5 jun. 2017

Huérfanos 6


Han pasado dos años (¡dos años!) desde que publicamos el quinto número de nuestra serie Huérfanos, y con él también el primer volumen recopilatorio de esta colección. Dos años durante los que a sus autores nos han pasado muchas cosas, unas mejores que otras, y durante los cuáles sin duda hemos aprendido mucho. Enric ha estado poniendo en marcha varios proyectos de cómic en colaboración con diversos artistas - de los que no tengo ninguna duda que volveremos a oír a hablar - y ha terminado un libro. Yo personalmente he estado trabajando desde hace ya bastantes meses en un guión para otro proyecto, y como ya es sabido, he estado cursando (por primera vez, a mis 42 años) estudios de cómic en la escuela Joso de Barcelona.

Pero si habéis estado siguiendo mi progreso a través de Facebook o Instagram, habréis comprobado que (además de leer montones de cómics) he estado trabajando lenta pero incansablemente en este sexto número de Huérfanos, que ahora por fin ve la luz, más o menos un año más tarde de lo que había planeado. Me ha sabido especialmente mal el retraso dada la calurosa acogida que tuvimos en Gotham Comics de Palma, rodeados de nuestros fans, amigos y familia, en la presentación de nuestro volumen 1. Sin duda fue la mejor recompensa a 15 años de esfuerzo por sacar este proyecto adelante, y nos gustaría recompensar a nuestros fieles seguidores con una mayor regularidad, pero por desgracia esto no es (aún) posible.

Si 3000 personas se pusieran de acuerdo para aportar cada una 5 euros, yo podría dejar de trabajar durante unos cuantos meses y retirarme a mi cueva / estudio a dibujar entre 4 y 6 números nuevos sin morir de inanición. Desafortunadamente no contamos aún con esa clase de afición así que de momento tendréis que conformaros con esta imperfecta periodicidad bienal para cada número de 22 páginas. A este ritmo estaremos todos jubilados para cuando lleguemos al final de la historia, así que esperamos encontrar una fórmula más satisfactoria para todos.

Como proyecto para este verano me he propuesto empezar a enviar muestras selectas de este cómic a diversas editoriales, con la esperanza de que alguna de ellas se muestre interesada en el proyecto, o en mis habilidades como ilustrador. Por alguna razón, tengo la sensación de que ese día está más cerca - y no es que ningún editor se haya puesto en contacto ni nada; simplemente me parece inevitable que suceda, si lo seguimos intentando lo suficiente. Leo muchísimos cómics (por si no se había notado) como para saber que mucho peores ideas han llegado a término.

Pero esto no es de lo que quería hablar hoy sobre el Huérfanos 6 (que podéis leer online de forma completamente gratuita aquí arriba).

Quería hablar de por qué NO deberíais leerlo.

Lo más importante de todo lo que he aprendido en mis dos cursos de cómic, es a tener criterio. A saber leer mis propios cómics con ojos de lector, y no de autor. A poner distancia entre lo que dibujas y tu percepción, como para saber cuándo la has pifiado.

Así es como he aprendido que en este cómic el punto de vista varía demasiado poco, mi “cámara” está casi siempre a la misma distancia de los personajes. Como el tamaño relativo de mis figuras es a menudo el mismo dentro de las viñetas, como a mis planos de situación les falta sensación de lugar, y los personajes parecen estar poco integrados con los fondos. Como mis líneas de tinta no tienen la variación correcta para dar la adecuada sensación de volumen, y a mis composiciones de página, y de viñeta, les faltan masas de negro suficientes como para crear atmósfera. Como mis tramas de tinta son poco definidas y ensucian el dibujo. Como a mis personajes les falla la construcción de la figura, tienen rasgos faciales inconsistentes, y sus poses son poco creíbles, o forzadas, o anatómicamente dudosas. Y como es público y notorio, como mi habilidad para dibujar animales creíbles (y en este número hay unos cuantos más, además de Marv) deja mucho que desear.

Debe parecer raro que lo primero que aprendes en una escuela de cómic sea todo lo que has estado haciendo mal durante los 25 años que llevas dibujando. Y no solo eso, sino que además te dicen que vuelvas al principio, a lo básico, y vuelvas a aprender a dibujar a partir de ahí.

Pero es que este número de Huérfanos ha sido el primero que, por así decirlo, ha sido realizado bajo la supervisión de adultos. No es que no tenga ya suficientes canas como para entrar en esa categoría, pero como ilustrador aficionado siempre había dibujado como un niño, por instinto, sin pensar demasiado en la estructura de lo que estaba haciendo. Y eso a base de práctica ha terminado dando algunos resultados, es indudable, pero a estas alturas ya no es suficiente. Ya no se trata de pasarlo bien y hacer algo con lo disfrute y lo pueda compartir con los amigos. Si vamos a hacer esto como para que gente como vosotros pague vuestro dinero duramente ganado en lugar de gastarlo en, digamos, un cómic de Spider-Man, tenemos que daros algo que merezca la pena la inversión.

Así es como he empezado a prestar atención, no solo a mis tripas, sino a lo que leo (y si habéis estado siguiendo este blog, sabéis que leo MUCHOS cómics) sino a lo que gente con más criterio me ha recomendado. Así es como no puedo por menos que agradecer por sus valiosos comentarios a mis profesores de la Joso: Mariano De La Torre, Pere Pérez e Iban Coello; e incluso al pesado de Jaume Albertí (“en Jaume de Gotham”) nuestro ex-rotulista, editor no oficial y anfitrión de presentaciones, que ha conseguido hacer que me replanteara la caótica distribución de mis viñetas y bocadillos para facilitar la lectura - algo que siempre me resistí a hacer por pura obstinación (que es una cosa que desarrollas cuando ya tienes un trabajo remunerado en el que has de hacer un montón de cosas con las que no estás de acuerdo y dibujas cómics para poder hacer lo que te sale de las narices).

El problema es que muchas de esas aportaciones han llegado un poco tarde, y para cuando el número ya estaba prácticamente terminado, y yo con ganas de empezar otros antes que tener que ponerme a redibujar páginas. Por eso este cómic, igual que los cinco anteriores, todavía es un testimonio del largo camino que he recorrido como artista, y del aún más largo que me queda por delante.

Por suerte, cerca del final del cómic podéis encontrar estas dos viñetas, que para mí son las mejores de todo el cómic, donde cada línea está en su sitio y los personajes parecen reales.

 

Como artista, estas dos viñetas son la razón que puedo daros para leer este cómic - y la promesa de que vendrán muchas más como esas, porque ahora, cuando me salen bien, sé reconocerlas.

Huérfanos (2002-) es un cómic de fantasía y horror ambientado en Mallorca y protagonizado por jóvenes con poderes sobrenaturales. Puedes leerlo gratuitamente como webcomic en español (huerfanos.subcultura.es) y en inglés (huerfanos.webcomic.ws). Los cinco primeros capítulos se han editado en junio de 2015 en un volumen recopilatorio, que puedes conseguir a través de Lulu.com, en Gotham Comics de Palma de Mallorca, o directamente a los autores: huerfanos@hotmail.com

22 dic. 2016

Best Comics of 2016 (that I've read)

It's again that time of the year when everyone seems to know everything you should have watched and read but you missed. Hell, thanks to those lists I've been able to catch up with some of the best comics of the last few years. And since this time it is me who has been more or less up to date with many prominent (American) comics, I thought I could give one of those lists a try. Since my list would be obviously biased by my personal preference (aren't them all?) take it as such. I've split it by publisher so it's easier to compare. Here they go, in no particular order.

Image Comics

Mi favorite publisher keeps delivering on its ongoing series and trying new and bold proposals. Rick Remender added a fifth title to his already impressive roster, Brubaker & Phillips delivered their strongest book so far and fan favorites teams Vaughan / Staples and Gillen / McKelvie kept their titles on top.

My apologies yet another year for missing what are arguably some of the most interesting books in the Image catalogue, namely Southern Bastards, East of West or Black Science, while I've been lucky to discover (and enjoy) Invisible Republic, Injection and I Hate Fairyland.


8. Lazarus by Greg Rucka, Michael Lark

You can never get tired of the exploration of a dystopian future when your guide is as good as Michael Lark. This year I started to catch up on Gotham Central where this dream team first joined forces, and they remain the best of their kind at this Sci-fi / action epic with a real world warning undertone.


7. Deadly Class by Rick Remender, Wes Craig

For my taste, still the best of the Remender works at Image, reached a climax early in the year, but kept going strong after that.
Tokyo Ghost and Seven to Eternity deserve a special mention for their outstanding art, but I'm still not fully on board with the story, where Remender tends to be more preachy than necessary.


6. Bitch Planet by Kelly Sue DeConnick, Valentine De Landro

Keeping a series as engaging as this one with just three issues a year is a testament to the quality of the book. Mixing sci-fi, adventure and political commentary with a not at all subtle feminist message into one of the most powerful pamphlets currently being published.


5. Wayward by Jim Zub, Steve Cummings

This series is one of my personal guilty pleasures. None of the elements of the mix would've been of my taste (young heroes, Japanese myths, light urban fantasy) but somehow they work for me. Artist Cummings and colorist Tamra Bonvillain make it all worth it but the story keeps moving forward and surprising at every turn.


4. The fade out by Ed Brubaker, Sean Phillips

I've been a fan of the Brubaker / Phillips team since Sleeper and you should be too. The Fade Out is probably the most complex of this team's works and a delightful read for anyone who loves noir and classic Hollywood stories.
Their next project Kill or Be Killed is also great but goes back to a different kind of crime fiction that still needs to find its own place (but still a must for fans).


3. Outcast by Robert Kirkman, Paul Azaceta

I managed one more year to stay clear of the Walking Dead (maybe when the TV series ends) but from Robert Kirkman I got to test Invincible (a superhero comic definitely different) but absolutely loved this horror story, much smaller in scope than his zombie epic, but for me one of the best horror stories of the year - along with Afterlife with Archie and Sabrina. There, I said it.


2. Saga by Brian K. Vaughan, Fiona Staples

Try reading one after the other: Runaways, Y the Last Man and Ex Machina, and try to believe Brian K. Vaughan still had his best ideas to come. Saga is destined to belong in the lists of the best comics of the decade and we're so lucky to be able to watch it unfold as it's released. Probably the comic with the most elaborate plot, relatable characters and universal themes being published. And some disturbing images too, what else is new.
For Vaughan fans: Paper Girls is another great, and personal, take on the weird worlds of the author. Not as universally likable as Saga probably, but nevertheless extraordinary.


