20 mar. 2016

De ficción, pero no por ello menos reales / Fictional, but no less real

(find English translation below)

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En estas últimas semanas, un par de tráilers and vuelto a romper internet. O al menos los rincones de internet que yo suelo frecuentar. Uno ha sido el del remake de Ghostbusters (ver en español / en inglés) y otro el de Captain America: Civil War (ver en español / en inglés). El primero ha sido recibido mayoritariamente con desaprobación (en algunos casos hasta la indignación) mientras que el segundo ha sido en general jaleado y aplaudido, sobre todo con la intervención final de... en fin, id a verlo si aún no sabéis de qué os hablo.


Se trata por supuesto de películas largamente esperadas por amplios sectores de la afición. Ghostbusters es todo un icono de nuestra infancia para una cierta generación, y Civil War se anuncia como un gran espectáculo superheroico dentro de esta edad dorada de superhéroes de cine (de los que este año vamos a tener sobredosis: además de Civil War, Batman v Superman, X-Men: Apocalypse y Suicide Squad).

Pero no puedo dejar de asombrarme de la visceralidad (tanto positiva como negativa) con que estos productos son habitualmente recibidos por una afición que analiza con pasión cada detalle de sus sagas de ficción preferidas, en cine, televisión, cómic, libros y hasta videojuegos. Una pasión encendida y muy real que a veces nos hace olvidar que todos esos personajes, historias, y los mundos donde transcurren... ¡ni siquiera son reales! ¡Es todo ficción, malditos! ¡Es mentira!

Claro que los fans saben distinguir la realidad de la ficción (en general...), pero eso no les detiene de aplicarse a defender o criticar esas obras de ficción con la misma pasión que otros pones en sus deportes o personajes famosos favoritos. No soy ningún apasionado del deporte ni de la prensa rosa, pero aún puedo entender mejor a sus seguidores que a los aficionados a personajes de ficción. ¡Al menos Cristiano Ronaldo y Kim Kardashian son personas reales! Puede que no especialmente ejemplares, pero reales al fin y al cabo, ¿no?


Ninguna obra de ficción permite apreciar la pasión de los aficionados como la saga de Star Wars. Cuando la pasada navidad se estrenaba la nueva entrega de la saga galáctica, después de meses de tráilers, comentarios y especulación, la afición se dividió entre defensores y detractores, y cada uno argumentaba su opinión de forma encendida desde su trinchera (y algunos siguen haciéndolo). Y cada vez que la cultura popular da a luz un nuevo fenómeno mediático (desde James Bond hasta Juego de Tronos, desde Harry Potter hasta 50 Sombras de Grey) y uno tiene la tentación de entrar al trapo de las discusiones, me tengo que recordar que ninguno de esos personajes e historias es real, que son sólo el producto de la imaginación de sus creadores.

Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión sobre sus películas, series, libros y cómics favoritos. Si te gusta, bien. Si no te gusta, lo dejas y te buscas otro. Cualquiera de nosotros puede decidir cómo le gustaría que fueran esas historias, y desde luego nuestro criterio es tan válido como el del autor para decidir la mejor forma de continuar tal historia o personaje. Si no me crees, internet está lleno de fan fiction sobre sagas populares, que a menudo resulta mejor que algunos de sus historias oficiales. Las teorías articuladas en cientos de foros de internet sobre la serie Lost con toda probabilidad superan a la resolución real que tuvo la serie.

Y sin embargo eso apenas resulta un alivio. Cualquiera puede proponer la mejor forma de continuar Star Wars 30 años después, pero finalmente solo la decisión del equipo creativo oficial se convierte en cánon, mientras que todas las teorías, especulaciones y fan fiction se convierten en papel mojado. No importa que la ficción sea ficción, hasta en la ficción hay una verdad oficial, y esa es la única que cuenta a la hora de juzgar.

Y la razón de esa aparente contradicción tiene que ver con el concepto mismo de la popularidad. Y como casi todo en el universo, es una cuestión de números.

