Albertí, pude atenerme en mayor o menor medida a las convenciones narrativas del relato de aventuras. Ni por supuesto con “Huérfanos”, en la que Enric Pujadas y yo nos impusimos deliberadamente el formato de episodios de 22 páginas característico del comic-book americano (aunque la historia no encaje exactamente en los patrones del mismo). En “Una piscina de mierda...”, no sentía la necesidad de asumir las convenciones de ningún género, y en todo caso no había tenido ocasión de dibujar, ni apenas leer, cómic de serie negra, así que todas las posibilidades estaban abiertas.

Mi cultura de cómic es mucho más limitada que la de cine, así que fue de este medio de donde saqué mis principales referencias narrativas, sobre todo de mis admirados David Lynch, Martin Scorsese, los hermanos Coen, y clásicos como Alfred Hitchcock, Fritz Lang y Akira Kurosawa. Aunque he intentado que el cómic reflejara mi estilo particular, no puedo dejar de reconocer la influencia de los maestros. En particular, me he podido permitir dilatar el tiempo en varias secuencias sin diálogo, algo que en mis trabajos anteriores no me fue posible, por ajustarme a unas restricciones de espacio.

Mención especial merece el tono oscuro, sórdido, definitivamente adulto de la historia y en varias escenas concretas que (soy consciente) darán que hablar. Siempre me ha despertado una especial fascinación el lado oscuro de la realidad, los secretos y misterios, lo oscuro y lo sórdido, y esta era una obra donde tenía permiso para reflejar esa visión menos amable. Sé que el recurso al desnudo, el sexo y la violencia cruda es fácil para apelar al lector más adulto, o escandalizar al más remilgado. La verdad, asumo que mis lectores son lo suficiente maduros como para gestionar los contenidos más controvertidos, y en todo caso se trata de una opción estética consciente. El tono del cómic  y su capacidad para crear una atmósfera que cree cierta aprensión en el lector, no habría sido la misma sin ellas, y en todo caso, se concentran en unas pocas secuencias concretas. Y como contaré algún día, algunas de las escenas más “fuertes” no entraron en la obra por capricho, sino por catarsis.

Es por eso que presento esta obra con los mismos reparos con los que uno se expone en público, sin estar seguro de la reacción que va a despertar, pero con una convicción: la de que esta obra es el resultado de años de esfuerzo y de tomarme en serio mis propias ideas, sin importar a dónde tuviera que llegar para defenderlas. Es por eso, que sin importar el nivel de absurdo, violencia o vulgaridad al que exponga al lector, esta obra surge de un sentimiento noble: el cariño hacia ese joven de 18 años que un día imaginó que él podría dibujar cómics igual que los autores a los que admiraba.

Y esto es todo, más o menos, lo que podréis encontrar en esta piscina de mierda: una historia criminal, una búsqueda de estilo, un ánimo de provocar e inquietar, la consolidación de mis habilidades como dibujante de cómics (si no como guionista) y el haber alcanzado los tres propósitos que me marqué hace ya 20 años: es mi cómic más extenso, complejo y ambicioso, más que todos mis demás trabajos juntos; es mi primera gran obra de madurez, que ha crecido y ganado en solidez a la vez que crecía mi experiencia como narrador; y por último, finalmente he conseguido algo que no ha hecho antes nadie a quien yo conozca: dedicar la mitad de mi vida a un proyecto que he ido abandonando y retomando en los momentos clave de mi vida, y del que al final, ninguna fecha de entrega o editor ha sido el responsable de su culminación: solo mi voluntad de compartir con todo un nuevo (y de momento, reducido) grupo de lectores la evolución de mi carrera personal y artística, y el premio a muchos años de dedicación.

M.A. Garcías
Barcelona, Agosto 2013

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Welcome to Hell – A Pool of Shit in Idem.

A Pool of Shit in Hell is my first work as a complete author of both story and art. That's why I have the chance to present it with a mix of pride and embarrassment. Pride for this is a long-cherished project, and the peak of my growth as an artist, as well as my cover letter to readers who hear about me for the first time. But it also makes me feel ashamed by the reaction they can have towards this work, because it's not an edifying reading, quite the contrary.

In January 1993, when I just turned 18, I decided to do “something” with my incipient career as an amateur comics artist. Something big, I thought, bigger than anything I had drawn until then. And something adult too, because I was all grown up now, and I wanted it to show But most of all, I wanted to do something no one had done ever before. And, as any good connoisseur knows, doing something that no one has ever done before, is always a hard task. First, because that's a path many have treaded before, and most importantly, because the ability to genuinely innovate, in any field, is a privilege reserved to a few, to whom we use to call geniuses.

