5 jul. 2014

El (largo) camino del infierno


Hola, soy M.A. Garcías, dibujante de comics, y hace un año publiqué mi primera novela gráfica, Una piscina de mierda en el infierno. Este enorme proyecto me llevó más de 20 años, y se trata de la culminación de un inmenso proceso de crecimiento personal y artístico, que se extendió a lo largo de toda mi vida adulta, hasta el momento de su publicación. Se trata de mi obra más extensa y ambiciosa hasta la fecha, y con toda probabilidad lo seguirá siendo durante mucho tiempo.

Por eso creo que la historia del proyecto puede resultar tan interesante como su relato, además de aportar claves para entender este último. Ahora que ya ha pasado el suficiente tiempo como para mirar el proyecto con cierto distancia, les debía a mis lectores una historia de esta Piscina de mierda, desde de dónde surgen sus personajes, hasta sus escenas más escabrosas, pasando por su peculiar y malsonante título. Esta historia es también la de mi vida, así que aprovecho para que mis lectores me conozcan un poco mejor.

Orígenes

Como tantos otros dibujantes aficionados, llevo dibujando comics desde que era pequeño, con mayor o menor fortuna, pero todas mis obras de juventud, sin excepción están caracterizadas por su ingenuidad y carencia de rigor narrativo. Y el mejor ejemplo de esto son los Matones de la Ley (sic).

Este peculiar grupo de superhéroes, cuyo nombre revela la clase de pecado de juventud del que estamos hablando, terminó siendo mi obra clave de aquella época. Era la historia arquetípica de un grupo de personajes, con o sin poderes, que se unían para combatir el crimen, según la fórmula más tópica del género.

La historia de este comic no pasaría de la anécdota de no ser por dos elementos importantes: uno, que se convertiría a mi pesar en una obra retroalimentada, de la que llegué a realizar nada menos que cuatro versiones de su primer número: dos íntegras (una original en blanco y negro, y una revisión de la misma en color) y varios proyectos de versionar la misma, y que no llegaron a terminarse [1]; y dos: sus personajes, por demás bastante anodinos, y que respondían a los nombres de Harris, Luke, Kallow, y un tal Henry, que a falta de personalidad tenía un enorme flequillo que le caía sobre la cara. Y en alguna de esas versiones que tantas veces repetí, se incluía un quinto personaje, una chica llamada Jennifer, a quien solo llegué a dibujar en unas pocas apariciones dispersas.

[1] hay que aclarar que estas obras jamás se publicaron, de ellas solo existe un original en papel del que jamás se ha realizado copia alguna.

1993-1999

Los Matones de la Ley no habrían sido más que una curiosidad, un recuerdo perdido dentro de alguna carpeta, de no ser porque en 1993, cuando cumplí los 18 años, tuve la idea de celebrar mi mayoría de edad empezando lo que según yo iba a ser mi primer proyecto adulto, una obra ambiciosa y compleja, llena de intriga, acción y emoción.

Y paradójicamente, para aquella primera obra de madurez se me ocurrió recuperar mis personajes de la adolescencia. Mi intención era hacer una nueva versión, una más, de aquellos personajes, esta vez definitiva. Poco podía imaginar que esta vez lo sería, que aquellos personajes verían finalmente la luz, y muchos menos que esto sucedería 20 más tarde.

Para comprender hasta qué punto ha evolucionado el proyecto, en aquella etapa embrionaria esta era una historia de superhéroes. Había un superhéroe y un supervillano que se pasaban el tiempo atizándose por la ciudad, y destruyéndolo todo a su paso.

El personaje de Jennifer, promocionada de eterno descarte a protagonista, en esta versión era una reportera intrépida que descubría la conspiración de un poderoso empresario llamado Gordon para destruir toda la ciudad con una bomba. En un momento de la historia, a Jennifer la atacaba el supervillano, y entonces la rescataba Kallow, una suerte de detective luchador. A todo esto, la historia tenía lugar en una ciudad cualquiera, que por no tener no tenía ni nombre.

Decir que mi historia original era descabellada sería un eufemismo: era un completo desvarío. A pesar de haber creado mis propios comics desde niño, no tenía criterio como guionista, y apenas sabía construir una historia. Tan solo tenía una sucesión de escenas que me apetecía dibujar, y que culminaban en la completa destrucción de la ciudad, y con ella todos mis viejos personajes, lo cual era una metáfora de lo que buscaba con aquel comic: cerrar de una vez por todas el ciclo de mis personajes originales. Este propósito, curiosamente, ha sobrevivido hasta el final.