Todo fenómeno mediático empieza desde el mismo punto, que es la hoja en blanco. En ese vacío existen infinitas posibilidades, y puesto que esa historia aún no ha sido escrita ni contada, no existe ninguna afición. Cuando al final del largo proceso creativo esa obra llega al público, se establece una conexión, no solo entre el creador y su audiencia, sino entre todos los diferentes aficionados, lectores o espectadores de esa obra. Cuantos más sean, más conexiones se establecen, y ese número es el que en definitiva determina el nivel de expectativas e inversión emocional que esa obra va a recibir, y también será proporcional al nivel de entusiasmo o desaprobación que genere.

Si una obra de ficción se presenta como algo completamente nuevo, sin expectativa alguna del público (digamos, The Matrix) su recepción puede ser mayor o menor pero en principio parte de una tábula rasa. Son tantos los productos desconocidos que llegan al mercado de la ficción en sus múltiples medios todos los años, y son tan pocos los que llegan a tener una afición suficiente, que estos son los que van a crear en torno a ellos una cierta afición, casi una forma de culto. Y eso condicionará lo que se espere de ese mismo universo creativo, no solo por una cuestión de márketing. Si has creado un fenómeno de éxito, tienes un público al que le importa tu obra. No importa que tu historia y tus personajes sean ficticios. Han invertido emocionalmente en él, y esperan lo mismo que de cualquier otra inversión. Un retorno.

Y si no tienen el retorno esperado, vas a tener que enfrentarte a su ira. Como dije, son solo números.

Cuando Joe Quesada, actualmente director creativo de Marvel Comics, se convirtió en su editor en jefe, explicó en una entrevista que llegó al cargo pensando que el suyo era un simple trabajo editorial. Hasta que entendió que se trataba de mucho más que eso. Como supervisor de varias franquicias superheroicas de enorme éxito y una larga historia a sus espaldas, su trabajo consistía en mantener vivos los mitos en que se habían convertido sus personajes. Héroes de ficción, pero que tan reales e importantes para sus lectores como si fueran de verdad. Y su trabajo consistía en mantener viva la ilusión que habían creado esas historias en sus lectores.

Pienso en esto cada vez que oigo críticas y elogios en tertulias y podcasts sobre el último tráiler, el último estreno, la última serie de cómic, el último fenómeno editorial. Pienso en ello en cada salón del cómic cuando los aficionados se disfrazan de sus personajes favoritos. Pero pienso en ello, sobre todo, cada vez que dibujo una página de cómic.

Los autores creamos una ficción, pero si queremos que nuestro público crea en ella, tenemos que hacerla real. Y entonces, esa ficción se convierte en algo más importante. Ya no es simple entretenimiento, es una experiencia emocional individual, y también parte de la cultura colectiva. No creo que Spider-Man o James Bond fueran más populares si existieran realmente. Ese es el poder que tiene un buen personaje de ficción sobre el inconsciente colectivo.

Aunque nuestro cómic Huérfanos cuenta sus seguidores por docenas y no por millones (al menos de momento) Enric y yo hemos tenido ocasión de experimentar a pequeña escala como creadores de un universo de ficción pero capaz de crear una ilusión en las que nuestros pocos pero fieles lectores puedan creer.

Nuestro mayor fan conocido, Víctor, nos escríbió tras leer nuestro primer olumen para decir: “¿Ves lo que habéis hecho? Habéis cambiado mi vida. El destino de estos chicos me importa.”

Y eso es lo que lo hace importante. Da igual que Harry Potter, James Bond, Lisbeth Salander o Spider-Man, o los Huérfanos no existan realmente. Son lo bastante reales como para que mantengamos viva la ilusión. Víctor (y esperamos que mucha más gente) ha invertido emocionalmente en ellos, y espera un retorno por su inversión. Y Victor es de los que se entusiasma o se enfurece con las cosas que la gustan.

Procuraremos recordarlo.
“Los cuentos de hadas no les cuentan a los niños que los dragones existen. Los niños ya saben que los dragones existen. Los cuentos de hadas les cuentan a los niños que los dragones pueden ser derrotados.”
G.K. Chesterton.