I was counting on two key factors to accomplish my objectives. One, being an artist was not my professional career, so I didn't depend on laws or demands of any market or published (my core group of readers amounted to approximately two) so I had all the freedom I could've wanted. Furthermore, tat was my project, so I had all the time I could've asked to complete it.

Of course, I never expected it to take me 20 years to carry out that idea., or that my circumstances would be so different to the ones from where I started it. And surely, I never thought that on the publishing date, May 2013, my readers would be so many and so diverse. That's why now I feel I have to explain to those readers I never expected to have, what this comic is all about, and why it is such an important success for me to finish it.

“A Pool...” is, at first sight, a story of crime and mystery, set in a nameless city, where the lives of two very different character cross: Jennifer Lennox, a young office girl with no memories; and Stephen Kallow, a tough detective chasing after a vicious serial killer. If this was all there is to it, this work would never probably go down in history for originality, and my original attempt at creating something unique and original would've never been accomplised. But my purpose with this comic has less to do with the story it tell, but more with my own search for an identity as a comics author.

This graphic novel (a term I didn't know in 1993, but which has ended up being its best description) is my first work as a complete author of both story and art. Coming from someone who never intended to become a writer in the first place, and who's never attended formal classes on visual narrative or illustration, that's quite a challenge. Even more so when the book covers 188 pages, with several storylines (including a different timeline) and a story that takes place over 23 consecutive days, with the constraints that imposes on the sequence of events. And to top that, without using a thought balloon, motion lines, and only two onomatopoeic texts in the whole comic. Only a short text at the start of each chapter marks the beginning of a new day.

Therefore, this comic has nothing to do with “La canción de la lluvia” (“The Rain Song”, story by Jaume Albertí) where I could more or less follow the narrative conventions of the adventure genre. And certainly not with “Huérfanos” (“Orphans”) where writer Enric Pujadas and I deliberately set for ourselves the 22-page episodic format characteristic of American comic-book (even though the story doesn't quite fit in its standards). In “A Pool...” I didn't feel the need to fit into the conventions of any genre, and anyway I hadn't had the chance to read, or barely read, comic noir, so all options remained open.

My comic culture is much more limited than my movie culture, so movies were my main source of narrative references, especially my admired David Lynch, Martin Scorsese, the Coen Borthers, and classics such as Alfred Hitchcock, Fritz Lang and Akira Kurosawa. Even though I've tried to make the comic to reflect my personal style, I can't but recognize the influence of the masters. In particular, I've had a chance to dilate time in several dialogue-free scenes, something I couldn't do in previous works, in order to adjust to space constraints.

A special mention for the somber, sordid and certainly adult tone of the story, and several specific scenes which (I'm aware) will make people raise their brows. I've always felt fascinated by the dark side of real life, the secrets and mysteries, the dark and the sordid, and this was a work where I had permission to explore that not-so-kind view of the world. I know nudity, sex and raw violence are easy resources to get to the more adult reader, or shock the more prim. To be honest, I consider my readers to be adult enough to handle the most controversial content, and it's a conscious choice anyway. The tone of the comic, and its ability to create a certain atmosphere that makes the reader feel apprehensive, wouldn't have been the same without them, and they are located in a few specific scenes anyway. Furthermore, some day I'll explain that some of the most “intense” images made their way into the story not on a whim, but for the purpose of catharsis.

That's why I hesitates to present this work just as I would by exposing myself in public, with no certainty of what kind of reaction is going to get, but with a belief: that this is the result of many years of hard work, of taking my own ideas seriously, no matter what I had to do to stand up for them. That's why, no matter what level of absurdity, violence or crudity the reader may be exposed to, this work comes from a noble feeling:the sympathy for that 18-year old guy who one day imagined he could draw comics like the ones created by his most admired authors.

And that's, pretty much, what you can find in this pool of shit: a criminal story, a search for a style, a mood to provoke and disturb, the consolidation of my skills as a comics artist (if not as a writer) and having accomplished the three objectives I set for myself 20 years ago: it's my longest, most complex and ambitious work, more than all my other comics together; it's my first great mature job, which has grown and gained in strength along my experience as a storyteller; and last but not least, I finally got to do something no one I know has ever done: spend half of my life to a project I've been leaving and returning in the key moments of my life, that in the end, no publisher or deadline was responsible for my finishing it: only my will to share with a whole new (and rather small at the moment) group of readers the result of the evolution of my personal and artistic career, and the prize to many years of hard work.