1. The Wicked + the Divine by Kieron Gillen, Steve McKelvie

I finally got around to read what has become one of my favorites of these years, the kind of comic so complex and yet so flawlessly executed I was waiting since the Invisibles or Preacher in the 90s. A must read for anyone into popular culture in any medium. Anyone into the work of Gillen and McKelvie should also definitely check their other Image project Phonogram, of which books 2 (Singles Club) and 3 (Immaterial Girl) are absolute narrative masterworks.

Marvel

I'll admit it wasn't a great year overall for Marvel, especially compared to what DC was able to accomplish when we least expected it. Their list of titles seems small despite publishing around 80 titles a month (7 Spider-Man related titles, 6 Guardians of the Galaxy, 4 Deadpool and so on). Mutant titles had a really weak year, and most classic characters suffered from the publisher effort for diversity and inclusion. On top of that, Civil War II was the most tiresome crossover event I can remember. I keep hearing terrible things about DC's Convergence, but boy this one was pointless - and is still going!

Fortunately, with 80 books in the market it was a matter of patience some were actually good. I must admit I couldn't follow some series that deserve some attention: Thor, Ms Marvel, Doctor Strange, Daredevil or Moon Girl and Devil Dinosaur, but they're on my list for next year, along with the Star Wars series I keep hearing great things about. Some series worth mentioning briefly were Old Man Logan (despite some Jeff Lemire fatigue, the guy has delivered at least three good books during the year) and Punisher (which unfortunately has become Steve Dillon's posthumous work, but an amazing one at that).


5. International Iron Man by Brian Michael Bendis, Alex Maleev

Bendis is, along with Lemire, Aaron and Soule, one of the pillars or the publisher, but of all five titles he's been penning for Marvel (plus the atrocious Civil War II) this unexpected take on Tony Stark past was the one I really loved. With a bit of old spy story mixed with the gorgeous art of Alex Maleev, the worst of it was its early cancellation and kind of rushed finale, but otherwise a really good book.


4. Moon Knight by Jeff Lemire, Greg Smallwood

Coming right after the successful reboot by Warren Ellis, I didn't know what to expect of the omnipresent Lemire taking over yet another follow-up (successfully in Old Man Logan, disastrously in Hawkeye). And yet, this series was able to find its own voice, using the character's mental issues as the excuse for some of the most surprising and playful narratives of the year.


3. Black Widow by Mark Waid, Chris Samnee

Waid and Samnee run in Daredevil is still in my to-read list, but even more so after reading the kind of exciting tale of spies these two have been telling this year. Samnee is competing for one of the best storytellers in the business and the overworked Mark Waid (also in Avengers and Archie) delivers here his strongest script this year.


2. Vision by Tom King, Gabriel Hernandez Walta

Time to be serious, this one here is another of this year's comics that will be remembered as a classic. Writer Tom King, also working on Omega Men and Sheriff of Babylon, was capable of the impossible, to make a story of a family of robots into an engaging, disturbing and yet profoundly moving tale.
And yet, why wasn't it my favorite Marvel comic of the year?


1. The Unbeatable Squirrel Girl by Ryan North, Erica Henderson

Because you can't beat Squirrel Girl (pun intended). Let me be clear, I keep talking about this book not because it's so fun (it is) or absurdly clever (it definitely is) but because it's a source of inexhaustible genius. It's also one of the most self conscious comics I read, and writer Ryan North makes no effort to hide the absurdity of it all. Of all the effort put by Marvel at all-ages, humorous books (Howard the Duck, Mockingbird, Patsy Walker AKA Hellcat) this must be the most perfect of all, suited for young and experienced readers alike.

DC

If you had told me a year ago my most anticipated comics of the week would be from DC, I wouldn't have believed you. And not just some obscure, minor titles, but stellar Superman and Batman comics themselves. This definitely has been the year when DC had to reinvent itself or become irrelevant, and their attempts at a movie universe have been so far not that great (but they kind of have been on TV). And Rebirth took the publisher back on top, not just commercially, but most importantly in the hearts of the readers. I was a DC fan since I was a kid and yet I felt little to no interest for most of their titles in the last 15 years. Now I follow around half of them with enthusiasm. Obviously not everything is awesome - the needed rotation of artists to keep the biweekly schedule makes art uneven, continuity with the New 52 remains a bit of a burden, and there's definitely some work to be done on the books aimed at teenage readers. But the overall feeling is that DC is again what DC used to be, and they have been able to gather an impressive roster of creators.

Honorary mentions go to Green Arrow, Hal Jordan and the Green Lantern Corps, Aquaman and Nightwing. I honestly had no interest in these characters prior to what Rebirth has done for them, and now they're among my favorites. Their stories capture yet again the epic and wonder these characters used to convey, and Green Arrow in particular seems to be back with the most unexpected style. I would've liked The Flash and Green Lanterns to be on this category but they miss some better character work for my taste.

Also, worth mentioning the pleasant surprise of the entire Young Animal lineup in the last few months, when I never expected to see again what Animal Man, Doom Patrol or Shade did for comics in the 90s. But here they are, and all four titles (Doom Patrol, Shade the Changing Girl, Cave Carson has a Cybernetic Eye, Mother Panic) are already on my most anticipated every month and surely will make next year's list.


6. Omega Men by Tom King, Barnaby Bagenda

Second appearance of Tom King on this list, a space epic that caught us all by surprise. Less than minor characters that I hadn't heard of for more than 20 years were suddenly at the center of a political intrigue with no-so-subtle nods at real world conflicts. I'm thinking King pitched a kind of Guardians of the Galaxy but delivered a dark sci-fi tale. Some compared it to Watchmen. It's probably too much, but it's still that level of good.


5. Prez by Mark Russell, Ben Caldwell

After an obscure miniseries in the 70s and a homage in the pages of Sandman, this tale of a teenage girl who accidentally becomes president of the US is a satyrical take on real world politics, economics and media... and mostly everything else. More necessary than ever after the troubling results of last November election, it's an apparently small book that deserved some more attention - and definitely more than 6 issues! Please bring it back!


4. Wonder Woman by Greg Rucka, Liam Sharp

When I heard Rucka and Nicola Scott were teaming up for Wonder Woman, I was sad because their Black Magick was one of my favorite Image books. So I decided not to read it until Black Magick is back, but instead I read the other half of the deal, the gorgeously illustrated The Lies. Not only this one of the best looking comics on the shelves, it also manages to survive the burden of the New 52 Wonder Woman, which I'm not really familiar with. And the mysteries have only begun to unfold.


3. Superman by Peter J. Tomasi, Patrick Gleason, Doug Mannie, Jorge Jiménez

Apparently I was the only fan of Patrick Gleason's short run on Robin Son of Batman, which is why I wasn't so surprised of the joyful tone of this fully reinvented Superman. The family dynamics of the Kents with Clark as a mentor to his superpowered son is as delightful to read as it is charming. Compared to the much grittier Action Comics, this is the series that could define what Rebirth has done for DC's heroes: light hearted, character-driven stories with an eye on fun an adventure, and another in character development.

  

2. Batman by Tom King, David Finch, Mikel Janin / Detective Comics by James Tynion IV, Eddy Barrows / All-Star Batman by Scott Snyder, John Romita Jr.

When it comes to Batman, DC seems to bring out the big guns. In my opinion, the best creative teams in Rebirth are handling the three Batman titles, with artists David Finch, Mikel Janin, John Romita Jr. and (my personal favorite) Eddy Barrows worth the price of admission all by themselves. After the questionable end of the New 52 Batman era, this was a much needed, and deserved, return to greatness. And releasing 5 Batman books every months, it's remarkable they are all so good.


1. Deathstroke by Christopher Priest, Larry Hama, Carlo Pagulayan

Christopher Priest writing comics is always good news. Slade Wilson going back to his origins (in the mythical 80s Teen Titans series) even more so. Put them together and you get my favorite Rebirth series, a tale so multifaceted and fragmented as you've come to expect from Priest. Probably the most difficult DC character to handle, this book takes the-character-Deadpool-was-based-on and redefines it in all its moral complexity to become once again its own thing. Art is good but uneven, but it never harms the overall quality.

Misc

So what's been great in the big wide world outside the Big Three? Let's give a shout out to these other deserving series.


Sheriff of Babylon by Tom King, Mitch Gerads
It may be a bit biased on my part that all four titles written by Tom King this year made this list. But I didn't want to finish without a reminder that a small but well curated list of creator-owned titles have been published by DC comics imprint Vertigo since late last year. Maybe they haven't been exactly smash hits but have been slowly building up a new and exciting image for the once fan-favourite brand. Titles like Clean Room by Gail Simone, Art Ops by Shaun Simon (illustrated by Mike Allred!), Unfollow by Matt Taylor or the venerable Astro City by Kurt Busiek deserve some praise in their own little corner, but the only one I've been able to follow to the end has been Tom King's unsettling tale of occupied Baghdad. All of King's traits are recognizable in this 12-issue epic that tests reader's interest for more grounded stories. I hope to catch up with the rest of the Vertigo offer in the next few months, in case this series is any indication of the kind of quality I can expect.


Black Hammer by Jeff Lemire, Dean Ormston

Overworked Jeff Lemire (who has worked on at least seven series that I've been able to count for Marvel, Image and Valiant) gives probably his best on this charming tale of former heroes trapped in a rural environment. Strong at character relationships and full of nostalgia, it's a moving story of times gone by and old style powers making a comeback. Diehard fans of Watchmen and Astro City should seriously check it.





Afterlife with Archie by Roberto Aguirre-Sacasa, Francesco Francavilla / Chilling Adventures of Sabrina by Roberto Aguirre-Sacasa, Robert Hack

My favorite horror comics of the year come from the most unexpected of places. Not only Archie has successfully relaunched their flagship titles (they didn't make this list but heck, it's Archie, check them out!) but Creative Director Aguirre-Sacasa gives a creepy turn to the Archie and Sabrina franchises, one with the best zombie outbreak of the year (sorry, Robert Kirkman) the other with a disturbing witch story. The extraordinary art by Francavilla and Robert Hack respectively doesn't hurt either. And Aguirre-Sacasa is showrunning Riverdale on TV next year, I can't wait for it.