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In the past few weeks, a couple of movie trailers have broken the internet yet again. Or at least the part of the Internet I usually visit. One was the Ghostbusters remake (watch here) and the other was Captain America: Civil War (watch here). The former was received mostly with disapproval (in some cases even indignation) while the latter has been generally cheered and praised, especially when it finally appears... anyway, go and watch it if you still don't know what I'm talking about.

These are of course long-awaited films by large sections of the fandom. Ghostbusters is an icon of our childhood for a certain generation, and Civil War is advertised as a great superhero show in this golden age of superhero films (of which this year we'll have an overdose: In addition to Civil War, Batman v Superman, X-Men: Apocalypse and Suicide Squad).

But I can't help but wonder at the visceral reaction (both positive and negative) with which these products are usually met by an audience that analyzes passionately every detail of their favourite fiction sagas, movies, TV shows, comic books and even video games. A fierce and very real passion that sometimes makes us forget that all these characters, stories, and the worlds where they happen... they're not even real! It's all fiction, dammit! It is a lie!

Of course fans can tell reality from fiction (usually...), but that doesn't stop them from defending or criticize these works of fiction with the same passion that others put in their favorite sports or celebrities. I'm not a big fan of either sports or the tabloids, but I could understand better their followers that the fans of fictional characters. At least Cristiano Ronaldo and Kim Kardashian are real people! Maybe not particularly exemplary ones, but real after all, right?

There is no work of fiction to appreciate the passion of the fans better than the Star Wars movies. When the new installment of the galactic saga premiered last Christmas after months of trailers, commentary and speculation, the audience was divided between supporters and detractors, and they all argued their opinions from their trenches (and some still do). And every time popular culture gives birth to a new media phenomenon (from James Bond to Game of Thrones, from Harry Potter to 50 Shades of Grey) and one is tempted to enter the cloth of discussions, I have to remind myself that none of these characters and stories are real, they are only the product of the imagination of their creators.

Everyone is entitled to their own opinion about his favorite films, shows, books and comics. If you like it, good. If you don't, you leave it and you find another one. Any of us can decide how we'd like these stories to be, and certainly our opinion is as valid as the author's when it comes to decide the best way to continue such story or character. If you don't believe me, the internet is full of fan fiction about popular sagas, and they're often better than some of their official storylines. The theories built in hundreds of internet forums around the show Lost most likely outweigh the actual resolution the series had.

And yet that is hardly a relief. Anyone can propose the best way to continue Star Wars 30 years later, but finally only the official decision of a creative team becomes canon, while all theories, speculations and fan fiction comes to nought. It doesn't matter that fiction is fiction, even in fiction there is an official truth, and that is the only one that matters when we judge.

And the reason for this apparent contradiction has to do with the concept of popularity. And like almost everything in the universe, it's a matter of numbers.

Every media phenomenon starts from the same point, which is the blank slate. In that void there are infinite possibilities, and since that story has not been written or told, there are no followers. When at the end of the long creative process that work reaches the public, a connection is established, not only between the creator and his audience, but between all the different fans, readers or viewers of this work. The more there are, the more connections are established, and that number is what ultimately determines the level of expectation and emotional investment that work will receive, and it will also be proportional to the level of enthusiasm or disapproval generated.

If a work of fiction is presented as something completely new, with no expectation of the public (say, the original The Matrix) acceptance may be higher or lower but in principle it starts from a blank slate. There are so many unknown products coming to the fiction market from all media every year, and so few get will get any following, which are the ones that will create around them a certain liking, almost a form of worship. And that will determine what is expected of that same creative universe, and it's not just a question of marketing. If you created a phenomenon of success, you have an audience that cares about your work. It doesn't matter that your story and characters are fictional. They are emotionally invested in them, and expect the same as from any other investment. A return.

And if they don't get their expected return, you'll have to face his wrath. As I said, they are just numbers.