Esta historia original cambió poco a lo largo de aquellos años, hasta que el proyecto se quedó aparcado. Mientras tanto, publiqué La canción de la lluvia (1995), con guión de Jaume Albertí, mi primer proyecto serio, y que encabeza mi currículum oficial como dibujante.

1999-2000

Para entender el cambio radical (y definitivo) que sufrió el proyecto a partir del verano de 1999, tenéis que conocer algo de mis vida en aquella época. Sucedió entre agosto y septiembre de 1999, en Madrid. Allí compartí casa y cierta amistad con un grupo de siniestros, pintorescos personajes de la movida gótica madrileña. Y en Madrid también trabajé brevemente para una corporación financiera. Aunque sin ninguna relación entre ellas, en ambas experiencias me sentí como un personaje de Kafka.

Mi historia con los siniestros me llevó a visitar sus clubes nocturnos, a conocer de primera mano su forma de pensar, y su estilo de vida; en algunos casos mucho más de la que habría deseado. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere a sus hábitos liberales, como su costumbre ir desnudos por la casa, o su escaso sentido de la vergüenza social, o (sobre todo) su intensa y variada actividad sexual. Entre mis anécdotas más coloridas se encuentran el hallazgo de hortalizas eróticas, el ser invitado a grabarles en vídeo en plena actividad (que decliné amablemente), o la narración en primera persona de una de sus (habituales) orgías.

Mi estancia en Madrid duró sólo 23 días, aunque la recuerde más larga. Y como cualquiera que haya leído mi cómic puede apreciar, dejó una huella imborrable. Tras volver de Madrid decidí revisar aquel guión que llevaba años paralizado y darle la vuelta por completo. Tal vez como catarsis, o (quién sabe) para compensar las posibilidades perdidas de haber participado de aquella vida disoluta, mis 23 días entre góticos inspiraron los 23 días de la vida de Jennifer, y en particular del flashback que nos cuenta su pasado. Mis siniestros favoritos se convirtieron en la ficción en Ally, Jack y Madeleine, y los locales góticos, los desnudos, y la desenfrenada actividad sexual (orgía incluida) terminaron haciéndose un hueco en mis páginas. Y el tono oscuro que inspiraron aquellas tres semanas, junto con la atmósfera opresiva de mis días en una oficina corporativa, terminaron por contaminar el resto del cómic, con el resultado de todos conocido.

Por supuesto, muchos elementos de la historia no se deben ni a ninguna experiencia personal, ni proceden de obras anteriores. He consumido cine, televisión, literatura y cómic, fantástico y de otro tipo, durante muchos años. Y como buen friki me siento influido por todo lo que he visto y leído, desde Raymond Chandler hasta Grant Morrison, desde Fritz Lang a David Lynch y los hermanos Coen (Barton Fink), desde La Dimensión Desconocida a Expediente-X.

Y por supuesto, los guionistas (y sin embargo amigos) con las que he trabajado como dibujante, y que en ausencia de amigos escritores famosos (2), necesariamente han tenido una influencia en mi guión: de Jaume Albertí (en La canción de la lluvia) hasta Enric Pujadas (guionista de mi otro gran proyecto de comic, Huérfanos). Y luego claro, está José Ángel. Quien tiene el honor de haberme contado ya hace tantos años un chiste de escasa gracia y peor gusto sobre un condenado que llega al infierno, y una piscina de mierda. Un chiste que terminaría convertido en la clave de la historia, y por añadidura le daría título.

Pero para eso, aún faltaban muchos años. Para cuando todas estas experiencias y referentes terminaron de encajar en mi historia, mi guión superaba ampliamente las 100 páginas. Y una vez terminé mi guión, el proyecto volvió a dormir el sueño de los justos durante casi diez años.

(2) cuando Neil Gaiman tuvo que enfrentarse a su primer guión de cómic, decidió consultar a la única persona que conocía con experiencia, un tal Alan.