Of all titles I'm not mentioning here, mostly because I haven't put in the time to read them (yet), I'd like to mention highly praised young readers books such as Lumberjanes, creator-owned books such as Harrow County, and the entire catalogue of Valiant, a shared universe I know basically nothing about, other than the headlines for this year's series Faith (by artist Pere Pérez, who happens to be my comics teacher this year) that weren't really about the comic itself, so I really should check some of those out.

And one of my New year's resolutions will be to read some of the Graphic Novels published this year, that have made many lists of the best comics of the year, and I didn't even know about. Titles such as Patience, March, Ghosts, Panther and many others, that I totally neglected due to my preference for comic books over longer formats and more real life themes.

I'm sure you'll be able to forgive those omissions, since I've been kind of busy making comics and studying how to make comics and also making a living, but hopefully you'll share some of my favorites, or some of my choices will pick your interest (as they should).

And finally let's not forget this was also the year we lost some talented creators that left behind a most endurable legacy of wonderful comics. Here's to Darwyn Cooke and Steve Dillon.

  

And here's to a Merry Christmas and a happy new year full of wonderful stories and even better people. In a world where Donald Trump will be president, we will need those more than ever.

11 sept. 2016

DC v Marvel: La otra Civil War

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Es oficial. El Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) va ganando. El consenso de la crítica, la aprobación del público y seguramente lo más importante, los resultados de taquilla declararon Captain America: Civil War ganadora del primero de los duelos entre los dos clásicos universos de los cómics de superhéroes, que tuvo lugar la pasada primavera en los cines de todo el mundo.

Y aún así, se detectó una cierta decepción entre los seguidores de las películas de Marvel. Al parecer los más de 180 millones de dólares que la película recaudó en su primer fin de semana en los EE.UU. (el quinto mejor estreno de la historia!) les supieron a poco. Y de la misma forma infantil en la que los fans de DC culparon a Disney de haber comprado a la crítica para poner a caldo a Batman v Superman (!) los fans de Marvel aludieron a la fría acogida de BvS para justificar que una parte del público decidiera no ver Civil War en masa en su primer fin de semana (!?).

Sería divertido si no resultara tan familiar. Esta es una historia que conocemos perfectamente los que hemos seguido el mundo de los cómics de superhéroes desde hace muchos años. La guerra abierta entre generaciones de fans de Marvel y DC, entre los que juran por Batman y los que adoran a Spider-Man. Una rivalidad mucho más visceral que la que enfrenta a Batman y Superman, o al Capitán América y Iron Man en las mencionadas películas.



Esta competición entre los fans de los personajes de las dos grandes editoriales americanas es comparable a la que en otros entornos enfrenta a los seguidores de equipos de fútbol rivales (Real Madrid contra F.C. Barcelona), de consolas de videojuegos (Sony contra Microsoft) o de otros universos de ficción (Star Wars contra Star Trek). Y tiene muchos parecidos con esa pregunta tan infantil sobre quien ganaría en una pelea, Hulk o Superman.

Yo fui de los que crecí leyendo cómics DC en los 80 (leí los Nuevos Titanes una y otra vez), y disfruté mucho de los de Marvel (en especial los mutantes). Al cabo de los años, fui viendo como los mismos autores que trabajaban para una editorial se iban a la otra a poner su mejor arte al servicio de los personajes rivales. Así, George Pérez saltaba de DC (donde ilustraba Nuevos Titanes, Wonder Woman o Crisis en Tierras Infinitas) a Marvel (para encargarse de una memorable etapa de los Vengadores) o John Byrne, autor clave en la historia de Marvel (X-Men, 4 Fantásticos) saltaba a DC para encargarse de su título estrella (Superman), y luego volver a Marvel triunfalmente (Namor, She Hulk), y así sucesivamente. Incluso en los gloriosos años 60, la separación de la pareja de hecho formada por Stan Lee y Jack Kirby (creadores de los principales iconos de la “casa de las ideas”) debido a la marcha del segundo a DC (donde creó entre otros los Nuevos Dioses) fue motivo de numerosos comentarios, al nivel de la disputa entre Lennon y McCartney.



Cuando hace más de un año decidí ponerme al día de lo que se estaba cociendo en el mundo del cómic americano, los cómics de autor de Image fueron los primeros que llamaron mi atención, y los que siguen liderando mis preferencias. Por desgracia, la realidad del mercado del cómic es que más del 75% de la cuota de mercado americano sigue estando en manos de las dos grandes editoriales. Y ahora que la guerra entre ambas por ese mercado se ha trasladado al terreno de las grandes producciones cinematográficas, auspiciadas por las dos corporaciones que se encuentran tras ambas marcas (Warner y Disney) es probable que ese predominancia de los cómics de superhéroes siga constituyendo el statu quo.

Así que después de un largo período en el que mis cómics de referencia tenían ya más de 15 años (The Sandman, Preacher, 100 Bullets, The Invisibles, Strangers in Paradise). era hora de ponerme al día de lo que estaba haciendo las Dos Grandes.

Y si tuviera que definir en una palabra mi reencuentro con los cómics de Marvel y DC esta sería: desconcierto.

Para aquellos que no hubieran leído un cómic de Marvel o DC en varios años, o solo estuvieran familiarizados con ellos a través de sus versiones cinematográficas o televisivas, si empezaran a leerlos en el verano del 2015 se encontrarían con un panorama muy poco familiar.

Marvel ya no edita cómics de los Cuatro Fantásticos. En los cómic de X-Men, el Profesor Xavier está muerto y Magneto ya no es un villano. Lobezno es un señor mayor. El Capitán Marvel es una chica, igual que Lobezno y Thor. El Capitán América es negro, igual que Nick Fury. Hulk es asiático. Peter Parker es un hombre de negocios y Spider-Man es un adolescente negro. Y Ms. Marvel es una adolescente musulmana de origen pakistaní.

Y mientras tanto en DC, todos sus personajes eran mucho más jóvenes. Superman y Wonder Woman tienen un romance. Bruce Wayne es un señor con barba que no recuerda que mataron a sus padres, el comisario Gordon es Batman con la armadura de Robocop, mientras el hijo de 10 años de Wayne hace de Robin. El Joker está muerto. Dick Grayson fingió su propia muerte y hace de super espía. Oliver Queen nunca conoció a Dinah Lance, que canta en un grupo de rock en Gotham, mientras Batgirl se hace selfies con los ciudadanos a los que rescata.

Un año después, ya he entendido que el 2015 fue un mal momento para volver a engancharse a los cómics de superhéroes. Marvel estaba inmerso en el enésimo reboot de su universo, el evento Secret Wars (no confundir con la saga del mismo nombre de 1984, ni con la otra de 2004) y DC estaba tratando de insuflar vida a su último reboot de 2011, The New 52. La consecuencia de ambas operaciones es que los universos superheroicos de ambas editoriales era apenas reconocibles.

La mayor sorpresa que me llevé como lector fue que ni el éxito de las películas de Marvel en cine, ni de las series de DC en televisión (el universo cinematográfico de DC aún no estaba en marcha) estuviera tuviendo un reflejo en sus respectivas series. Uno habría esperado encontrarse en cómic los rostros familiares de Hulk, Thor y el Capitán América, o los de las exitosas series de Arrow y Flash, pero los respectivos cómics de estos personajes eran totalmente distintos (a excepción de Iron Man, que al menos de momento, sigue siendo el mismo) o totalmente olvidables.

Pero lo peor era descubrir que la calidad de las series icónicas de ambas casas era, siendo amables, tirando a pobre.

Porque seamos sinceros, cuando las listas de los cómics de superhéroes mejor valorados por la crítica incluyen Hawkeye, Ms Marvel, Vision, Batgirl, Midnighter o Harley Quinn, sabes que hay algo que huele muy mal. Cuando yo era joven, los mejores autores de la época estaban al cargo de las series estrella de cada casa, qué demonios estaba pasando?

Pues resulta que DC y Marvel andan metidas en procesos de profunda renovación de su imagen, diversificando su público, introduciendo cambios profundos en sus títulos, y en general experimentando con sus principales personajes.

En el caso de Marvel, la apuesta por la diversidad llegó al extremo de que todos sus personajes parecen haber sido pasados por el filtro de lo políticamente correcto para introducir una diversidad de géneros, razas y culturas de la que sinceramente los cómics de superhéroes no andaban sobrados. El caso de DC es un poco más grave, ya que el reinicio completo que le dieron a su universo tras la saga Flashpoint en el 2011, y de la que surgió un nuevo universo DC sin ninguno de los lastres de su anterior continuidad, acabó por resultar un fiasco, lo que explica el limitado éxito de sus principales series (excepto quizás el Batman de Scott Snyder).

En los últimos meses, DC y Marvel han entrado (intencionalmente o no) en una nueva competición por el mercado de los superhéroes, de la que todavía nos falta ver sus consecuencias. A partir de aquí, voy a entrar en territorio de spoilers, así que estáis avisados.

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Marvel Now

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Marvel se encuentra en estos momentos sumida en dos grandes procesos de cambio. El primero, la saga Civil War II – que intenta sacar partido descarada, y un poco desesperadamente, a la popularidad de la reciente película – cuyas consecuencias solo empiezan a entreverse. De momento ya han matado a James Rhodes / War Machine y Bruce Banner / Hulk, y parecen a punto de jubilar a Tony Stark como Iron Man, y siguiendo los pasos del Capitán América y Thor, dejando paso a una adolescente negra como la nueva portadora de la armadura. Los X-Men y los Inhumanos están a punto de enzarzarse en una guerra que, a juzgar por el título de la saga (Death of X) apunta a dejar a los X-Men en el mismo estatus que los Cuatro Fantásticos hasta que sus derechos cinematográficos reviertan de Fox a Marvel (algo que de momento parece improbable dado el enorme éxito de Deadpool y los planes de la Fox para futuras películas y series de X-Men y los Nuevos Mutantes).