When Joe Quesada, currently chief creative officer of Marvel Comics, became editor in chief, he said in an interview that he took office thinking that his was a simple editorial task. Until he realized that it was much more than that. As a supervisor of several superhero franchises with huge success and a long history behind them, his job was to keep alive the myths that their characters had become. Fictional heroes, but as real and important to their readers as if they were alive. And his job was to maintain the illusion that those stories had created for their readers.

I think of this every time I hear criticism and praise in talk shows and podcasts on the latest trailer, the latest release, the latest comic series, the latest publishing phenomenon. I think about it in every comic convention when fans dress up as their favorite characters. But I especially think about it, whenever I'm drawing a comic page.

We authors create a fiction, but if we want our audience to believe in it, we need to make it real. And then, that fiction becomes important. It is no longer just entertainment, it is an individual emotional experience, and also part of a collective culture. I do not think Spider-Man or James Bond would be more popular if they really existed. That's the power of a good fictional character on the collective unconscious.

Although our comic Orphans counts their followers by the dozens and not by the millions (at least for now) Enric and I have had the opportunity to experience a small scale as creators of a fictional universe. But still able to create an illusion in which our few but faithful readers may believe.

Our biggest known fan, Victor, wrote us after he read our collected Volume 1 to say: "See what you have done? You have changed my life. I care about the fate of these kids."

And that's what makes it important. It doesn't matter that Harry Potter, James Bond, Lisbeth Salander. Spider-Man, or our Orphans don't really exist. They are real enough to keep alive the illusion. Victor (and we hope many more people) are emotionally invested in them and expect a return on their investment. And Victor is the kind of guy who gets excited or angry at things he likes.


We'll try to remember that.

13 mar. 2016

La canción del pirata / The Pirate Song

(Find English version below)

Leer cómics: ¿en papel o en digital? He aquí la cuestión.

Desde que me he pasado a leer cómics digitales en mi tableta, me preguntan con cierta frecuencia si no resulta una experiencia más fría que la de leer cómics en papel de toda la vida. Ya me lo preguntaban antes cuando me pasé a leer libros casi exclusivamente en mi Kindle. Pero se ha convertido en una pregunta mucho más relevante desde que hace varias semanas me deshice de casi toda mi ingente colección de cómics impresos, acumulada durante 25 años, hasta que decidí vender, regalar o donar el 90% de ese material, y quedarme con apenas una pequeña selección de ejemplares en grapa.


Los restos del naufragio

La reacción mayoritaria a mi decisión (además de la satisfacción de los agraciados a quienes tocó una parte del botín) fue de una cierta confusión: sobre todo ahora que estoy más comprometido que nunca con mi carrera de dibujante, ¿no debería tener especial interés en conservar mis viejos cómics, con los que se forjó mi pasión por el medio? Y mi sencilla respuesta causa normalmente más confusión: “es que los conservo, solo que en soporte electrónico”. Lo cual lleva a la objeción definitiva y sin posibilidad aparente de rebatir. “Ya, pero no es lo mismo”.

Y por eso me veo obligado a responder. Es cierto, no es lo mismo leer libros y cómics en digital que en papel. En mi caso, es mucho mejor.

Para empezar está el tema del espacio. Mi capacidad de almacenamiento es muy limitada desde que vivo en Barcelona, y después de 7 años manteniendo mis viejos cómics en depósito en casa de mi hermano en Mallorca, la posibilidad de traérmelos parecía remota.

Luego está el tema de la accesibilidad. El volumen de cómics y libros que puedo cargar en mi tablet o en mi kindle resulta impensable de llevar a cuestas si se tratara de volúmenes físicos. Y aunque solo se tratara de llevar encima mi lectura actual, la descarga de contenidos desde internet, en cualquier lugar donde disponga de conexión (que hoy en día es casi cualquier parte) lo hace un medio incluso más conveniente.

En definitiva, se trata de un medio tan práctico para leer cómics, que gracias a él he leído más cómics en los últimos seis meses que en los seis años anteriores. Y gracias al acceso a una mayor cantidad de contenidos del que habría tenido acceso en papel (sobre todo porque lo leo casi todo en inglés) he podido leer y descubrir cómics que de otra forma nunca habrían conocido.