2009-2013

La parte final de esta historia no tiene nada que ver con los comics, sino con la vida. Mi novela gráfica nació en Mallorca, maduró en Madrid, y llegó a su mayoría de edad en Barcelona. Había dejado el proyecto aparcado, y mientras tanto me concentré en otros proyectos, en particular Huérfanos, que comencé en 2001 y que aún ahora continúa.

En mayo de 2009, ya viviendo en Barcelona y cansado de mi trabajo tóxico como ingeniero, decidí tomar la decisión drástica de dejar mi trabajo para dedicarme exclusivamente a los comics, con intención de tomarme en serio mi carrera en este medio, aunque fuera en paralelo con mi otro trabajo. Y para empezar, decidí retomar, y esta vez terminar, mi viejo proyecto de novela gráfica.

A lo largo de todo aquel año sabático (año y medio para ser exactos), en el que mi vida dio un giro radical, terminé el lápiz de las (finalmente) 186 páginas del cómic. Y en otro año y medio, ya de vuelta a la vida laboral, terminé la tinta. Para ello tuve que hacer hueco en mi tiempo libre a mis dibujos. Sacrifiqué deliberadamente tiempo de mi vida social, de pareja y de ocio, a cambio de la realización de mi sueño de adolescente, pero el esfuerzo, dedicación y compromiso de tantos años finalmente llegaría a buen puerto.
El 22 de mayo de 2013, el primer ejemplar impreso de mi novela gráfica llegó en un paquete a mi oficina. Y fue uno de los días más felices de mi vida, porque sabía lo que había costado llegar hasta allí.

La obra recibió una acogida calurosa y entusiasta entre mis amigos y conocidos: compañeros de trabajo, Toastmasters, familia, y todos los amigos que me arroparon en mi presentación oficial en sociedad, el 5 de julio del 2013 en Gotham Comics de Palma de Mallorca, donde conté como anfitrión con la persona a quien debo mi interés original por hacer comics, mi amigo, guionista y mentor Jaume Albertí.


Presentación en Gotham Comics, 5 de mayo 2013

El resultado editorial, aunque nunca fuera mi primera motivación, ni tampoco la última, ha sido bastante más limitado. Aunque he buscado (sin mucho entusiasmo, la verdad) editores a quienes pudiera interesar el proyecto, consciente de mis escasas posibilidades comerciales, finalmente decidí seguir el camino de la autoedición, a través de un servicio online de impresión por demanda, Lulu.com, con una magnífica calidad de edición a un precio muy asequible.

Además publiqué (muy pocas semanas después) una versión en inglés, abriendo un mercado mucho más amplio del que podría haber aspirado en español. Tengo pendiente mover el producto en tiendas especializadas, pero por el momento la difusión online es mi prioridad, y sobre todo hacer llegar la novela a cuantos más lectores posible, y así alimentar mi reputación de cara a futuros proyectos.

Cuando decidí retomar ese proyecto como punto de partida de una carrera en paralelo como autor de cómics, sabía que no lo tenía nada fácil. Cuando tu pasión no coincide con tu profesión, llevar adelante proyectos personales, sobre todo tan ambiciosos como éste, no tiene tanto que ver con el talento como con la disciplina, el compromiso, la tenacidad y por qué no, con una cierta obsesión. Como decía el profesor Tripp (3): “No podía parar”.

Y aunque el camino no siempre fue fácil, volvería a recorrerlo sin ninguna duda. Porque el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, pero en definitiva es el camino que te conduce a hacer realidad tus sueños.

(3) el personaje de Michael Douglas en Jóvenes Prodigiosos


El camino del infierno, presentación en Barcelona Toastmasters, Septiembre 2013

Vaciando la piscina de mierda (ojo, spoilers!)

He tenido que explicar muchas veces la historia de cómo hice este cómic, de su larga gestación, de su tono oscuro y sus imágenes escabrosas. Pero hasta ahora me había resistido a explicar los elementos más herméticos de la historia que cuenta. Personalmente, prefiero no saberlo todo sobre las historias con secreto, sobre todo cuando son deliberadamente parcas en explicaciones (soy fan de películas como 2001: Una odisea del espacio, o Carretera Perdida), para mantener el misterio.