Pero el otro gran cambio tiene que ver con sus equipos creativos. Los omnipresentes Brian Michael Bendis, Charles Soule, Mark Waid y Jason Aaron resultan las únicas grandes bazas creativas de la editorial, tras las sucesivas marchas de Rick Remender, Matt Fraction, Kelly Sue DeConnick y Kieron Gillen. El resto de guionistas (incluyendo los talentosos, al menos en otros trabajos, Cullen Bunn o Jim Zub) están haciendo trabajos muy mediocres en sus series, y en el caso de los artistas, Mike Deodato, Chris Samnee y Alex Maleev destacan sobre el nivel medio de la editorial. La calidad general de Civil War II y sus múltiples tie-ins, por cierto, a excepción de su razonablemente correcta serie central, es atroz.

Por suerte, Marvel aún cuenta con varios elementos de interés a las que está sacando un gran rendimiento al margen de sus grandes proyectos editoriales: International Iron Man de Bendis y Maleev y Black Widow de Waid y Samnee; las series humorísticas: Howard The Duck de Chip Zdarsky, Patsy Walker Hellcat de Kate Leth y sobre todo Unbeatable Squirrel Girl de Ryan North y Erica Henderson (mi serie favorita de Marvel ahora mismo); All New Wolverine, con Laura Kinney / X-23 elevada al rango del personaje titular, con un gran arranque que no hizo echar de menos a Logan. Y aunque aún me tengo que poner al día, Ms Marvel y Vision parecen contar con el favor de la crítica por el trabajo de sus respectivos guionistas, G. Willow Wilson y Tom King. Y aunque yo personalmente sigo con interés varias otras series como X-Men, Doctor Strange o Thor, antes recomendaria leerse las etapas clásicas de estos personajes, que perder el tiempo con estas.



Pero si esta es la actualidad de Marvel, el futuro pinta muy poco prometedor. Octubre marca el relanzamiento oficial de muchas de sus lineas de cómic bajo el título, también reciclado, de Marvel Now, con un montón de nuevos números 1. Esta lista parece orientada a potenciar los personajes de sus próximas películas y series de televisión, a jubilar a los mutantes y a relanzar las versiones jóvenes / femeninas / de otra raza de sus personajes. Yo al menos seguiré hojeándome todas las que me caigan en las manos, ni que sea por poderlas criticar con criterio.

DC Rebirth

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DC ha emprendido por su parte una nueva dirección, marcada sin duda por el propósito de la Warner de potenciar su universo cinematográfico en ciernes (y lastrada sin duda por el relativo fracaso de Batman v Superman y Suicide Squad, al menos con respecto a sus expectativas). Y mientras Marvel ha optado por una renovación profunda hasta llegar a lo irreconocible, DC ha apostado, y de momento con notable éxito, por la opción contraria, una vuelta radical a sus orígenes, con una iniciativa llamada Rebirth, lanzada el pasado mes de mayo por el mismo artícifice de Flashpoint y The New 52, Geoff Johns (recién nombrado presidente de DC Entertainment, con la indismulada intención de poner orden en su incipiente, y caótico, universo cinematográfico).

La operación emprendida por DC resulta evidente. Que Marvel se quede con sus personajes alternativos y juegue con la diversidad y la multiculturalidad, que ellos van a hacer cómics como los que solían hacer, para el público de siempre, mayoritariamente adulto, masculino y blanco. Sus grandes crossovers fueron demolidos por la crítica (Convergence). Sus series alternativas del último año (Midnighter, Omega Men, We Are Robin) fueron alabadas pero no vendían tanto. Había que devolver a sus héroes a su antigua grandeza, recuperando sus personajes clásicos, aunque para ello tuvieran que matar a los nuevos, y apostar sobre valores seguros al precio imbatible de 2,99$ por ejemplar (el precio normal es de 3,99$ para los de Marvel, 3,50$ los de Image) con el pequeño detalle de que sus principales series serían quincenales.



La lista de títulos DC de este mes tiene un aspecto mucho más uniforme y reconocible. Sus dos personajes principales cuentan con dos series quincenales (o sea, que todas las semanas tenemos un nuevo cómic de Batman y Superman en el mercado) y ni uno solo de sus personajes ha cambiado de género, raza u orientación sexual. Incluso Amanda Waller vuelve a estar gorda.

Al contrario que en el caso de Marvel, donde me cuesta un poco seguir tantas colecciones, desde que Rebirth empezó en mayo, cada semana sigo todas las colecciones de DC. Y esto es un logro notable porque apenas me leía tres o cuatro de sus series anteriores, a pesar de poder hacerlo gratuitamente y de forma clandestina, tal era el escaso interés que me despertaban. Seguramente el hecho de ser hombre adulto y blanco, y de haber crecido con los comics de DC hace que me sienta de nuevo el público al que estos cómics van dirigidos. Son cómics nuevos que parecen viejos. Pero los equipos creativos a los que DC ha conseguido reunir para relanzar su marca se merecen mi atención.

No todas las series han conseguido el mismo éxito (Batgirl me gustaba más pre-Rebirth, Justice League es más bien floja, y Titans y Suicide Squad son tan malas que hace que sus mediocres series anteriores parezcan geniales). Pero conseguir que vuelva a leer con interés Green Lantern, Green Arrow y hasta Aquaman (!) es un logro notable. Nightwing y Deathstroke son mis grandes sorpresas. Y Detective Comics, Batman y sobre toda la Wonder Woman de Rucka, Scott y Sharp son espectaculares. Y en el terreno de lo alternativo, las geniales Gotham Academy y Prez aún continúan como si no hubiera pasado nada.

Pero este relanzamiento ha sido construido sobre dos trampas potencialmente letales. Una, básicamente se trata una disculpa de DC a los fans por el desaguisado de The New 52, urdida por el mismo responsable de la misma – pero no un reboot: en Rebirth, la continuidad establecida en The New 52 se mantiene, solo que devolviendo a muchos personajes a su estatus anterior, lo cual supone una pirueta difícil de mantener a largo plazo. Después de que Grant Morrison se atreviera a cartografiar el complejo tejido del universo DC en Multiversity, esta operación puede perjudicar todavía más la ya delicada continuidad de la marca.

La segunda trampa, de la que aún no hemos tenido detalles en estos primeros meses, ha sido el anuncio de que Watchmen va a integrarse, de alguna manera, con el universo DC. Y aquí es donde reside la mayor parte de mis dudas sobre lo que podemos esperar de este, por otro lado agradable, regreso a los orígenes de la editorial.

Y es que si algo tienen en común Marvel y DC, a lo que siguen demostrando una vez y otra que no logran superar, es su alarmante falta de ideas.

¿Casas de las ideas?

En los últimos años, Marvel ha estado vendiendo el doble que DC, sin duda ayudada por el impulso de sus franquicias cinematográficas, pero también por la decepcionante calidad de su competidor. Ha sido en Marvel donde hemos visto una mayor apuesta por la innovación y la diversidad, con la contrapartida de terminar haciendo sus productos irreconocibles para el gran público.

Pero echando un vistazo a las listas de títulos de ambas editoriales, lo que llama más la atención es que los principales personajes en los que se apoyan son propiedades ya antiguas. Los más recientes de Marvel son los Thunderbolts y el Escuadrón Supremo. Incluso Guardianes de la Galaxia y Squirrel Girl son versiones modernas de personajes poco conocidos de los 70, y los personajes más recientes de DC son Nightwing y Deathstroke, surgidos ambos en las páginas de los Nuevos Titanes. La pareja Simon Baz / Jessica Cruz de Green Lanterns constituye el único rastro de nuevos personajes en lo que por demás constituye una explotación constante de viejas ideas. Solo Gotham Academy parece nueva, y todos sabemos que es un calco de la fórmula Harry Potter.

Marvel sigue buscando modernizar su imagen a base de hacer versiones jóvenes (Hawkeye, Nova), y más diversas en lo racial (Captain America: Sam Wilson, Hulk), género (Thor, Wolverine) y lo cultural (Ms Marvel). Ambas editorial siguen intentando, y fracasando, en crear personajes  nuevos que gocen del favor del gran público como los viejos. Es difícil librarse del lastre de personajes tan icónicos como Spider-Man o Wonder Woman, pero de eso a no ser capaz de crear nuevas series que no se limiten a explotar fórmulas viejas media un abismo, sobre todo cuando son las ventas y los intereses de una gran corporación las que dictan las directrices creativas.

La controvertida incorporación de Watchmen al universo DC supone el reconocimiento implícito de un fracaso por crear una imagen propia y moderna, al margen de su inmenso legado. Lo mismo se puede decir del incesante reciclaje de viejas sagas a las que Marvel vuelve una y otra vez cada vez que necesita dar un nuevo impulso a sus series. O al constante reinicio de su continuidad a los que ambas editoriales ya nos tienen acostumbrados.

Marvel y DC cuentan con el gran aliciente de ser el perfecto punto de entrada al mundo del cómic para nuevos lectores, y el éxito de sus adaptaciones al cine y la televisión solo apuntala esa posición. Pero si uno se pregunta para qué seguir leyendo cómics de superhéroes después de tantos años contando las mismas historias, la respuesta es difícil.

Yo personalmente lo hago para estar al día y descubrir autores. Y la verdad es que los esfuerzos desesperados de ambas editoriales por modernizar a sus personajes acaba por resultar divertida, así que uno prueba a ver qué tiene que aportar una Thor femenina o un comisario Gordon haciendo de Batman a las mitologías de ambos personajes, e incluso si fracasan uno siempre puede volver a leer las grandes historias de esos personajes. Y cuando se demuestre que mezclar Watchmen con el universo DC fue una monumental metedura de pata, la grandeza de la serie original es la que volverá a dejar en evidencia las actuales carencias de la industria.

Si, para acabar, me preguntan si en mi opinión son mejores los cómics de Marvel o DC, la respuesta es que me están gustando más los de DC gracias a sus equipos creativos y al factor nostálgico: los comics de DC se parecen más a los que yo leía de pequeño, mientras que los de Marvel no se parecen en casi nada. Sin embargo, creo que los de Marvel tienen más números para seguirme sorprendiendo y para seguirse reinventando, mientras que en DC siguen atascados en un círculo vicioso de seguir volviendo una y otra vez a exactamente los mismos temas e historias.

Algo positivo de estos últimos meses de competencia entre las dos grandes es que ambas han vuelto a encontrar su propia voz. DC siempre ha presumido de épica, y Marvel de personajes más cercanos. Por eso DC busca ahora mantenerse fiel a sus orígenes más heroicos – y seguramente más rancios – pero entiendo que Marvel busque apelar a una audiencia más amplia y diversa.