Es cierto que a veces la pantalla resulta pequeña para apreciar ciertas páginas en su totalidad, que no es lo mismo deslizarse por una página que verla de golpe, que el tacto del papel tiene una magia especial para los lectores de mi generación, que un cómic digital es un regalo muy impersonal, o que mi librero favorito Jaume Albertí tendría que cerrar su negocio si todos sus clientes fuera como yo. Pero puedo vivir con esos inconvenientes a cambio de todas las ventajas (y por suerte para Jaume, la mayoría de aficionados siguen leyendo y comprando cómics impresos).

Y luego está, claro, el tema del precio. Poneos el parche y preparaos para izar la Jolly Roger, porque entramos en aguas de piratas.


No tengo ningún problema en reconocer que no he pagado por muchos de los cómics digitales que he leído últimamente. Igual que no tengo problema en reconocer que no he pagado por las series de televisión que estoy siguiendo. Y lo reconozco sin ningún remordimiento porque el servicio del que estoy disfrutando de forma (técnicamente) ilegal no está disponible de ninguna otra forma.

Todos los miércoles, día en el que se ponen a la venta los nuevos cómics, en particular de las tres grandes editoriales americanas (DC, Marvel, Image), puedo acceder desde una página única a la descarga de estos nuevos números apenas unas horas desde que se encuentran disponibles. Se trata de versiones digitales en alta calidad, libres de protección electrónica, de todas las editoriales americanas o que publican en inglés, y que puedo leer en mi dispositivo de lectura preferido (PC, web, tablet) con la aplicación que yo quiera y sin limitaciones. Y la cuenta de Twitter de la página en cuestión me mantiene informado de todos los nuevos contenidos, tanto novedades como recopilaciones de cómics más antiguos.

Y por supuesto, al imbatible precio de cero euros.

El debate sobre la piratería de contenidos digitales ya es viejo, y en otras industrias ya empieza a estar incluso superado. Las descargas piratas de cine, series, música o videojuegos supone todo un canal de distribución alternativo que supera con mucho al oficial. Por supuesto que todo el mundo prefiere tener el contenido gratis que pagar por él, y ¿por qué vas a pagar por algo que puedes tener gratis? No es como si lo estuvieras robando, después de todo. Al contrario que los soportes físicos, los soportes digitales pueden replicarse y transmitirse infinitamente, sin pérdida de calidad, y sin perjuicio para el original. Eso es copiar, y copiar no es robar, ¿verdad?

¿Y qué pasa con los autores? ¿Es que ellos no tienen derecho a que pague por leer el resultado de su trabajo? ¿Es que a mí me gustaría que me lo hicieran? Pregunta fácil para mí, por supuesto, ya que yo como autor tengo todo mi material disponible en versión digital de forma gratuita, y mi problema no es que la gente se descargue mis contenidos sin pagar por ellos, sino que no se los lean en absoluto.

Pero claro, yo no me dedico a esto profesionalmente. Si lo hiciera, tendría que hacer como el resto de autores y vender originales, dibujar encargos y trabajar en publicidad, diseño, formación u otras chapuzas con las que generar unos ingresos decentes al mes – a excepción de los Robert Kirkman que han tenido la fortuna de publicar una obra cuyos derechos han generado productos audiovisuales de enorme éxito, y con ello millones de dólares en royalties; y yo que me alegro por ellos, y espero algún emularlos, pero esto, claro está, no es la norma.

La realidad es que el mercado de contenidos digitales está en constante evolución, y muchas industrias han aceptado la pirateria como parte del sistema, y han buscado fórmulas para seguir financiándose: véase todo el product placement en las series de televisión que nos descargamos sin publicidad, el mercado de videojuegos “freemium” a los que podemos jugar gratis y que se financian con compras de recursos virtuales dentro del juego, servicios de suscripción como Spotify o Kindle Unlimited donde por una suscripción menusal puedes acceder a contenidos ilimitados.