Pero por petición popular, al menos sí que puedo explicar los elementos más ignotos de la historia, incluyendo su final surrealista. Recuerda, solo para aquellos que hayan leido el cómic, los demás no entenderán nada.
  • La trama de los asesinatos de prostitutas es parte un ritual llevado a cabo por una secta de adoradores de criaturas extraterrestres (camuflados bajo las apariencias de Gordon y la Muñeca, como se revela al final) con el que devolverles su poder, y así destruir el mundo y regresar a su planeta. Esta historia, que así contada puede parecer descabellada, está inspirada en los Mitos de Cthulhu, el ciclo de relatos de terror de H.P. Lovecraft, uno de mis autores favoritos. Los alienígenas en cuestión son los Hongos de Yuggoth (también llamados Mi-Go) de los relatos de Lovecraft.
  • El asesino es Kallow, y los crímenes que ayudaba a resolver, incluyendo los brutales asesinatos que aparecen en esta historia, los cometió él. Respecto a si tenía realmente poderes para revivir muertes, o era solo su subconsciente el que los reconstruía, lo dejo al lector. Según yo, sería lo segundo. Pero como me señaló Enric Pujadas en calidad de “lector de prueba”, entonces no habría podido ver morir a nadie en el metro. Así que supongo que sí, que realmente debería tener poderes. Para ser sincero, a mí esos detalles me daban un poco igual.
  • Porque en realidad, todo lo que sucede en este cómic, es parte de una fantasía de Jennifer, una realidad construida por ella a partir de sus miedos, obsesiones y traumas. En varias ocasiones, Jennifer edita un documento en su ordenador, dónde originalmente iba a aparecer el guión de lo siguiente que sucedía en el cómic: por ejemplo, la primera aparición de Kallow y Marcia en el bar. Luego me di cuenta de que esto era demasiado obvio, y además Grant Morrison ya lo hizo en otro cómic, así que finalmente dejé el documento en blanco.
  • La ciudad en la que transcurre la acción es, como anuncia el primer texto del comic, el infierno. O al menos es el infierno de los personajes de cómic. Y tal y como explica el chiste de la piscina de mierda como metáfora, esta historia es un descanso para el personaje de Jennifer, que fue torturada y asesinada a manos de los Hijos de la Oscuridad, y ahora vuelve a vivir por unas semanas, según el guión que ella misma escribe.
  • De hecho, el principio y el final de la historia transcurren en el Limbo, al menos el Limbo de los personajes de ficción, ese espacio entre sus historias, y que quise representar como las “calles” entre viñetas, pero que finalmente se quedó en los pasillos que recorre Jennifer en el último capítulo, hasta que abre la puerta que le lleva a encontrarse con los cuatro misteriosos personajes que se sentaban alrededor de la mesa al principio.
  • Los personajes de Kallow, Harris, Luke y Henry (el tipo misterioso del flequillo) son las versiones remasterizadas de mis antiguos superhéroes, los Matones de la Ley. Pero los cuatro individuos que aparecen en el prólogo, y con los que que Jennifer se encontrará al final, son los originales (“estas no son las personas que tú recuerdas”) en su última aparición antes de dejar de existir para siempre, y que serían los guionistas, junto con Jennifer (en su documento en blanco) de esta última aventura: una metáfora de cómo mis personajes han llegado a tener vida propia, y a decidir su propio destino. El cuaderno que aparece sobre la mesa en el plano cenital de la página 3, es en realidad donde yo empecé a escribir esta historia hace más de 20 años.
  • En este espacio entre la ficción y la no-existencia, los personajes no “existen” excepto para el Autor, el Dios o Demiurgo de su creación. Que soy yo. Y hago mi aparición estelar en el clímax del relato, tanto en forma de ectoplasma (como me representó Jaume Albertí en un comic de nuestra época más casposa, “Ludus Interfector”) como en mi aspecto actual. La idea del personaje que se encuentra con su creador se la robé vilmente a Grant Morrison (en su genial historia “Deus Ex Machina”, epílogo a su etapa en Animal Man).

Y así es como, finalmente, se cierran más de 30 años de historia de mis primeros personajes, que sólo han existido durante mucho tiempo en mi cabeza, y que al final pueden descansar en paz, y yo con ellos. He tenido esta historia en mi cabeza durante toda mi vida adulta, y ha llegado la hora de despedirse. “Es hora de volver abajo”, digo al final. Adiós, Kallow. Adiós, Harris, Luke y como-te-llames. Y hasta siempre, querida Jennifer. Ahora por fin, sois inmortales.
M.A. Garcías
Barcelona, Mayo 2014

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