La operación de momento ha resultado más rentable para DC que para Marvel, al menos en lo que a cómics se refiere: si hace un año Marvel vendía casi el doble que DC (al menos según cifras oficiales de la distribuidora Diamond) la operación Rebirth ha vuelto a poner a DC en cabeza durante estos últimos tres meses. Si estos resultados van a mantenerse, solo el tiempo lo dirá.

Pero aún queda otra batalla que librar, la que traslada la tradicional rivalidad entre Marvel y DC a una mucho más virulenta entre las superproducciones de Disney y Warner, y que como dije al principio Marvel va ganando por goleada, no solo porque fueron los que hicieron la apuesta en primer lugar con Iron Man en 2008, sino porque han ido construyendo y solidificando un proyecto con identidad propia, mientras que Warner lo tiene muy difícil para ponerse al día, y la reacción del público a sus dos primeras salvas ha dejado claro que esta es una batalla en la que tienen todas las de perder, a menos que consigar remontar notablemente con Wonder Woman y Justice League.

A pesar de esto, y siendo un seguidor acérrimo de las películas de Marvel, creo que la reacción de la crítica con respecto a Batman v Superman y Civil War de la pasada primavera ha sido más que injusta, no tanto porque Batman v Superman sea mucho mejor de lo que se  dice (que a mí personalmente me lo parece, en contra de la opinión generalizada) sino porque todo el mundo parece haberle perdonado a Civil War algunos de los mismos flagrantes errores de guión por los que crucificaron a la película de Zack Snyder (coincido en que el momento Martha de BvS es una estupidez, pero el momento “mató a mi mamá” de Civil War me produjo similar vergüenza ajena, al igual que las precarias excusas que se buscan ambas cintas para enfrentar a sus respectivos héroes). Que yo no creo en conspiraciones, pero un poco de Snyderphobia igual sí que se nota en el ambiente...

Dicho esto, es un gran tiempo para estar vivo para todos aquellos que crecimos leyendo cómics de superhéroes y que hemos cargado con humillantes etiquetas de “friki” o “inmaduro”, viendo ahora las colas que se forman para ver a los Vengadores en pantalla grande. Yo solo espero que esta nueva escala de rivalidad lleve a DC y Marvel a centrarse en crear grandes historias con las que atraer un público cada vez más diverso a los cómics con los que hemos crecido estos “frikis inmaduros” que ahora dominamos el mundo, y con un poco de suerte que eso eleve de una vez por todas el cómic comercial, y no solo la mal llamada “novela gráfica” a la categoría de arte.

Y cuando toda esta burbuja de los superhéroes pase de moda, seguramente reemplazada por algún otro revival (como por ejemplo, comedias de ricos de los años 30) al menos podremos decir que nosotros ya leíamos estas historias en cómic cuando no eran cool, y que seguiremos haciéndolo cuando dejen de serlo.

3 jul. 2016

Regreso a la escuela / Back to School

Una foto publicada por M.A. Garcias Tarrazona (@m.a.garcias) el
Queridos fans: ya es julio, y como podéis comprobar, el número 6 de Huérfanos no está terminado como yo había anunciado. Como ya es habitual en esta serie, se retrasa una vez más, seguramente hasta septiembre. Pero la razón de que en estos seis meses desde que terminé los lápices en diciembre no haya podido entintar digitalmente esas esperadas 22 páginas no es porque haya dejado de dibujar, ni mucho menos (ni otros motivos de fuerza mayor). Sino simplemente porque he estado estudiando. Un curso de cómic, concretamente.

Y por qué alguien como yo, que lleva dibujando cómics desde los 8 años, iba a apuntarse a un curso de cómic, os preguntaréis?

Pues porque ya iba siendo hora, no?

La pregunta de si es necesaria algún tipo de formación académica para ser ilustrador o dibujante es una que se repite en los videos de autores y en las redes sociales. Obviamente la respuesta es que no. Yo he dibujado cómics todos estos años sin haber ido a una sola clase remotamente relacionada (excepto un breve taller de cómic cuando iba al instituto, y un curso intensivo de Photoshop hace un par de veranos). Y gracias a mi identidad pública como desarrollador de videojuegos, he conocido a numerosos artistas que tenían poca o ninguna formación excepto la que ellos mismos se habían procurado.

Así que ya veis, si queréis ser artistas solo tenéis que poneros a dibujar y buscar tutoriales y libros por internet. Y todo gratis, qué más se puede pedir?

Eso mismo me preguntaba yo, para qué pagar por clases cuando a base de horas de trabajo y práctica puedes llegar al mismo sitio?

Hasta que el verano pasado, tras publicar el primer volumen recopilatorio de Huérfanos y considerar en qué iba a ponerme a trabajar a continuación, tuve una revelación: después de 30 años dibujando, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sabía hacer cuatro cosas bien, seguro, pero después de tanto tiempo aprendiendo por mi cuenta, ya no era capaz de decir qué les pasaba a mis cómics, qué necesitaban para terminar de cruzar el umbral entre la afición y el oficio. Tenía recursos, capacidad, ganas, mucho recorrido pero ya no tenía criterio. Qué estaba haciendo bien, en qué necesitaba mejorar, hacia donde dirigir mis esfuerzos...

Os sorprendería todas las tonterías que le pueden pasar por la cabeza a un dibujante después de las incontables horas de trabajo solitario que te lleva hacer un solo número, no digamos ya una novela gráfica. Y la mejor forma de canalizar todas esas dudas es compartirlas y que alguien con más criterio que tú te ponga en la dirección correcta. Si estás trabajando profesionalmente en esto de hacer cómics, esa persona es un editor. Si aún estás en el proceso de aprender el oficio, esa persona ha de ser, necesariamente, un profesor.

Y como carecía de contactos en esta industria, pero vivo en un sitio donde no faltan las opciones formativas, terminé apuntado en el primero de los tres cursos de cómic de la Escola Joso de Barcelona.

Y qué se enseña en un primer curso de cómic, os preguntaréis? Pues así de memoria, hemos estudiado anatomía, perspectiva, iluminación, narrativa, composición, diseño de personajes, entintado y hasta un poco de rotulación. Que ya me diréis qué me podían explicar a mí de todas esas cosas con mi historial! Y encima dibujamos en papel! Con lápices! Y pinceles, plumillas y tinta!! Con lo que me costó a mí pasarme al digital!!!

Ahora en serio, este primer curso en la Joso ha sido una de mis mejores experiencias como dibujante. Aunque había aprendido todas esas cosas por mi cuenta a base de prueba y error, ir a clase de cómic me ha proporcionado al menos tres experiencias que nunca había tenido.

Una, estructura. Mi forma de aprender siempre ha sido práctica, gracias a lo cual tengo más de mil páginas de cómics dibujados por mí. Pero nunca me había sentado a practicar específicamente anatomía, o diseño de personajes, o entintar lápices de autores profesionales. Al verme “obligado” a dedicar tiempo específicamente a dibujar manos, texturas de pincel, o personajes con diferentes complexiones, he tenido que reorganizar mi caótica mente de forma que tenga que pensármelo bien al abordar un personaje, una viñeta, una página o un proyecto entero. Mi estilo habitual de construir sobre la marcha, además de poco profesional, ahora me resulta claramente deficiente.

Dos, criterio. Este curso me ha permitido exponer mis dibujos, mis habilidades, y mis proyectos anteriores al escrutinio de varios pares de ojos aparte de los de mi guionista, amigos y familiares. Y la clase de feedback que he recibido de ellos ha sido lo suficientemente crítico, y a la vez estimulante, como para ver mi trabajo con otra mirada, entender mejor qué hacía bien, y en qué necesito mejorar. Para ello, ha sido crítica la aportación de nuestro profesor, el gran Mariano De La Torre, a quien no puedo estar más agradecido por su opinión, sus sugerencias y su infinita paciencia con mis infinitas preguntas.

Tres, compañía. Este ha sido para mí el regalo más importante de este curso, y el único que no venía incluído con la matrícula. Compartir esta pasión con los demás alumnos, cada uno con sus propias inquietudes y recorriendo su propio camino, pero haciéndolo juntos durante unas horas cada semana, supone un cambio radical en mi rutina como dibujante. El de dibujar es un trabajo laborioso, pero sobre todo solitario. Y aunque trato de mantener mi presencia en las redes sociales, ninguna cantidad de likes o comentarios puede reemplazar a la experiencia de compartir tu trabajo en directo, ni a la inversa, de poder aportar tu criterio y opiniones al trabajo de tus compañeros.

La consecuencia, en mi caso, es que dibujo mejor ahora que cuando empecé el curso en octubre. Si no por otra razón que porque he tenido la oportunidad de compartir casi todo lo que he dibujado y recibir comentarios de mi profesor y mis compañeros rápidamente. A veces, eso es todo lo que hace falta. Hace falta apuntarse a un curso para eso? Con deberes, horarios y cuotas? Supongo que no, siempre puedes encontrar una comunidad de dibujantes que se reúnan todas las semanas y conseguir el mismo propósito, un poco como pasa con el club de Toastmasters del que soy miembro (o con Alcohólicos Anónimos o Weight Watchers, si queremos estirarlo).

Yo no conozco ninguna comunidad así, ni creo que exista en Barcelona (si la conoces, aquí mi correo). Lo que sí que existe son escuelas de cómic e ilustración, que además tienen un recorrido contrastado, con numerosos profesionales salidos de sus cursos. Los profesores (al menos en la Joso) son, además de docentes, profesionales del medio, y eso para mí marca toda la diferencia. Yo personalmente he estado en el lado del profesor (dando clases en másters y grados de videojuegos) con mi experiencia profesional por toda garantía, y lo que yo he podido aportar a mis alumnos gracias a mi experiencia es lo más importante que espero como alumno. Para aprender de cómic puedo leer libros y ver videos todos los días, pero nada reemplaza el trato personalizado de un profesor o mentor. Es eso, que he tenido mucha suerte con Maese De La Torre.

Por otro lado, otra cosa que no se puede reemplazar es la práctica constante. Y eso es algo que yo ya sabía (de nuevo, más de mil páginas de cómic) pero he descubierto con cierta sorpresa que ponerse las pilas y dibujar a diario es el mayor obstáculo de mucha gente para aprender a dibujar, o para terminar sus proyectos. Eso es algo que ningún curso, escuela o profesor puede resolver.