En el caso de los cómics, existen plataformas y servicios de suscripción como Marvel Unlimited, Comixology o Scribd. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. Ninguno tiene todas las novedades a la vez que en papel, dependiendo del criterio de cada editorial (que aún tiene en las ventas directas su prioridad), o usan formatos propietarios, restringidos a su propia aplicación de lectura. Y en la mayoría de casos, el precio del cómic digital no es mucho más barato (¡o es exactamente el mismo!) que el de la edición impresa, algo que personalmente no me entra en la cabeza.

Supongo que las editoriales cuidan a sus clientes y distribuidores, y apostar por el mercado digital significaría apostar contra sí mismos. Supongo que mientras las cuentas cuadren, y las posibles pérdidas derivadas de la piratería se puedan cubrir con los beneficios del merchandising, películas y series de televisión, las cosas no van a cambiar mucho. La verdad, no conozco bien cómo funciona el mercado editorial, ni el resto de aficionados, pero sí que puedo dar aquí cuenta de mi experiencia.

Y mi experiencia es que desde que he descubierto la facilidad de leer cómics digitales descargados gratuitamente, gasto mucho más en cómics impresos de lo que había gastado en años. Las descargas ilegales me han permitido descubrir obras y autores de los que no habría sabido nada de otra manera, y poder leer una obra completa antes de pagar ciegamente por ella es la mejor forma de garantizar la mejor inversión de tu dinero. La mayoría de los cómics que leo, sinceramente, no volveré a leerlos nunca, y después de mi experiencia reciente de deshacerme sin remordimientos de cómics que compre y leí una sola vez en 25 años, la idea de volver a hacerlo resulta poco atractiva.

Si DC, Marvel, Image, Dark Horse, IDW, Boom, Dynamite, y otras editoriales de las que he leído material pirateado, y por el que no habría pagado de otra forma, pusieran sus contenidos en servicios de suscripción donde por un precio razonable (unos 15-25 dólares al mes) pudiera leer cualquier título de su catálogo, descargarlo en un formato abierto, leerlo en mi aplicación preferida, y tenerlo disponible el mismo día que la edición impresa, pagaría por él sin pensarlo dos veces. Igual que lo haría por un servicio que me permitiera ver todas las series de televisión que me descargo al día siguiente de su emisión americana (sin cargo de conciencia alguno ya que en casa pagamos por un servicio de televisión digital donde se emiten muchas de esas mismas series). Y cuando descubriera títulos que realmente deseara releer y conservar, pagaría de muy buen grado por tenerlos en edición impresa. No tienes que creerme, ya lo he hecho antes.

Recientemente pagué 25 dolares por un Humble Bundle de cómics Image, la mayor parte de cuyos beneficios se destinaban a una causa benéfica. Me parece un precio más que razonable por la excelente selección que incluía, y lo pagué de buen grado a pesar de ya disponer por otros canales muchos de esos títulos (algunos en papel). Por culpa de esa compra, tres series que de otra forma no habría conocido tienen un lugar reservado en mi estantería (hablaré de ellas más adelante).

Igual que se ha hecho en otras industrias, dejemos las cosas claras: la piratería no genera pérdidas. Los piratas no pagan por ningún contenido, y si no estuviera disponible ilegalmente, no lo consumirían. Los piratas no somos los que disfrutamos de nuestro arte favorito (y vale para los cómics como para la música, el cine, la televisión o cualquier otro contenido) tanto que queremos disfrutar de él todo lo que podamos – incluso descargándolo gratuitamente, a falta de otra fórmula. Al contrario que el pirata, el aficionado valora el contenido que descarga, igual que el usuario de una biblioteca valora los libros a los que accede gratuitamente. Y es solo una cuestión de tiempo que se convierta en un cliente de pago.

Si no me crees, visita panelsyndicate.com donde puedes descargar y la extraordinaria serie The Private Eye de Brian K. Vaughan, Marcos Martín y Muntsa Vicente por el precio que tú quieras, incluso 0 euros, que va íntegramente a los autores. Un modelo de negocio que algunos han calificado de caridad, pero que ha demostrado ser perfectamente viable.