M.A. Garcias
Barcelona, August 2013

15 may 2013

Presentación: Una novela gráfica en el infierno

Anuncio importante para todos mis lectores: mi novela gráfica "Una piscina de mierda en el infierno" ya está terminada y a punto de publicarse a través de Lulu.com. Mientras esperáis a que se haga oficial el evento, dejadme compartir con vosotros un texto de presentación que escribí hace 9 años, cuando según mis cálculos me quedaba poco tiempo para terminarla. Disfrutad un rato de mi ingenuidad juvenil mientras hacéis boca para la obra, que muy pronto podréis tener en vuestras manos.

Que lo disfrutéis,

M.A.


Una chica vuelve a la ciudad de un viaje del que no recuerda nada. Un detective empieza a investigar una serie de asesinatos. Unos días más tarde, la vida de ambos personajes se cruza, para descubrir que los misterios que les rodean parecen formar parte de la misma oscura trama. Este es el argumento de Una piscina de mierda en el infierno, una novela gráfica que relata 23 días en la vida de estos dos personajes, y de la ciudad en la que viven.

En realidad, no puedo empezar a explicar de qué trata Una piscina… Se trata de una obra de gestación tan larga y compleja que tratar de resumirla aquí sería contraproducente. Solo puedo contar que la historia ha cambiado radicalmente desde el concepto original, y que a partir de un cierto momento, aquella historia, y aquellos personajes, sobre los que pensaba que tenía control, tomaron vida propia. La historia se escribía prácticamente sola, los personajes empezaban a actuar por su cuenta, y yo me encontraba allí tan solo para narrar lo que ellos me dictaban. No puedo decir como será la experiencia de leer este cómic, pero la de crearlo ha resultado reveladora. Como casi todas las cosas grandes (en tamaño, si no por otra cosa), esta empezó como un proyecto pequeño. De hecho, en aquella época era un cómic de superhéroes. Con vocación de profundo y trascendente, pero de superhéroes. Pero esa idea se quedó en el camino hace mucho tiempo. A medida que desarrollaba la historia, la trama original perdía importancia, y solo unos pocos personajes se seguían resistiendo a participar, así que finalmente decidí prescindir de mi primer argumento (una intriga criminal algo enrevesada y no especialmente verosímil) para centrarme en lo que aquellos personajes tenían que contar.

El desarrollo de esta historia alcanzó un punto muerto varias veces antes de que fuera capaz de encontrar una salid. Dos momentos fueron claves para este proceso, sin los cuales el guión no habría sido el que es ahora. El primero, el chiste que ha acabado por dar título al volumen, y que me dio la clave para terminar de cohesionar la historia y sobre todo me proporcionó el final que se me había escapado durante mucho tiempo. El segundo, hace cinco años, se produjo tras mi regreso de una breve experiencia en una gran ciudad, Madrid, que en aquel momento me resultó tan hostil como la que aparece en mi historia, y de un colectivo de gente, la comunidad gótica madrileña, que me regalaron sin saberlo los elementos que me faltaban para redondear el relato. Estas aportaciones fueron fundamentales para rellenar los huecos y para sentar definitivamente el carácter de la obra.

Pero han pasado cinco años desde entonces, y en ese tiempo he sido influido por otros, importantes cambios en mi vida, personal y artística, que han acabado de hacer posible que hoy, finalmente, empiece la realización definitiva de esta obra inmensa. Visto desde el presente, no puedo imaginar haber hecho la obra en ningún otro momento, ni durante los primeros años de su gestación, ni hace cinco años tras completar el guión. Sencillamente, las circunstancias de aquellos momentos no habrían sido las adecuadas para poder afrontar un reto de estas características.

Una piscina… no es solo una historia, es también un estado de ánimo y un manifiesto. Un estado de ánimo, porque retrata mi visión, oscura y cruel, de toda una época de mi vida. Un manifiesto porque, como dibujante, no suelo tener muchas oportunidades para expresarme con palabras e historias, y dentro de mis limitaciones como guionista he tratado de contar solo una historia que pudiera manejar y con la que me sintiera seguro. Muchas situaciones y personajes en Una piscina… ya forman parte de mi memoria. Algunas, porque después de tanto tiempo levantando una obra, los personajes terminan por resultarte viejos amigos. Otras, porque las he conocido personalmente, o me han sido contadas de primera mano.

Por tanto, se puede decir que esta es una obra personal. Pero no se trata de ninguna confesión, ni tiene elementes autobiográficos. Es sobre todo una historia de ficción, aunque tenga detalles sacados de mi experiencia. Hay en esta obra referencias, muchas y variadas, algunas reconocibles, otras más sutiles, otras totalmente herméticas. Entre las referencias más evidentes se encuentra la obra de David Lynch, la película de los hermanos Coen Barton Fink, o la historia real de Jack el Destripador. Las menos evidentes proceden de mi experiencia personal o, las más oscuras, de mis comics de juventud, o de versiones anteriores de la historia: elementos dispersos que han quedado como testimonio de la historia que rodea al cómic desde fuera.