Porque al final, lo único que no se puede aprender en ninguna clase son las ganas y la motivación. Esas han de venir de fábrica. Y cualquier persona que me diga que quiere aprender a hacer cómics (o cualquier otra cosa) pero no encuentra el tiempo, que recuerde esto: yo voy dos temporadas atrasado en Juego de Tronos, porque cuando tengo un rato libre en casa, lo aprovecho para dibujar antes que ver series, por más ganas que tenga.

Si llevas Juego de Tronos al día pero no encuentras tiempo para dibujar, lo que te pasa es que eres vago (ya te dediqué este post) y no tienes nada que aprender en una escuela de cómic. Los que ya tenemos el hábito, aún estamos a tiempo.

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Fantastic Four, pencils by Joe Quesada, inks by me #drawing #inking #comics #escolajoso

Una foto publicada por M.A. Garcias Tarrazona (@m.a.garcias) el


Dear fans: it's July, and as you can see, issue 6 of Orphans is not finished as I had announced. As usual in this series, it is delayed again, probably until September. But the reason why in these six months since I finished pencils in December I have not digitally inked those expected 22 pages is not because I've stopped drawing, not even close. It's simply because I have been studying. A course on comics, specifically.

And why someone like me who has been drawing comics since age 8, was to enroll in a comics course, you may ask?

Because it was about time, wasn't it?

The question of whether some kind of academic training is required to be an illustrator or cartoonist is one that is repeated in the videos of artists and social networks. Obviously the answer is no. I have drawn comics all these years without going to a single remotely related class (except for a brief comic workshop when I was in high school, and a crash course in Photoshop a couple of summers ago). And thanks to my public identity as a game developer, I have met many artists who had little or no training except what they had sought.

So you see, if you want to be artists you only have to put yourself to draw and look for online tutorials and books. And all for free, what more can you ask?

That is why I asked myself, why pay for classes when with enough hours of work and practice I can get to the same place?

Until last summer, after publishing the first volume of Orphans and consider what I should get to do now, I had a revelation: after 30 years of drawing, I had no idea what I was doing. I could do a few things things well, sure, but after so much time learning on my own, I still was not able to tell what was wrong with my comics, what I needed to finally cross the line between hobby and craft. I had the resources, ability, desire, long way to go but I had no criteria. What I was doing well, what I needed to improve, where to direct my efforts ...

You'd be amazed all the nonsense that can pass through the head of a cartoonist after countless hours of solitary work that takes you to a single issue, let alone a graphic novel. And the best way to channel all these questions is to share them with someone with more discretion than you have to put you in the right direction. If you are working professionally in this comics thing, that person is a publisher. If you are still in the process of learning the trade, that person must necessarily be a teacher.

I had no contacts in the industry, but I live in a place where there is no shortage of training options, so I ended signeing up for the first of three years at Joso Comic School in Barcelona.

And what is taught in a first course of comics, you may ask? Off the top of my head, we have studied anatomy, perspective, lighting, narrative, composition, character design, inking and even some lettering. And what could anyone explain to me about all those things with my record? And on top they draw on paper! With pencils! And brushes, pens and ink!! After all all it took me to switch to digital!!!

Seriously, this first course in Joso has been one of my best experiences as an artist. Although I had learned all these things on my own through trial and error, attending a comic class has given me at least three experiences I never had before.

One, structure. My way of learning has always been practice, thanks to which I have over a thousand pages of comics drawn by me. But I had never sat down to practice specifically anatomy, or character design, or inking over pencils of professional authors. Seeing me "forced" to spend time specifically drawing hands, brush textures, or characters with different complexions, I had to rearrange my chaotic mind so that I have to think about it when dealing with a character, a cartoon, a page or whole project. My usual way of building on the fly, aside of unprofessional, now looked clearly deficient.

Two, criteria. This course has allowed me to expose my drawings, my skills and my previous projects to the scrutiny of several pairs of eyes other than my scriptwriter, friends and family. And the kind of feedback I have received from them has been sufficiently critical, and at the same time stimulating enough to see my work with another look, to better understand what was good and what I needed to improve. To this end, it's been critical the contribution of our teacher, the great Mariano De La Torre, to whom I can not be more grateful for their opinions, suggestions and infinite patience with my endless questions.

Three, company. This has been for me the most important gift of this course, and the only one that didn't came with tuition. Sharing this passion with other students, each with their own concerns and walking their own path, but doing it together for a few hours each week, it represents a radical change in my routine as a cartoonist. Drawing is laborious work, but mostly a solitary one. And though I try to keep my presence in social networks, no amount of likes or comments can replace the experience of sharing your work in person, or conversely, to make your judgment and reviews of the work of your colleagues.

The result, in my case, is that I draw better now than when I started the course back in October. If for no other reason than because I had the opportunity to share almost everything I've drawn and receive feedback from my teacher and my classmates quickly. Sometimes that's all it takes. Do you need to enroll in a course for that? With homework, schedules and fees? I guess not, you can always find a community of artists who meet every week and get the same purpose, a little like about the Toastmasters club of which I am a member (or Alcoholics Anonymous or Weight Watchers, if we stretch it that far).

I know of no such community, or think there is one in Barcelona (if you know it, here is my email). What we have is schools of comics and illustration, which also have a proven record, with numerous professionals coming out of their courses. Teachers (at least at Joso) are aside of teachers, published professionals, and that for me makes all the difference. I have personally been on the side of the teacher (teaching in game development master's degrees) with my professional experience for all credential, and what I could bring to my students thanks to my experience is the most important thing I hoped as a student. To learn about comics I can read books and watch videos every day, but nothing can replace the personal attention of a teacher or mentor. It is either that, or I've been very lucky with Master De La Torre.

On the other hand, another thing that can not be replaced is constant practice. And that's something I already knew (again, more than a thousand pages of comic) but I discovered with some surprise that forcing yourself to draw daily is the biggest obstacle for many people to learn to draw, or to complete projects . That's something no course, school or teacher can solve.

Because in the end, the only thing that can not be learned in any class are desire and motivation. These have to come from inside. And anyone who tells me they wants to learn how to make comics (or anything else) but they can't find the time, remember this: I'm two seasons behind in Game of Thrones, because when I have some free time at home, I'd rather draw than watch TV shows, even though I'd love to do the latter.

If you are up-to-date on Game of Thrones but can not find time to draw, your problem is you're lazy (and I already dedicated you this post) and you have nothing to learn in a school of comics. Those of us who already have the habit, we are still on time.

17 abr. 2016

(Re)descubrir Image Comics / (Re)discovering Image Comics (I)



El pasado mes de enero, un Humble Bundle solidario me permitió hacerme con una generosa selección de cómics digitales, por la que me apresuré a pagar 25 dólares sin pensarlo. La razón, que la editorial tras tan generosa oferta era Image Comics.

Pero antes de entrar a reseñar los cómics incluídos, dejadme hacer un poco de memoria personal. En 1992, Image Comics fue el sello editorial creado por un selecto grupo de autores que venían de trabajar con gran éxito para Marvel y DC. Su objetivo: crear un sello editorial bajo el que ellos, y los autores que les seguirían, pudieran publicar historias de sus propios personajes, de cuyos derechos serían los titulares, al contrario de lo que pasa en el entorno de las Dos Grandes.

La verdad es que guardo un recuerdo poco grato de aquella primera época de Image. Básicamente, parecía que unos cuantos autores estrella de DC y Marvel, nerviosos por no poder hacerse millonarios a pesar de su popularidad (eran mercenarios muy bien pagados, después de todo) crearon su propia marca, donde poder crear sus personajes y llevarse ellos mismos los beneficios de sus creaciones. Todo muy encomiable, hasta que vimos como los susodichos autores (entre ellos Jim Lee, Todd MacFarlane, Marc Silvestri o el inefable Rob Liefeld) se dedicaban a crear versiones más o menos disimuladas de personajes de las mencionadas DC y Marvel, con resultados no especialmente brillantes. Sinceramente, ni Spawn, ni WildCATS, ni desde luego atrocidades como Youngblood me llamaron la atención (sí en cambio Gen 13, aunque en la categoría de placer culpable). Pero sí lo hicieron un tiempo más tarde títulos para mí imprescindibles como el Astro City de Kurt Busiek, The Maxx de Sam Kieth o Bone de Jeff Smith.

Durante los siguientes 15 o 20 años pierdo de vista Image, y el panorama comiquero en general. Me entero de que el sello Wildstorm, originalmente publicado por Image, fue adquirido por DC, bajo cuyo paraguas vieron la luz algunos de mis cómics favoritos de aquellos años, como The Authority, Ex Machina o las diversas series del sello ABC escritas por Alan Moore.

En definitiva, por lo poco que yo sabía Image parecía haber sido una buena idea para sus creadores pero no el cambio en las reglas de juego que parecía haber prometido. Obviamente, no estaba muy al corriente de lo que realmente estaba pasando.

Salto al verano de 2015, cuando por casualidad me intereso por un par de cómics de los que desconozco nada excepto los créditos de sus autores: Lazarus de Greg Rucka y Michael Lark, The Fade Out de Ed Brubaker y Sean Phillips. Autores que admiraba hacía años y a los que había perdido la pista, y que estaban haciendo algo que nunca antes había leído. Apenas me di cuenta de aquella "i" minúscula que identificaba el sello editorial en la portada.

Durante aquel verano empecé a seguir las noticias del mundo del cómic (americano, sobre todo) y las "pull lists" de los entendidos. Títulos como Deadly Class, Sex Criminals, Chew, Southern Bastards, The Wicked and the Divine, Saga... parecían estar omnipresentes en las listas de los mejores cómics del año. Cuando empecé a interesarme por ellos, descubrí obras únicas, personales, creadas con pasión, y todas ellas auspiciadas por aquel mismo sello editorial que había dejado de lado hacía tanto años. ¿¡Qué había pasado!?

Lo que había pasado es que Image había alcanzado lo que solo puede definirse como una edad dorada apostando por lo mejor y más personal de sus autores. Muchos de ellos venían de hacerse un nombre trabajando con los personajes más populares de Marvel o DC, y aquí daban lo mejor de sí mismos con sus creaciones más personales. Nombres como Warren Ellis, Matt Fraction, Rick Remender, Greg Rucka, Ed Brubaker, Scott Snyder, Kieron Gillen & Jamie McElvie... y por supuesto Robert Kirkman, cuyo formidable éxito con The Walking Dead le encumbró a director creativo de la firma.