Pero quién va a pagar por algo que puede tener gratis?

Pues yo mismo. Después de leer los 10 números de la serie, volví a la web y pagué 20 dólares por el mismo contenido que ya había descargado gratuitamente.

¿Por qué lo hice?

Porque es así de bueno, por eso.

Y así, con material de calidad y accesible, es como se combate la piratería.


Reading comics: print or digital? That's the question.

Since I've been reading digital comics on my tablet, quite often I get asked whether it does feel colder than the lifelong experience of reading comics on paper. They already asked me about it before, when I went to read books almost exclusively on my Kindle. But it has become a much more relevant question since a few weeks ago, when I got rid of most of my vast collection of print comics, accumulated over 25 years, until I decided to sell, give away or donate 90% of the material and keep just a small selection of comic books.


The remains of the disaster

The majority reaction to my decision (in addition to the satisfaction of the winners who got a part of the loot) was of confusion: especially now that I am more committed than ever to my career as a cartoonist, shouldn't I have special interest in keeping my old comics, which forget my passion for the medium in the first place? And my simple answer is usually cause of more confusion, "I actually keep them, only in digital form." Which leads to the final objection with no apparent chance of challenge. "Yeah, but it's not the same."

And so I am compelled to respond. It's true, is not the same reading books and comics in digital form than on paper. In my case, it's much better.

For starters there is the issue of space. My storage capacity is very limited since I live in Barcelona, and after 7 years keeping my old comics on deposit at my brother's house in Mallorca, the chances of bringing them over seemed pretty unlikely.

Then there is the issue of accessibility. The volume of comics and books that I can carry on my tablet or my kindle is unthinkable to carry around if it were physical volumes. And even if I were only to carry my current reading, downloading content from the internet, wherever connection is available (which today is almost anywhere) makes it an even more convenient way.

In short, it is a very practical way to read comics, thanks to which I've read more comics in the last six months than in the six years before. And since I have access to more content than I would have had on print (especially since I read almost everything in English) I have found and read comics that I would otherwise never have known.

It is true that sometimes the screen is too small to appreciate certain pages in full, that it's not the same to slide down a page as to see it all at once, that the feel of paper has a special magic to the readers of my generation, that digital comics make a very impersonal gift, or that my favorite bookseller Jaume Albertí would have to shut down his business if all customers were like me. But I can live with these problems in exchange for all the advantages (and luckily for Jaume, most fans still buy and read print comics).

And then there is, of course, the price tag. Put on the patch and get ready to hoist the Jolly Roger, because we're setting sail for pirate seas.


I have no problem to admit that I have not paid for many of the digital comics I've read lately. As I have no problem to admit that I have not paid for the TV shows I'm following. And I admit without any remorse because the service I'm enjoying so (technically) illegally is not available in any other way.

Every Wednesday, when new comics are put on sale, particularly from the major American publishers (DC, Marvel, Image), I can access a single page to download these new issues just a few hours after they are made available. These are digital versions with high quality, free of any electronic protection, from all American publishers, or who publish in English, and I can read them in my favorite reading device (PC, web, tablet) with whatever application I want without limitations. And the Twitter account of the page in question keeps me informed of all new content, both new issues and compilations of older comics.

And of course, at the unbeatable price of zero euros.

The debate on piracy of digital content is old, and in other industries is beginning to be even surpassed. Pirated downloads of movies, series, music or video games is a whole alternative distribution channel that reaches far beyond the official. Of course everyone would rather have the free content than pay for it, and why would you pay for something you can get for free? It's not like you were stealing, after all. Unlike physical, digital media can be replicated and transmitted infinitely without loss of quality, and without prejudice to the original. That's copying, and copying is not theft, right?

And what about the authors? Arent't they entitled to get paid for my reading the result of their work? Would I like it if they did it to me? Easy for me to answer, of course, since as an author I have all my material available in digital version for free, and my problem is not that people download my content without paying for them, but that they don't read it at all.