Podría hablar de este cómic mucho tiempo: ha ocupado, en mayor o menos medida, casi la mitad de mi vida, y aún ocupará mucho tiempo hasta que logre completarlo. Una tarea que se anticipa larga, accidentada, y llena de dificultades, pero que no puedo esperar a comenzar. Tengo algo de miedo, ya que una obra de este tamaño (se aproxima peligrosamente a las 200 páginas) siempre impone un respeto al artista más indómito, pero sobre todo tengo miedo de que la historia que he leído y removido mil veces en mi cabeza, donde todo tiene perfecto sentido o, por lo menos, razón de ser, no le interese a nadie. Pero para esos miedos ya es algo tarde: Una piscina de mierda en el infierno empieza su proceso de montaje final, y después de tanto tiempo ya no hay vuelta atrás. Nunca 23 días fueron tan largos e intensos.


M.A. Garcías
Palma de Mallorca, 29 de agosto de 2004

8 dic 2010

La canción de la lluvia - work in progress

Texto de presentación de la edición especial 15 aniversario de La Canción de la Lluvia, escrito por Jaume Albertí, guionista y sin embargo amigo - aunque se pase todo el panegírico llamándome pardillo. Esta edición se ha retrasado por problemas técnicos pero estará disponible muy pronto. Os mantendré informados.



10 sept 2010

Huérfanos 4


Huérfanos número 4. "Crueldad y la Bestia"

Guión: Enric Pujadas - Dibujos: M.A. Garcías

El número 3 de Huérfanos se publicó en Noviembre de 2003. En aquella época, y debido a mi agitada actividad profesional, para mí era normal dedicar entre 6 y 9 a dibujar un cómic de 22 páginas. Después de todo, Huérfanos surgió como una oportunidad de desarrollar lentamente una trama y unos personajes, así como una oportunidad de aprendizaje tanto para mí como para mi guionista, y sin embargo amigo, Enric Pujadas.

Lo que nunca habría podido imaginar era el largo e inesperado camino que yo tendría que recorrer, tanto personal como profesionalmente, para llegar a este número 4, que hoy finalmente ve la luz, al menos en su versión digital, después de casi siete años desde el anterior. La columna que acompaña a este número se escribió en Junio de 2004, y hasta tres veces había anunciado, y pospuesto, su finalización y publicación, por motivos profesionales.

Y sin embargo, nunca dudé de que algún día, no sabía cuándo, ni cómo, ni dónde, Huérfanos 4 vería la luz. Y aún me atrevo a decir más: no importa cuánto tiempo lleve, no tengo ninguna duda de que el resto de episodios que Enric y yo teníamos planeados seguirán haciendo acto de aparición, y de hecho la producción del número 5 ya ha comenzado.

Si una cosa he aprendido durante estos 7 años, y en particular durante este último, es que los sueños, cuando realmente crees en ellos, nunca mueren. O al menos, como las hadas, sólo mueren si dejas de creer en ellos. Así fue como hice realidad mi sueño de infancia de trabajar desarrollando videojuegos. Así fue como dibujé la novela gráfica cuyo proyecto comenzó hace más de 15 años. Así es como en unas pocas semanas aparecerán publicadas mis primeras ilustraciones. Y así es como después de todo este tiempo, el proyecto de Huérfanos sigue vivo.

Estoy especialmente orgulloso de este número 4, por razones artísticas: por lo que he crecido como dibujante a lo largo de su desarrollo, algo que incluso se nota en la evolución del estilo. Pero también por razones personales, porque Ismael, el sádico narcotraficante gótico que se presenta en este número, integra algunos de los personajes y experiencias que recuerdo de mi experiencia conviviendo con siniestros en Madrid, y creo que Enric ha logrado capturar la esencia de ese contexto en su historia.

Estas escasas 22 páginas nunca lograrán compensar la larga espera, pero para mí la continuación de de esta historia, a tanta distancia en años, kilómetros y experiencias de donde la dejamos pendiente, representa toda una hazaña.

Y ahora, lo que tocará comprobar es si se cumple una vieja norma no escrita de la auto-publicación: que aquellos que logran superar la barrera de los cinco primeros números son los que siguen adelante, y los demás los que se quedan por el camino.

Podéis apostar a que lo logramos. Y que algún día, leeréis las historias de estos personajes en tomos impresos. Porque no pararemos hasta lograrlo.

Mientras, y como dice Lita al final del número: "Esto ya está terminado."