Seré sincero, no todo lo que he leído de Image ha sido de mi gusto. Pero nada me ha resultado conocido o indiferente. Al ceder el poder a sus creadores, y al contrario que en sus primeros años, estos han creado obras que no habrían podido tener el alcance que han tenido bajo la potente maquinaria editorial de Image (sin despreciar el resto de editoriales). Y después de haber podido comprobar lo que estos autores habían hecho para las Dos Grandes, puedo decir que la calidad de sus obras para Image es superior, o al menos mucho más personal.

Y ahora sí, un poco de reseña de lo que me he encontrado en este Humble Bundle, y en el resto de mis lecturas Image de los últimos nueve meses, empezando desde lo más decepcionante, e intentaré ir de ahí a más.

  

No Mercy (Alex De Campi, Carla Speed McNeil, Jenn Manley Lee, 2015)
Todavía no entiendo qué tiene de especial este cómic. Un grupo de niños quedan tirados en mitad del desierto durante una excursión a México y tienen que buscarse la vida para sobrevivir. Un punto de partida que, con personajes que me importaran, un arte atractivo y alguna clase de intriga, habría podido tener interés. A mí personalmente me resultó completamente insulso.

Self-Obsessed (Sina Grace, 2015)
Le reconozco a Sina Grace el mérito de haber sido capaz de meter cómics realizados durante sus años de estudiante en esta especie de memoria visual de su vida y crecimiento como artista. Es el único. El resto de su historia me resulta totalmente irrelevante, su condición de homosexual no tiene ninguna trascendencia más allá de la anécdota, y solo unas pocas páginas autorreflexivas lo salvan del tedio. Lo siento, pero he leido obras autobiográficas de autores con historias personales con las que podía conectar mucho más (David B, Craig Thompson, Guy Delisle...).

Virgil (Steve Orlando, JD Faith, 2015)
Esta es la historia de un policía gay en la muy homófoba Jamaica, y cuando sus compañeros descubren su condición, asesinan a sus amigos y secuestran a su pareja. Hasta aquí podríamos tener la historia de denuncia e injusticia que las críticas proclamaban. Pero esto dura unas 20 páginas. Luego el personaje se vuelve Charles Bronson y emprende una venganza salvaje y el cómic deviene un relato de acción y violencia extrema, no especialmente bien dibujado, y sin desarrollo argumental alguno. Seamos sinceros, si la temática de fondo de este cómic no hubiera sido la homosexualidad y la intolerancia, no creo que hubiera tenido la menor relevancia. Pero ahora su guionista está al cargo de Midnighter, la primera serie DC de un superhéroe abiertamente gay. Espero que se le dé mejor, con Virgil yo ya tuve suficiente.

Ok, a partir de aquí la experiencia resultó más satisfactoria. Empezando por...

  

Kaptara (Chip Zdarsky, Kagan Mcleod, 2015)
Sentía especial curiosidad por este trabajo, uno de los primeros como guionista del genial dibujante de Sex Criminals. Y la verdad, es un cómic bastante divertido, irreverente y que se toma muy poco en serio a sí mismo. Las aventuras futuristas-fantásticas de un astronauta gay en un mundo remoto y bastante absurdo contienen varios hallazgos visuales, un sentido del humor fresco, y la promesa de grandes cosas del Zdarsky guionista que ya se han visto en su Jughead para Archie Comics.

Jupiter's Circle (Mark Millar, Wilfredo Torres, 2015)
Reconozco haberme perdido Jupiter's Legacy, por lo que esta precuela me ha resultado completamente nueva. En la pura tradición Millar de darle la vuelta a las convenciones de los superhéroes, en este cómic lo de menos son las aventuras de sus personajes en mallas, sino de los seres humanos bajo la máscara, con el añadido de construir una mitología superheroica completa al estilo Watchmen en unos pocos números. Me ha convencido, aunque con este ya van cuatro cómics en esta lista donde la homosexualidad se cuela como tema de fondo. Que estoy a favor de la diversidad, pero que hay más temas dónde buscarla!

Ody-C (Matt Fraction, Christian Ward, 2015)
Y hablando de diversidad, qué decir de esta versión futurista y con los géneros cambiados de la odisea de Homero. Me intrigaba ver qué podía hacer con este material mi admirado Matt Fraction (de Sex Criminals) pero reconozco que (a) encontrarme con temas homoeróticos por quinta vez en esta selección llega a cansarme, y (b) el arte psicodélico de Ward encaja perfectamente con el tono revisionista de la narración, pero hace la lectura más demandante de lo necesario. Aún así, aplaudo la audacia de la propuesta, y le doy una segunda oportunidad.

  

Nowhere Men (Eric Stephenson, Nate Belgarde, Jordie Bellaire, 2013)
Obra ambiciosa donde las haya, en este cómic nos proponen un mundo dominado por la ciencia donde un grupo de científicos-estrella (sospechosamente parecidos a los Beatles) cambió el curso de la historia con sus invenciones. La historia, los personajes, la construcción de la intriga son admirables, y cada episodio va construyendo sobre los anteriores. Solo criticar que la sombra de Watchmen en las narraciones del pasado resulta demasiado evidente, y que la historia actual de los residentes en la estación espacial, termina corriendo el riesgo de convertirse en una historia de mutantes al uso. La mantendo en mi lista, pero con prudencia.

Trees (Warren Ellis, Jason Howard, 2015)
Otra propuesta ambiciosa y llena de misterio cortesía del impredecible Warren Ellis. Superada la premisa inicial de la llegada de una especie de objetos alienígenas sin identificar (que permite a Ellis proponer uno de esos escenarios globales que tanto le gustan), la historia sigue a varios personajes sin conexión aparente, sin que el destino de ninguno me termine de importar. Mantengo el interés por la intriga de saber en qué va a acabar lo de los “árboles” de marras, pero por poco. La otra obra de Ellis en esta lista, Injection, me ha enganchado mucho más. Y salen más gays, y ya van seis.

 

Phonogram (Kieron Gillen, Jamie McElvie, 2012)
No dejaba de oir hablar de Gillen y McElvie, sobre todo a raíz de The Wicked and The Divine, así que antes de leer su (al parecer) obra maestra, tuve ocasión de comprobar su evolución a lo largo de su otra obra de culto, en la que magia, sexo y música pop se mezclan de una forma tan aparentemente caótica que solo un par de genios serían capaces de convertirlo en un cómic tan disfrutable. Su primer volumen Rue Britannia ya apunta maneras, pero el segundo The Singles Club, es una joya en forma de puzzle de seis piezas. Ansioso por leer el tercero The Immaterial Girl, me declaro fan de este equipo creativo.

 

Rat Queens (Kurtis J. Wiebe, Roc Upchurch, Stjepan Sejic, Tess Fowler, 2013)
Si un cómic refleja la diversidad y variedad (cultural, racial, sexual) ampliamente representada en cómics de Image, es esta divertidísima saga de aventuras muy al estilo Dungeons & Dragons (con homenajes más o menos explícitos) protagonizado por un variopinto grupo de aventureras de fantasía. Además de aventuras entretenidas, con acción, humor y una selección de caracteres habitualmente representado por personajes masculinos, aquí la diversidad es parte de la historia y eleva este título por encima de las convenciones del género.

Sunstone (Stjepan Sejic, 2014)
Originalmente publicada en DeviantArt, esta obra del artista serbio Stjepan Sejic (de quien ya hablé en su momento) contiene todos los temas sobre diversidad sexual posibles, en la que dos chicas aficionadas al BDSM (ya sabéis: látigos, cuero, cuerdas... a quién no le gustan esas cosas?) se conocen online y mantienen una apasionada relación. Pero este no es un cómic erótico: es una comedia romántica! Tiene algunas imágenes subidas de tono, pero sobre todo está lleno de ternura, humor y personajes entrañables. Sejic tiene entre sus créditos obras más bien fantásticas, que que aquí cambia por otra clase de fantasías, más cotidianas y por ello más cercanas.

 

Wolf (Ales Kot, Matt Taylor, Lee Loughridge, 2015)
Una de las sorpresas de este paquete ha sido comprobar como en el género de terror, Image publica los grandes cómics que en otra época habría publicado el sello Vertigo de DC (de cuyo reciente esfuerzo por resurgir tengo que hablar más adelante). Y Wolf es la muestra perfecta de esa tendencia, una historia que mezcla horror sobrenatural con una intriga de género negro, y que sin dejar de ser inquietante, consigue crear personajes con los que identificarse a pesar de ser completamente irreales. Uno de los títulos que empecé con pereza y del que ahora espero ansioso cada nuevo número. Y el mejor cómic de terror del lote si no fuera por...

Wytches (Scott Snyder, Jock, 2015)
Del actual guionista de Batman, o anteriormente de American Vampire para Vertigo, uno esperaba algo bueno pero convencional. En vez de eso, Wytches es actualmente mi cómic de terror favorito (a falta de leer Locke and Key) y de lo mejor que he leído en todo el año. Dentro del contexto de una historia fantástica es capaz de plasmar el miedo tan real y cotidiano de un padre a perder a sus hijos, del que Snyder parece hacer catarsis al ambientar la historia en el mismo lugar donde realmente pasa las vacaciones con sus hijos (!). El arte de Jock (habitual colaborador de Snyder en Detective Comics y otros títulos) le consigue la quinta estrella a esta obra imprescindible.

  

Injection (Warren Ellis, Declan Shalvey, Jordie Bellaire, 2015)
Por suerte leí Injection después de Trees y no al revés, ya que todo lo que me gustaba de Warren Ellis en su momento, y que eché a faltar en su otra obra de esta lista, está presente aquí, incluyendo su enigmático planteamiento, sus personajes antiheroicos muy al estilo The Authority, y su mezcla de cotidianeidad y fantasía imprevisible. Como no leí en su momento la reinvención que hicieron Ellis y Shalvey de Moon Knight, esta obra me resultaba nueva. Y lo que es mejor, mantenía la misma sensación con cada número. Otro de los títulos que sigo con impaciente lealtad.