But of course, I'm not working on this professionally. If I did, I would have to do like the rest of authors, and sell originals, draw commissions and work in advertising, graphic design, teaching or other jobs to generate a decent monthly income - with the exception of the Robert Kirkmans who have had the fortune of publishing a book whose rights have generated hugely successful audiovisual products, and thus millions of dollars in royalties; And I'm happy for them, and I hope to emulate them some time, but this, of course, is not the norm.

The reality is that the digital content market is constantly evolving, and many industries have accepted piracy as part of the system, and have sought ways to continue financing themselves: check all the product placement in TV shows we download without advertising, the video game "freemium" marketplace where you can play for free and optionally purchase virtual resources within the game, or subscription services such as Spotify or Kindle unlimited where a monthly subscription fee grants you access to (almost) unlimited content.

In the case of comic books, there are platforms and subscription services such as Marvel Unlimited, Comixology or Scribd. Each has its advantages and disadvantages. None has all new issues available the same day as on print, depending on the criteria of each publisher (which still have direct sales as their priority), or they use proprietary formats, or they are restricted to their own reading application. And in most cases, the price tag of digital comics is not much cheaper (or it's exactly the same!) than the print edition, something I personally can not my head around.

I guess publishers care for their customers and distributors, and betting on the digital market would mean betting against themselves. I suppose that as long as the numbers add up, and possible losses from piracy can be covered with the benefits of merchandising, films and TV shows, things will not change much. I really don't know well how the publishing market works, or what other fans think, but I can give an account of my experience here.

And my experience is, since I have discovered how easy it is reading digital comics downloaded for free, I've spent much more in print comics in months than I had spent in years. Illegal downloads have allowed me to discover works and authors that I wouldn't have heard of otherwise, and reading a complete book before paying for it blindly is the best way to ensure the best investment of your money. Most comics that I read, honestly, I will never read again, and after my recent experience of getting rid without remorse of comics I bought and read once in 25 years, the idea of doing it again is not appealing.

If DC, Marvel, Image, Dark Horse, IDW, Boom, Dynamite, and other publishers whose material I've read illegally, for which I wouldn't have paid otherwise, put their content on subscription services where for a reasonable monthly price ($15-25 per month) I could read any title in their catalog, download it in an open format, read it in my preferred application, and have it available the same day as the print edition, I'd pay for it without thinking it twice. Just as you would for a service that would allow me to see all the TV shows I download the day after its American release (without any remorse since I pay at home for a digital TV service where I could watch many of the same shows). And when I found titles that I really wanted to re-read and keep, I would very willingly pay for them in print. You do not have to believe me, I've done it before.

I recently paid 25 dollars for an Image Comics Humble Bundle, most of whose benefits were destined to a charitable cause. It seems a more than reasonable price for the excellent selection included, and I willingly paid it even though I already had available through other channels many of these titles (some on print). Because of that purchase, three series that otherwise I would not have known have a reserved place on my bookshelf (I'll talk about them on a later post)

As it has been done in other industries, let's make things clear: piracy does not generate losses. Pirates do not pay for any content, and if it weren't available illegally, they would't consume it. Pirates are not those of us who enjoy our favorite art (be it comics, music, film, television or any other content) so we want to enjoy as much of it as we we can - even downloading it for free, the lack of a better way. Unlike the pirate, the fan appreciates that downloaded content, just like a library user appreciates the books that accesses for free. And it's just a matter of time before it becomes a paying customer.

If you do not believe me, check panelsyndicate.com where you can download the extraordinary series The Private Eye by Brian K. Vaughan, Marcos Martin and Muntsa Vicente for any price you want, even 0 euros, which goes entirely to the authors. A business model that some have compared charity, but which has proven to be perfectly feasible.

But who will pay for something you can get for free?

Well I did. After reading the 10 issues of the series, I went to the website and paid $ 20 for the same content that had already downloaded for free.

Why did I do it?

Because it's that good, that's why.

And that, with high-quality, accessible material, is how you fight piracy.