Pretty Deadly (Kelly Sue DeConnick, Emma Rios, 2014)
Otra de las sorpresas de mi redescubrimiento de los comics Image ha sido la ingente cantidad de autoras (tanto guionistas como artistas) que se reúnen en sus títulos. Por supuesto Fiona Staples abandera la categoría de mejores dibujantes, pero el equipo DeConnick-Rios no desmerece en absoluto con esta obra inesperada y sorprendente, mezcla de western y fantasía, épica y terrible, llena de imágenes poéticas. Unico “pero”, podría haber acabado en el primer volumen, y me da algo de pereza leer como continúa, pero al menos este primer arco es absolutamente recomendable.

Wayward (Jim Zub, Steve Cummings, 2014)
De todas mis carencias en conocimiento de los cómics, la que más lamento es la del manga, del que apenas conozco unos pocos títulos clásicos. Por eso agradezco tanto que a falta de leer genuinos títulos japoneses, Image nos regale esta pequeña joya de fusión, contada al estilo occidental, pero ambientada en Japón e ilustrada con un estilo que mezcla perfectamente la narrativa americana con la japonesa. El resultado es una obra de fantasía deliciosa, entretenida, y sobre todo, estéticamente de las más elaboradas que he leído. Y como extra impagable del tomo deluxe, un índice de las referencias culturales y fantásticas que aparecen en el primer arco narrativo.

 

Outcast (Robert Kirkman, Brian Azaceta, 2015)
Dejad que me ponga un poco exquisito y elitista: me molesta la aureola que rodea a Robert Kirkman, y me molesta un poco que en tan solo dos años esta obra ya haya sido llevada a la televisión (la serie se estrena en mayo) con la etiqueta de “del creador de The Walking Dead” como garantía. Aún siendo fan de The Walking Dead en televisión, y sabiendo que el éxito del cómic en que se basa (del que me temo que aún no he leido ni un solo número) es uno de los pilares del resurgimiento de Image (no en vano Kirkman es uno de sus directivos), me molesta esa aureola porque puede ocultar el hecho de que Outcast es desde su inicio, un cómic de terror magistral, un extraordinario retrato de un ambiente y sus personajes, una fórmula perfecta de horror cotidiano, y solo espero que mantenga ese mismo nivel.

Low (Rick Remender, Greg Tocchini, 2015)
Ya expresé aquí mi admiración por Rick Remender y su Deadly Class, así que me acerqué a esta otra obra con ciertas expectativas, y aún así logró sorprenderme. Puede que la historia no resulte tan inspirado como la de su obra maestra, pero aquí el gran hallazgo es el arte de Tocchini. Remender propone una mezcla de historia postapocalíptica y discurso positivo, una especie de Mad Max subacuático lleno de increíbles diseños e imágenes que a veces parecen inspiradas en obras clásicas, y en otras bien podrían haber sido firmados por Moebius. En cuanto a arte, de los mejores trabajos en esta lista, aunque la historia podría haber sido algo más trabajada para su ambiciosa propuesta.

 

Descender (Jeff Lemire, Dustin Nguyen, 2015)
Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, y Jeff Lemire lo ha hecho muy bien trabajando para los principales títulos de DC y Marvel (actualmente escribe los X-Men) desde que se diera a conocer con su muy personal Sweet Tooth. Pero lejos de haberse acomodado en lo comercial, se reivindica en esta preciosa historia de ciencia ficción ilustrada por las bellísimas acuarelas de Nguyen. Otro de los trabajos artísticos destacados de esta lista, y una muy entretenida historia llena de emoción y personajes entrañables... incluyendo el niño robot protagonista.

Bitch Planet (Kelly Sue DeConnick, Valentine De Landro, 2015)
Si en Captain Marvel demostraba saber contar una historia entretenida, y en Pretty Deadly sus dotes para la poesía fantástica, aquí DeConnick demuestra por qué es una de las voces más relevantes del cómic americano, al meter en lo que parece una historia de ciencia ficción imposible algunos temas de rabiosa actualidad como el papel de la mujer en la sociedad, la violencia de género y cualquier otra temática relacionada con la diversidad sexual. Que lo haga dentro de un relato carcelario-futurista, y que con la complicidad de De Landro use la estética de las películas de “sexploitation” de los 60 solo lo hace más genial, y una de las obras, no ya recomendables, sino más relevantes y necesarias de esta lista. Imprescindible.

Y aunque no estuvieran incluidos en el humble bundle, también he leído...

 

I Hate Fairyland (Skottie Young, 2015)
Si una palabra define a este cómic es “gamberro”. Su protagonista es una suerte de Alicia que se queda atrapada en el mundo de los cuentos de hadas, y en su propio cuerpo infantil, y deja salir su furia psicópata. Una revisión desquiciada de los universos de fantasía hace de Shrek un chiste inocente, y en el que su autor dispara con metralleta contra los mundos edulcorados e inocentes de los cuentos infantiles, convertidos aquí en coto de caza para su delirante antiheroína. Puede que no vaya mucho más allá del chiste que lo anima, pero en los 5 números que lleva, el chiste aún no se ha agotado.

Velvet (Ed Brubaker, Steve Epting, 2013)
Solo por el nombre de Ed Brubaker (Criminal, Fatale, The Fade Out) ya me habría abonado a este cómic. Pero si a esto añadimos una intrincada historia de espías ambientada en la guerra fría, un personaje protagonista como la Velvet del título (que junto a Forever de Lazarus y Alana de Saga podría encabezar la lista de mejores personajes femeninos de Image, que es casi como decir del cómic actual, con permiso de Nimona), y el arte impecable de Steve Epting (para mí, superior a lo que había hecho en Marvel, incluyendo New Avengers y Winter Soldier), yo al menos ya no necesito más argumentos. Otra de mis imprescindibles.

 

Paper Girls (Brian K. Vaughan, Cliff Chiang, 2015)
Antes que ponerme al día con Y The Last Man, Ex Machina y Saga, me leí la extraordinaria The Private Eye (que ya comenté en su momento), así que cuando Vaughan lanzó su nueva serie ya partía de unas expectativas muy altas – pero entonces me volvió a sorprender. Desde su título y su ambientación, esta historia aparentemente menor es un ejercicio de nostalgia de los 80, y a la vez una propuesta radical, y como es costumbre en su autor, llena de sorpresas. Aún pronto para ponerle nota, pero ya me tiene enganchado.

Plutona (Jeff Lemire, Emi Lenox, 2015)
Curiosamente este título comparte varios elementos temáticos con el anterior, y también parece un trabajo menor de Lemire (al menos comparado con Descender o sus X-Men). Y sin embargo la mirada infantil (en sus protagonistas y en el estilo de dibujo) a las clásicas historias de superhéroes la emparenta lejanamente con Powers o Astro City, pero con una perspectiva muy personal. También es pronto para ponerle nota, pero promete.
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Y hasta aquí he llegado de momento, aunque me han quedado pendientes de leer al menos dos grandes obras incluídas en el lote: Stray Bullets e Invincible. Al igual que un montón de otros títulos que tengo en cola, incluyendo: Limbo, Postal, Sheltered, Symmetry, The Beauty, Alex+Ada, Morning Glories, Invisible Republic, Chew, The Tithe, They're Not Like Us, Black Magick, Tokyo Ghost, East of West, Southern Bastards... uf, lo que me queda. Y por supuesto, ningún repaso a lo mejor de Image estos días está completo sin The Wicked and the Divine y Saga, de las que que actualmente estoy disfrutando, y que prefiero comentar cuando me haya puesto al día.

La conclusión a la que llego después de este atracón de Image Comics, es que no hay casi nada que relacione los títulos Image entre sí, más allá de la repetición de algunos autores recurrentes (Fraction, Remender, Vaughan), excepto la libertad y el riesgo creativo. Es cierto que se repiten algunos elementos, como la representación de la diversidad en todas sus formas, y notablemente una enorme libertad y madurez de lo que en otros entornos editoriales supone un absoluto tabú, sobre todo el sexo (una editorial donde se publica Sex Criminals no predica sobre libertad creativa: la ejerce).

Lo curioso de todo esto es que Image no es precisamente un actor menos en el vasto mercado editorial americano (como Oni, Boom o Dynamite) sino toda una número 3 en tamaño y ventas, algo que ha conseguido en apenas 20 años, y sin contar con iconos culturales como los que alimentan a las Dos Grandes. Parece que finalmente, la apuesta de riesgo de aquellos fundadores ha dado sus frutos, no ya para ellos (hace ya mucho que Todd MacFarlane no tiene problemas económicos) sino para el cómic americano en general.

En esta época de franquicias, secuelas, adaptaciones y falta general de imaginación en las grandes corporaciones del entretenimiento, se agradecen fenómenos culturales como la irrupción de las grandes series de televisión (que llevan unos años dejando en evidencia a la mayoría del cine comercial). Para mí, los cómics Image vienen a jugar el mismo papel en el panorama del cómic americano, que llevaba demasiado tiempo viviendo de reciclar una y otra vez sus propios mitos. Yo sin ir más lejos había perdido completamente el interés en los cómics de Marvel y DC (aunque lo he recuperado a medias, ya hablaré de ello otro día) y en cambio los cómics de Image, aunque no sean siempre buenos, me resultan constantemente estimulantes, y no revisiones de viejas fórmulas (como por desgracia fueron al principio, por otro lado).

Y creo que es importante que sea una gran editorial la que permita a los autores más innovadores publicar las historias más trasgresoras con libertad, y así evitar (como pasa en otros medios) que la innovación se quede reservada a reductos independientes y minoritarios. Cierto que muchos de los autores de Image además trabajan a sueldo para Marvel y DC para poder subsistir, lo que también explica también la clase de mercado del que estamos hablando: tanta independencia no siempre paga las facturas. Pero sigue siendo un pequeño precio por poder disfrutar de obras como Saga, Lazarus, Deadly Class o Sex Criminals.

Skottie Young cuenta en su introducción a I Hate Fairyland que para él publicar en Image era un sueño hecho realidad, por el nivel de control que podría tener sobre el producto. Y Brian K. Vaughan lo explica muy claro en una de sus geniales secciones de correo de Saga:


Cuando un tipo como Vaughan lo pone de esta manera, hace falta que diga con qué editorial quiero publicar mis cómics cuando sea mayor? Yo por si acaso, he ido haciendo unas pruebas a ver cómo quedaba :)